El amor de Eli 2 #2
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—Pues ya ves… Yo soy diferente… —Sonrió.

A pesar de que estuvieron hablando sobre cosas intrascendentes durante el paseo y se les acercaban de vez en cuando chicos y chicas para añadirse a la conversación, Arnau no se quitaba de la cabeza el tema del móvil.

¿Cómo podía vivir alguien tan joven sin consultar el móvil?

¿Cómo hacía para escuchar música, ver vídeos o enviar wasaps?

Para él era inimaginable no tener todo el tiempo conexión a la red.

—¿Y lo haces por algún motivo especial? Lo de no tener móvil, quiero decir —le soltó de golpe.

Eli lo miró fijamente un segundo, sin dejar de andar, y tras comprobar que no los escuchaba nadie, se limitó a decir:

—Te lo contaré en otro momento.

Como acostumbra a pasar en las quedadas multitudinarias, hubo disparidad de opiniones a la hora de apostar por un local u otro.

Unos no querían ir a ningún local: solo sentarse juntos en la arena para charlar y reír sin que nadie les llamara la atención.

Entre los partidarios de este plan estaban los de Vilafranca, que llevaban botellas de alcohol y refrescos y un montón de vasos de cartón comprados en el bazar chino de Coma-ruga.

Arnau observó entonces que Eva había empezado a enrollarse con el chaval alto, que era de Barcelona, delante de Joan, el del día anterior, pero este no hizo ni siquiera el gesto de extrañarse.

—No me apetece estar aquí con todos —le dijo Eva a Eli—. ¿Y si nos vamos los cuatro al chiringuito a tomar una copa? —Y Arnau entendió que le incluía a él—. ¿Tenéis pasta para una cerveza o un mojito?

Arnau y Eli asintieron.

—Raúl es mayor de edad y colará. No nos pedirán el carnet a todos —añadió.

Luego, le dijo a su hermana que ella se iba con Raúl, Arnau y Eli a tomar algo por su cuenta y que tuviera cuidado con la bebida, para no tener de nuevo problemas en casa.

—Bastante me ha costado convencer a mamá de que te dejara salir hoy después de lo de ayer —concluyó.

—Arnau, ¿tú no prefieres venir con nosotros a la playa? —dijo Esther decepcionada, preguntándose si Eli era una contrincante.

—Arnau y Eli vienen con nosotros —zanjó Eva dando la conversación por finalizada.

En el chiringuito no les exigieron los carnets y los cuatro se sentaron con sus bebidas alrededor de una mesa baja.

Se descalzaron enseguida para dejar los pies desnudos en la arena.

Eva y Raúl ni se esforzaron en sacar un tema de conversación: juntaron sus bocas y se dedicaron a morrearse, parando solo para succionar de vez en cuando con la pajita sus respectivos mojitos.

—Me tienes que contar por qué no tienes móvil —le recordó Arnau a Eli.

—Tuve un susto. Y he optado por no tenerlo, como terapia.

—¿Qué tipo de susto?

La joven, antes de responder, dio un trago a su combinado.

—Acoso. Un zumbado que me perseguía. Me puse tan nerviosa que perdí el norte. No fue fácil, pero lo superé.

Arnau se quedó mirándola sin saber cómo reaccionar o qué decir.

—¿Te acosaron a través del móvil? —se atrevió a preguntar

—Por las redes, el móvil… y al final en persona. Por eso lo pillaron.

—¿Quién lo pilló?

—La policía.

—¡Qué fuerte!

—No me apetece hablar de eso ahora, Arnau. Estoy bien, tomándome una copa, superrelajada. Y de vacaciones. No, definitivamente no quiero hablar de ese tema ahora.

—¡Me queda claro, por supuesto, perdona!

—¡No hay nada que perdonarte, tranquilo! —Rio, y se quedó mirando a Eva y a su ligue, que tenían aún las bocas enganchadas—. ¿Has visto a esos dos? ¿Tú has besado alguna vez de una forma tan apasionada?

Arnau notó que se sonrojaba y confió en que en la oscuridad quedaría disimulado. «¿Por qué pregunta eso? —se dijo—. ¿En plan burla?». No sabía si debía contestar con la verdad o con un tono de broma. Optó por no decir nada, abrió mucho los ojos y asintió.

—Uf, claro —dijo ante el silencio de Eli, que continuaba mirándolo.

—¿Lo has hecho o no? —insistió ella.

—No lo sé, quiero decir que…, depende, ¿no?

—¿Qué quiere decir «depende»?

—Quiero decir… que sí, que he besado así, pero sin…, sin pasión… Vaya, lo hice una vez, pero de manera mecánica…

—¿Sin sentir nada?

—Exacto. Sin sentir nada por dentro. Solo la sensación física, claro.

—Sin sentimiento.

—Eso es, sí. Sin sentimiento.

Eli asintió y dio un trago.

—¿Y tú? —quiso saber él.

—¿Con sentimiento o sin? —dijo, divertida, pero no respondió a su pregunta.

* * *

Cuando más tarde se reunieron con la pandilla en la playa, lo primero que hizo Eva fue comprobar el estado de su hermana y le preguntó si se había portado bien.

Esther, con cara de pocos amigos, asintió con la cabeza mientras miraba, decepcionada, a Arnau y a Eli, que continuaban juntos, sin sentarse, como sí hicieron Eva y Raúl.

En medio del corro que formaba el grupo se esparcían las botellas ya casi vacías y los vasos de cartón.

—¿No te sientas, Arnau? —le preguntó Esther—. Vamos, ven aquí conmigo, que te quiero preguntar una cosa.

—Deja a Arnau en paz, bonita —le advirtió su hermana—. Y pobre de ti como te vea con un vaso en la mano.

Pusieron música. Uno de los chicos llevaba un altavoz portátil y seleccionaba las canciones desde su móvil, todas de reguetón. Algunos se pusieron de pie para bailar y hacer el tonto. Arnau y Eli se sentaron un poco más atrás.

—¿Te puedo hacer una pregunta? —dijo él.

—A ver…

—Ya sé que no te apetece hablar del tema, pero solo quería saber si que vayas un curso atrasada tiene que ver con lo del acoso que sufriste…

Eli mostró una sonrisa que podía confundirse con una mueca.

—Sí, claro. Estuve un año en terapia. Encerrada. No fui capaz de seguir el curso.

Arnau bajó la cabeza, temía indagar más.

—Lo siento —se limitó a murmurar.

—Es agua pasada. Estoy en el proceso de borrarlo de mi mente —dijo ella—. Pero ¿sabes qué? Que cuando lo tenga superado por completo, podrías escribir el guion para una peli.

Arnau sonrió sin levantar la cabeza.

—¿Y de qué sería la peli? —se envalentonó.

Eli no lo pensó mucho antes de contestar:

—De miedo. Sería un dramón de mierda.