El amante de Susan Ward (Los Ward 3) Capítulo 4
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Capítulo 4

L a mansión de los Ward contaba con grandes hectáreas de jardín que rodeaban la casa. No era un secreto que a la familia le gustaba recordarle a Londres que su poder no solo residía en su toma de decisiones, también lo hacía en los altos muros que elevaban su hogar dentro del corazón británico.

Susan solía escabullirse de sus aburridas obligaciones para refugiarse en el jardín; aprovechaba la cantidad de papeleo al que se enfrentaba Dominic para disfrutar de la calma que existía dentro del bonito laberinto en el que solía jugar de niña.

En su interior había rogado construir un columpio, el cual se alzaba en un arco del que se entrelazaban pequeños rosales.

Adoraba cuando el otoño exigía que se marchitaran porque, mientras se mecía en él, los pequeños pétalos caían sobre su cuerpo, alejándola de toda sensación agridulce que se enquistaba en su pensamiento.

Sus pies se estiraban y encogían buscando alzarse un poco más alto, pues quería alejarse de todo pensamiento que tuviera que ver con Rowan Grey.

Pero no cesaba.

Su corazón latía desesperado en su pecho.

Por más que le ordenaba que guardase silencio, ese sabor amargo de la traición se deslizaba por su paladar hasta convertirse en una espina tan afilada que la notaba hincada en la garganta.

Susan detuvo el ligero movimiento del columpio, que mecía sus cabellos hasta desordenarlos sobre sus hombros.

La molestia estaba tan latente en ella que, cuando quiso darse cuenta estaba mordisqueándose las uñas.

«No me había comentado nada al respecto y no sé por qué me importa», pensó ella mientras fruncía el ceño.

—Da igual cuántos años pasen, siempre seguirás escondiéndote aquí, impidiendo que los demás podamos hacer lo mismo, Silly Sue .

La voz de Landon le hizo dar un respingo; no le sorprendía que la simpatía y su hermano mayor no fueran de la mano.

A pesar de su destacable atractivo, su mirada azul era fiera y fulminaba a todo aquel que no fuera de su agrado.

Llevaba desaparecido desde que Dominic había mandado a Lily Rose, su amante, fuera del país.

Así que no le sorprendía que su mentón estuviera poblado de una capa de vello facial, que su pelo corto y peinado hacia atrás estuviera desaliñado y que le acompañase un gesto tan cansado que hablaba de una derrota silenciosa.

—Siempre puedes pedirle al señor Owen, nuestro jardinero, que construya uno para ti —dijo con molestia Susan; siempre la apodaba así cuando no la quería cerca—. Aunque no sería lo suficientemente tétrico para ti.

Él retorció los labios.

—Muy graciosa.

—Me alegro de que mis cualidades no se basen en zurcir y hablar francés —presionó un poco más los límites de su hermano—; la mofa también se me da bien.

Landon chasqueó la lengua; no tardó demasiado en acortar la distancia con su hermana; tiró de su brazo sin ningún tipo de galantería y la levantó del columpio. Cuando consiguió dibujar la crispación en sus ojos verdes, se limitó a sentarse, como si lo mereciese mucho más que ella.

—¿No te cansas de estar de mal humor? —preguntó Susan cruzándose de brazos; no era la primera vez que dejaba a un lado el deber de hermano mayor con Asher, Ireth y ella—. No somos enemigos.

—¿Ah, no? —Él elevó una ceja con fingida curiosidad—. Pensaba que nacer como Ward implicaba estar demostrando continuamente valía. ¿No es eso lo que hace Dominic con nosotros?

—Quizá —Susan se encogió de hombros—, pero eso no quiere decir que seamos enemigos.

—Si no lo somos, ¿por qué te escondes en el jardín como cuando eras niña?

Ella no tuvo palabras para defenderse, tampoco consideraba que las necesitase porque tenía toda la razón.

No solo había crispado los nervios de su hermano mayor haciendo un segundo viaje a Dashford, sino que estaba muy al tanto de cada una de sus hazañas.

Además, la presencia de Rowan en su vida se había convertido en una constante que a veces solía anhelar y otras tan solo lo necesitaba lo bastante lejos como para no sentirse atrapada en un destino donde ella no tenía el control.

—Porque no quiero que recuerde que no estoy donde tanto desea.

Landon deslizó la mirada en su dirección, su respuesta le había agradado lo suficiente como para aliviar la fiereza de sus facciones. Su manera de actuar tan solo reflejaba que se sentía como un animal enjaulado: ajeno a toda decisión que quisiera tomar por sí mismo.

—Porque somos piezas en su bonito tablero, Silly Sue , y ni siquiera tu braveza va a cambiar eso.

Su tono repleto de desprecio no agradó a Susan; hablaba con tal firmeza que se preguntó si esa rabia que destilaba de sus labios podría hacer daño a Dominic. Era cierto que en más de una ocasión había sentido rabia hacia su hermano mayor, pero jamás le pondría la mano encima.

«Me da la sensación de que Landon sí se lo haría», pensó con un ápice de inquietud que erizó su piel.

—¿Piensas así porque ha alejado a tu amante de ti?

Landon abrió la boca, dispuesto a protestar; odiaba que tocaran cualquiera de sus debilidades. Susan aprovechó la cantidad de quejas que asomaban de sus labios para acomodarse sobre él; poco le importaba si su vestido se elevaba dejando ver sus tobillos o si su hermano se quejaba por ello.

