Capítulo 3
D urante sus visitas a SilverWood, la residencia de su mejor amiga, no solía pasar tiempo en el interior de la mansión.
Sus charlas con Olivia siempre terminaban en el jardín delantero de la mansión, en pololos o ataviadas en unos pantalones de caballero.
Su atrevimiento no terminaba ahí, por supuesto; preparaban sus espadas de madera y disfrutaban de los jugosos rumores de la temporada mientras danzaban en un improvisado combate.
Normalmente, uno de los Ward solía ser el protagonista de los incidentes que surgían alrededor de las damas; otras veces, tan solo disfrutaban dando voz a los recién llegados a la capital que captaban su atención.
Todo eso habría permanecido así si Susan no hubiera tenido que lidiar con la sed de venganza de Dominic en contra de la familia de su actual esposa.
Del destierro de Asher en Dashford, donde todo su interés estaba en la mujer que era su prometida.
Y, por supuesto, tampoco habían ayudado sus continuas huidas de los salones de baile.
Su relación con Liv se había descuidado tanto que el silencio entre ellas la llevó a la época donde volvían a ser niñas y la actual heredera de los Blunt crecía en un château francés muy lejos de casa.
«Solo espero que nuestra amistad no se haya enfriado demasiado; no ha sido ella quien me ha escrito para que viniera a su encuentro, sino su ama de llaves», pensó un poco preocupada.
—¿Y la señora de la casa? —preguntó Susan extrañada. El mutismo de la mansión le resultaba extraño. Olivia solía hacerse oír en cada rincón de su hogar, ya fuera por una discusión con su esposo como por su deseo de no sentir que la casa estaba vacía—. ¿Me está esperando en su despacho?
—En su alcoba —explicó Julie sin darse la vuelta para mirarla.
—¿Y Tobías?
—Está haciendo negocios con el duque de Dorset —explicó el ama de llaves—. Al parecer la fama que ha creado lord Bastian le precede cada día más e intenta sacarle de ese oscuro pozo del que no desea salir.
«¿No fue suficiente su odisea en el Heartless hace unas noches?».
Susan mantuvo la calma, aunque su mente no pensaba lo mismo.
Imaginaba miles de situaciones donde su amiga se encontraba en algún problema del que no conseguía salir.
La preocupación hizo que su respiración se agitara.
No era la primera vez que vivía una situación similar; la molestia de su padre había generado tanta incomodidad dentro de la mansión Ward que no dudaba en obviar los límites con sus hijos.
A pesar de que ella era demasiado pequeña para comprender por qué su personalidad se crispaba con las continuas salidas de su madre, la manera en la que la mantenía al margen tan solo le aseguraba que intentaba protegerla de algo que escapaba a su entendimiento.
El chirrido de la puerta la alejó por completo de la inquietud que se extendía en su corazón.
No era la primera vez que todos sus sentidos guardaban silencio cuando se encontraba así.
Era como si su alma se alejase de su cuerpo, recordándole una oscuridad de la que siempre intentaba escapar.
Con el rostro humedecido levantó el mentón para recomponerse, agradeció con una tenue sonrisa la hospitalidad de Julie y entró en la alcoba.
—¿Livie?
La penumbra de la habitación tan solo inquietó más a Susan. Tardó un poco en acostumbrarse a la escala de grises que conducían a la cama. En un principio, deseó deslizar las cortinas, pero la suave danza de una pequeña vela iluminaba lo suficiente para que la respiración se le cortara:
Olivia Blunt se encontraba incorporada con la ayuda de un par de almohadones; sus largos cabellos rubios caían despeinados sobre sus hombros, pero lo que más la inquietó fue la sonrisa cansada que se dibujaba en sus labios. Estiró los brazos en su dirección y susurró:
—¿Tan fea me veo?
—Oh, Livie. —Las barreras de Susan cayeron de inmediato. Sus pies reanudaron la marcha hasta la cama donde se arrodilló y sostuvo sus manos—. ¿Eso es lo único que vas a decirme después de tanto tiempo?
—Tu nuevo viaje a Dashford te ha sentado muy bien. —Hizo una pausa tomando un poco de aire para continuar con sus palabras—. ¿Dominic no ha tomado la decisión de mandarte a un convento todavía?
Ella soltó una carcajada.
—Sabe que soy la más inteligente de los cinco, no me hará dedicar toda mi vida a algo en lo que él ni siquiera cree. —Susan negó con la cabeza—. ¿Qué es lo que ha ocurrido? He sido la peor amiga del mundo: no te he visitado ni tampoco escrito durante mucho tiempo.
—Hemos demostrado que eso no ha roto nuestra amistad, ¿por qué iba a hacerlo ahora?
Sue retorció los labios, no iba a demostrar lo mucho que le partía el alma verla así. Podría haber mantenido las formas como muchas veces hacía, pero prefirió hacerse un hueco al lado de ella: su piel estaba ardiendo y notaba su lenta respiración.
—Espero que tu esposo no tenga nada que ver, porque te aseguro que...
—Tobías necesita lidiar con su dolor lo mejor que puede —comenzó a decir con suavidad—, igual que yo lo hago. Lamento no haber dado voz a mis inquietudes, pero es demasiado doloroso no ser capaz de que nuestra familia crezca. Los últimos resquicios de los Blunt morirán con nosotros. Qué triste.
