EL UNBRAL DE LA REALIDAD
La penumbra de la habitación era apenas interrumpida por la luz de la calle que se filtraba, dibujando contornos suaves sobre su piel. Estábamos ahí, en ese estado de suspensión donde el mundo exterior deja de importar y solo existe la respiración de la otra.
—A veces me pregunto si eres consciente de lo que provocas —dije, observando el modo en que ella me miraba, con esa intensidad que me obligaba a bajar la guardia—.
Me paso el día tratando de racionalizar mis pensamientos, de mantener el orden, pero basta un roce, una palabra tuya, y todo se desmorona.
Me pierdo en tu mirar, y no es una forma de hablar; es como si me quitara el suelo de debajo de los pies.
Ella estiró la mano, rozando mi mejilla con una delicadeza que me recorrió toda la columna.
—No intentes entenderlo —respondió, y su voz era un bálsamo que me obligaba a cerrar los ojos—. A veces, intentar ponerle nombre a lo que sentimos es lo que lo vuelve frágil.
—Pero necesito saberlo —insistí, acercándome tanto que su aliento era el mío—.
Me estoy enamorando de ti, no de a poco, sino de golpe, con una fuerza que me asusta.
Y me encanta tu forma de ser, tu manera de pensar, esa capacidad tuya de hacerme sentir que, por primera vez, estoy viviendo algo real.
No quiero que esto sea un sueño, un destello que se apague al despertar.
Quiero que sea nuestra realidad, la única que importe.
Dime si sientes lo mismo, aunque sea solo un poco, porque si no es así, no sé cómo voy a volver a ser la misma.
La rendición absoluta
Con tus besos me pierdo en un mar infinito,
donde el tiempo se detiene y no existe el mañana,
es un lazo invisible, un susurro, un grito,
que se cuela en mi pecho por cada ventana.
Me cautiva tu esencia, tu modo de ver,
la luz que irradias al cruzar tu camino,
no sé qué me has dado, ni qué pudo ser,
pero es tu presencia mi único destino.
¿Sientes el fuego que en mí se desata?
¿Escuchas el pulso de mi corazón?
Esta entrega es real, no es una lata,
es la rendición ante tu voz y tu razón.
No quiero que esto sea una sombra de un sueño,
que se pierda en la bruma de lo que pudo ser,
quiero que seas tú de mi entrega el dueño,
y en este presente volver a nacer.
Ya no busco razones, ni busco el olvido,
prefiero perderme en tu forma de amar,
que este amor sea el puerto donde me he rendido,
y este beso, la calma que me hace llegar.
Que no sea un espejismo, que sea mi verdad,
que se queden atrás el miedo y la duda,
aquí, frente a frente, en esta unidad,
donde mi alma, contigo, se siente desnuda.