—No siempre puede hacerse todo lo que desees.

Susan ignoró por completo sus quejas, se limitó a elevar sus pies esperando que él hiciese lo mismo. Derrotado, no tuvo más remedio que dejarse balancear con ella sobre su regazo; no sería la primera vez que tenía que alejarse de su molestia para satisfacer a una de sus hermanas pequeñas.

El silencio fue mucho más agradable de lo que ambos pensaban.

Landon era el segundo hijo de los Ward, por lo que su relación con Susan no era la más cercana de todas.

Tampoco ayudaba que Asher deambulara continuamente a su alrededor como único protector, eso solo hacía que ampliara aún más la distancia, pues no soportaba ser el único hijo de su padre que quedaba rezagado en un rincón.

Quizá, a ojos de la sociedad londinense, todos carecían de imperfecciones, pero era cierto que entre los cinco hermanos existían más rencillas de las que parecían.

—¿Puedo preguntarte algo?

Landon suspiró sin detener el movimiento del columpio.

—Lo harás igualmente.

Ella se sintió complacida de que la conociese tan bien y apoyó la cabeza en su pecho con la intención de cobijarse durante unos segundos en él. Ahora que no contaba con Asher, ya que no podía volver a Londres, agradecía esos momentos.

—¿Qué te ha hecho alejarte por completo de la familia? —preguntó sin tabúes—. ¿Las decisiones que lleva tomando Dominic desde que es duque o que alejara a Lily Rose de ti?

Dar voz a aquel nombre solo provocó la rabia de su hermano, que se levantó con tal brusquedad del columpio que hizo caer a Susan al suelo. El quejido que escapó de sus labios advertía que la caída le había provocado dolor, pero Landon ni siquiera le tendió la mano ni tampoco se disculpó.

—Esto es cosa de Dominic, ¿verdad? —dijo apretando los puños—. Maldito prepotente, ¿qué más quiere de mí?

—No, no —susurró Susan levantándose por sí misma; tenía un ligero dolor en el tobillo derecho, pero no le dio importancia—. Tan solo pensaba que estábamos en la misma situación.

Él soltó una sonora carcajada.

—Susan, cariño —susurró él extendiendo su mano derecha en dirección a su mentón—. Nunca estaremos en el mismo escalón. Soy un hombre y como tal merezco más por nacimiento de lo que tu jamás podrás tener.

Sus palabras fueron como un jarro de agua fría, pues esperaba un momento confidente a su lado. Después de todo, Landon era su hermano, podrían custodiarse los secretos como tantas veces había hecho con Asher, pero recordó que la mayoría de los hombres como él tendían a exigir absolutamente todo.

—¿Sabes qué opino? Que los caballeros como tú solo tienen miedo de que una mujer tenga más poder que ellos.

—Una mujer no puede tener amantes —respondió con tal brusquedad que retrocedió ligeramente unos pasos—.

Es cierto, para mí Lily lo fue todo. Llevo meses buscándola sin descanso, pero recordé que el estatus siempre nos alejará.

Porque preferirá tener a su alcance una vida sin inconvenientes que otra a mi lado donde será infeliz.

Pero mis decisiones como hombre no afectan a mi reputación: no puedes exigirle a Grey que ladre cuando tu desees.

Susan se sintió tan ofendida que notó cierto escozor en los ojos. No le importaba actuar de manera despreocupada y prepotente delante de los eventos de la temporada, pero que su hermano tuviera una imagen de ella de muchacha consentida y caprichosa la hería profundamente.

Jamás había pedido nada y no empezaría a hacerlo en ese momento.

—¿Eso piensas de mí? —Susan se mordió el labio inferior para controlar la rabia que hacía temblar su cuerpo—.

Rowan Grey no tiene que seguir ninguna de mis órdenes.

Es mi amante, el hombre que quiero en mi lecho cuando deseo olvidar que esta familia estaba rota mucho antes de que Dominic alcanzara el título de duque.

—Hasta que te deje encinta y te reclame como un premio más —dijo con un matiz prepotente en sus ojos azules—. El día que eso ocurra no existirán cadenas lo bastante endebles a tu apellido que te impidan huir. Quizá es lo que necesites para que actúes como una dama.

El ligero picor que sintió en su mano derecha poco tuvo que ver con el hormigueo que notó después de abofetear a Landon. No soportaba que nadie la tratara como si no mereciera existir por ser mujer y mucho menos por anhelar ser libre.

—Quizá yo peque de promiscua por desear lo que tú ya posees, hermano. —Hizo una breve pausa, las lágrimas descendían silenciosas por su rostro—. Pero al menos despierto interés, intriga y deseo; no rechazo como es tu caso.

La mandíbula de Landon se tensó con tal brusquedad que pensó que le gritaría. Susan retrocedió un par de pasos, los recuerdos de niña se atoraban en su mente advirtiéndole de que aún contaba con algunos momentos del pasado que se mantenían ocultos en algún rincón de su subconsciente.

—¿Cómo te atreves a hablarme así?

—Lo lamento —respondió ella con incomodidad—. Había olvidado que no te apodamos el Resentido sin motivo alguno. Siento mucho haber creído que podría solventar mis inquietudes contigo, Landon. No recordaba que solo vives para dar con el plan idóneo con el que Dominic deje de ser duque.

Ella le dio la espalda dispuesta a marcharse; ni siquiera los gritos de Landon fueron lo suficientemente aterradores para que Susan pensara que las oportunidades existían para las almas perdidas como la suya.