El amor de Eli 3
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Meses después y por primera vez desde que se habían reencontrado en un hotel de la ciudad, Arnau le pidió por e-mail si podían verse.

«No te estoy pidiendo una cita amorosa, ni ningún encuentro con finalidad sexual…

—aclaraba, a pesar de que nunca se había referido, en sus correos anteriores, al contacto físico que habían mantenido aquel día—.

Quiero decir que, si te va bien que nos encontremos, no hace falta que pongas excusas ni mientas a tu marido o a tu hija.

Te propongo una cita de amigos. De viejos amigos.

Necesito pedirte algo y me gustaría hacerlo cara a cara.

Si a ti te parece bien y puedes dedicarme un rato, claro.

El día, la hora y el lugar que te convengan».

Eli, extrañada por el contenido y también por el tono del mensaje, le propuso día y hora enseguida.

Supuso que Arnau estaba en Barcelona, porque no había hablado de fechas futuras, sino que daba a entender que el encuentro podría ser al día siguiente mismo.

Arnau respondió inmediatamente. Quedaron dos días después en la cafetería de un hotel cerca de la plaza de Catalunya.

Tal como le había sugerido Arnau, ella no mintió a su marido: había quedado con un viejo amigo de la adolescencia para tomar un café.

Cuando Eli llegó al hotel, Arnau ya estaba sentado en una cómoda butaca de la desierta cafetería. Se saludaron de forma cariñosa, con dos besos en las mejillas. Hablaron de todo y de nada al principio, hasta que, al cabo de pocos minutos, Arnau le reveló el motivo de la reunión:

—Siento que hay una película que tengo pendiente de rodar.

Hay quien dice que los escritores escriben una única novela a lo largo de toda su carrera, igual que algunos directores de cine ruedan una misma película una y otra vez.

Que el conjunto de la obra de un artista se puede limitar a una sola idea.

Y yo también lo creo. —Arnau hizo una pausa que aprovechó para coger las manos de Eli—.

Mi película es de un amor, es la historia que tú y yo vivimos aquel verano de la prehistoria…

—Ya rodaste aquella película —replicó Eli, un poco a la defensiva.

—No exactamente. O sí. Rodé parte de la trama, pero no la trama completa.

—Ya hablamos de eso, Arnau. Con los años acepté que los artistas tenéis derecho a explicar las historias a vuestra manera, aunque no respondan a la realidad.

—El cine no es la realidad.

—Por eso lo digo. Lo hiciste como quisiste. Era ficción, pero es una buena película. Una historia de amor narrada desde el punto de vista de un perdedor.

—Pues ahora quiero volver a contarla desde los dos puntos de vista, no solo el del perdedor.

Eli Puigmal bajó la cabeza. Arnau retenía sus manos entre las suyas y la miraba con ternura.

—Quiero que me cuentes cómo lo viviste y lo sentiste tú. Que me reveles todos los detalles, todos tus pensamientos, todas las sensaciones.

—Éramos dos adolescentes…

—Pues me gustaría que te pusieras de nuevo en la piel de aquella muchacha ganadora y que lo recuerdes para mí.

—No me gusta nada la dicotomía de perdedor y ganadora —recapacitó Eli—.

¿Ganadora de qué? Aquella tarde, es cierto, yo te dejé.

Yo decidí dejarte. No sé qué gané. Una recuperación lenta y dolorosa.

Y quizás, después, mucho después, un marido, una hija, la vida que he tenido…

, pero no es nada importante comparada con la tuya…

—Escucharé todo lo que tengas que decirme.

Eli Puigmal, sentada en aquel butacón orejero ante Arnau, sintió una pereza espantosa.

Para ella era una losa solo pensar en revivir aquel verano medio olvidado.

Ahora eran dos personas diferentes. ¿Qué demonios quedaba de aquellos adolescentes de ayer y de sus cuitas amorosas?

Para ella era un recuerdo, un recuerdo bonito (y un poco doloroso) que había continuado vivo solo porque Arnau se había hecho un personaje popular, un director de cine de quien se hablaba, a quien le estrenaban las películas, lo fotografiaban en los rodajes, en las entregas de premios, en las fiestas, durante las promociones de los largometrajes.

¿Habría recordado a aquel chaval de Sant Salvador si no lo hubiera vuelto a ver o no hubiera sabido nunca más de él?

La historia potente, la auténtica historia de amor de Eli, es la que vivió con Jonathan, antes y después de aquel agosto que quedaba tan lejos y tan insignificante.

Y la historia de amor que vivió después con Ferran: cómo se conocieron, cómo se enamoraron, cómo decidieron dejar sus respectivos trabajos e irse un año a la aventura a México.

Cómo se fueron a vivir juntos al regresar y decidieron tener un hijo.

Esa sí era una historia real y fundamental. Aquel era el amor de Eli.

Se lo expuso a Arnau, intentando ser sincera y no herirlo. Él la escuchó paciente, sin interrumpirla.

—Es curioso, para mí fue muy diferente —aceptó él—.