—¿Estabas...?
—Ya no —respondió con rapidez—. Es la segunda vez que mi hijo no llega a término.
—¿Te pondrás bien?
Olivia sonrió, su diestra se paseó por los cabellos castaños de su amiga para transmitirle calma.
—Me va a costar un poco, pero lo haré. —La solemnidad de sus palabras alivió su nerviosismo—. Aunque no creo que estés aquí solo porque Julie te haya puesto al corriente de ello. ¿Has venido a despotricar de Dominic?
—No tendría tarde suficiente para hacerlo.
El té no tardó en servirse poco después de que se pusieran al día. A pesar de que Olivia contase con poco apetito, hacía todo lo posible para que su amiga no se preocupara. Reía, preguntaba por lo ocurrido con Asher y deseaba saber el paradero de Landon.
—Ha llegado a mis oídos que has retomado tu posición en la nueva temporada. —Olivia captó de inmediato la atención de Susan, que no tardó demasiado en retorcer los labios en un mohín incómodo—. ¿Quién es el pobre iluso que anhela tu atención?
—El conde Beauford desea que solo lo mire a él, pero ningún caballero me interesa.
—¿No crees que es un buen momento para elegir a alguien que llegue a tu corazón? —Olivia alzó las cejas mientras presionaba un poco sobre el tema—. Así tu libertad...
—Jamás habrá libertad alguna al lado de un hombre —resopló Susan molesta—. Sabes bien que ellos tendrán siempre la opción de hacer cuanto deseen. Podrán ir a eventos, disfrutar de una noche en el club o simplemente vivir sin ataduras: Para ellos una mujer tan solo es una extensión de su patrimonio.
—Siempre que tocamos este tema lo dices como si sola pudieras cambiar el mundo.
Susan encogió los hombros.
—Sé bien que no, pero lo que sí es cierto es que no seré como las demás. —Su mirada se deslizó por la estancia hasta dar con una chaqueta gris perla que descansaba sobre el diván—. Si todo caballero puede beber, apostar y tener amantes, ¿por qué no iba a disfrutar de la misma vida?
—Susan —el tono de Olivia mostraba cautela, quería elegir las palabras adecuadas para no herir sus sentimientos.
Con suavidad tomó su diestra y esbozó una media sonrisa—, cualquier dama o caballero tiene su propia labor en este mundo.
Nuestra responsabilidad es guardar el hogar como hacía la diosa Hestia con el fuego.
Nuestras batallas están aquí, donde estamos ahora.
—No deseo lidiar con ellas —agobiada se levantó del lecho, no era la primera vez que tenía disputas con sus hermanos por su manera de ver la vida—. Porque una vez que un hombre pierde el control, su objetivo somos nosotras.
Olivia la miró largo y tendido.
—¿Quién te ha hecho creer algo así?
—Eso no importa.
La tensión que se alzaba dentro de la estancia contaba con un ápice de incomodidad.
Después de todo, no había conocido a demasiadas damas que compartieran su punto de vista.
Era más habitual que un caballero escondiera a su amante en un rincón, como una vez hizo Landon con Lily Rose.
Pero, cuando una mujer como ella no lo escondía del todo, comenzaban los problemas.
—Dicen que el señor Grey no suele aceptar negativas. —La manera delicada con la que sacaba el tema hizo que Susan ladeara la cabeza—. Si ha llegado donde está es porque tiene muy claro lo que desea conseguir.
—No es necesario que rodees el tema si existe algo que quieras decir, Liv. Aunque te diré algo: no es Rowan quien ha decidido tenerme en su cama, sino al revés.
Olivia humedeció los labios, los tenía algo secos debido al estado febril que coloreaba su rostro. Se inclinó para llegar a su taza de té, pero Susan reparó en sus intenciones y se la acercó.
—Un hombre no es tan fácil de controlar, yo lo intenté con Tobías cuando quise hacerme con el legado de la familia Blunt.
—Depositó una vez más los labios sobre la porcelana—.
A veces uno de los dos debe ceder y por amor tiende a hacerse.
No tengo el conocimiento suficiente para saber si también se hace por capricho.
Rowan Grey puede arrasar con todo y, si desea decir abiertamente que te tiene, así lo hará.
Susan rio con ironía.
—Eso no pasará.
Ella se mantuvo pensativa durante unos segundos.
—Supongo que no le beneficia. Después de todo, es el magistrado que todo el mundo respeta y al que piden justicia. Sería contraproducente que sus escarceos amorosos salieran a la luz, cuando cuenta con una prometida esperándole en RichHowl.
Susan apretó los puños por instinto, no sabía que Rowan tenía a alguien que esperaba su regreso.
Si era así, ni siquiera lo había imaginado, pues no solo disfrutaba de un continuo tira y afloja que los hacía a los dos culpables de terminar en la cama.
Las veces que ella se había sentido asfixiada, Grey iba tras ella para recordarle que no existía nada a lo que dar fin.
Entonces, si era así y ella debía abrazarse a los pensamientos de los caballeros que saciaban la pasión sin amor y desechaban a sus amantes, ¿por qué a ella le molestaba tanto que nunca se lo hubiera dicho? ¿Por qué le quemaba tanto el orgullo?