Por un lado es cierto que tampoco cambió mi vida ni tuvo repercusión en mi trabajo…

Bueno, salvo en la primera película que rodé.

Nuestra historia de amor, en sí misma, no fue crucial para mi desarrollo personal y vital, y a pesar de todo…

Es como si aquel primer amor frustrado hubiera dejado una huella imborrable en todo lo que he hecho y he sido después.

Se miraron a los ojos, aún con las manos entrelazadas. Eli finalmente sonrió.

—No sé si lo haré, Arnau. No sé si me apetece recordar para ti, ni si quiero evocar aquellos días. Fue bonito, y triste al final. Pero allí no empezó ni acabó nada, al menos para mí.

—Piénsatelo. Me gustaría explicar esa historia de amor, Eli.

La historia completa. Con los dos puntos de vista.

Necesito explicar que te salvaste. Que fuiste fuerte.

Que no cometiste el gran error en el que yo te hice caer en mi primera película, sino que fuiste una mujer valiente que reaccionó a tiempo.

Como tendrían que intentar hacer todas las mujeres que son asediadas y violentadas a nivel sentimental.

—Arnau suspiró—. Te confieso que me hace falta cerrar un capítulo de mi vida relatando tu verdadera historia.

* * *

Año y medio después, Eli y Ferran asistieron a un día del rodaje de la serie (al final, sería una miniserie) que rodaba Arnau Recasens en Sant Salvador.

Como resultó ser una producción de lujo para una plataforma importante, un taxi los recogió en su casa en Barcelona y los llevó al set de rodaje en el pueblo del Baix Penedès.

El director en persona los fue a recibir cuando bajaron del taxi y los acompañó a la calle donde grababan.

La habían cortado completamente, y tres tráileres y dos furgonetas de la productora estaban aparcados en la parte norte y en la parte sur.

Había un montón de gente trabajando, y focos, y telas antirreflectantes, y grúas, y servicio de catering .

Arnau les presentó a los actores y las actrices protagonistas, que se estaban maquillando en un camerino improvisado en la planta baja de uno de los edificios.

También les comentó que había decidido rodar con el tipo de película y los aparatos que se usaban en la época en que transcurría el argumento.

La escena que vieron rodar (el director la hizo repetir cinco veces) era la de la despedida de Arnau de sus tíos.

El piso no era igual, como detectó enseguida Eli Puigmal, pero lo habían decorado imitando un apartamento típico de veraneo de costa de aquella época.

Y tenía una terraza desde la cual se veía el mar de Sant Salvador. Un montón de cables llenaban el suelo.

—Durante aquel verano, Arnau y yo íbamos casi cada mañana a nadar a primera hora, con su tío —le contaba Elisenda Puigmal a su marido.

Los dos intentaban no ser una molestia y se mantenían en un discretísimo segundo plano detrás de las cámaras y los trípodes que llenaban el pequeño salón que daba a la terraza.

Unas diez personas, con micros, auriculares y aparatos para medir la luz y el ruido en las manos, se movían junto a los actores y actrices que intentaban concentrarse antes de cada toma.

El actor que hacía de Pol era muy popular. Lo habían visto en muchas series. Era de Madrid, de forma que interpretaba la secuencia en castellano.

—Me han dicho que después lo doblarán también al catalán —le comentó Ferran a su mujer—. Se ve que lo hacen a menudo.

El actor que interpretaba a Arnau era un principiante desconocido para el gran público; el director lo había querido así y lo había seleccionado a través de un casting .

Luego, estaba el que hacía de Jordi, y las dos actrices que interpretarían los papeles de las hermanas Eva y Esther.

La que hacía de Eva tenía un montón de seguidores entre el público joven, porque también cantaba y había actuado en muchos festivales de música.

En aquella escena, las hermanas bajaban a despedirse de Arnau, que había vuelto de Calafell y pasaba el último día en Sant Salvador con sus tíos. Mientras Pol, Jordi y Eva salían a charlar a la terraza; Arnau se quedaba en el comedor hablando con Esther, la pequeña.

—Ya sabrás que Eli se marchó hace unos cuantos días… —anunció Esther, que miraba fijamente a los ojos a Arnau sin poder evitar una mueca de superioridad o suficiencia—. Llamó a sus padres de golpe y enseguida la vinieron a buscar.

—No lo sabía —reconoció el chico, que experimentaba una mezcla de rabia y deseo de información—. ¿Qué pasó?

—Tú sabrás —dijo Esther sin esconder una sonrisa.

—No. No lo sé. No he sabido nada de ella desde la última vez que estuve aquí.

Esther echó un vistazo a la terraza, donde su hermana y los tíos de Arnau reían y estaban a su rollo.

—Alguna relación habrá en que ella se marchara de repente y tú no volvieras a aparecer por aquí, ¿no te parece?

—¿Adónde quieres ir a parar?

—A que os vi desde la terraza de nuestro apartamento. Vi la escena.

—¿Qué escena? ¡No te montes películas!