Capítulo 2
—L a verdad es que fue extraño —admito antes de tomar un nuevo sorbo de mi sopa favorita. Mi madre siempre la hace los fines de semana, cuando sabe que iré a comer.
—¿Y de cuándo era el libro? —Mi padre me mira con atención, la historia del libro le ha gustado tanto que me ha pedido que se la explicara a mamá en la comida.
—Pues tendría que haberlo entregado en mil novecientos setenta y seis.
—¡Vaya! —admite mi madre—. Debía estar muy desgastado.
—Un poco —replico—, pero menos de lo que cabría esperar. Imagino que su abuelo lo mantendrá a buen recaudo.
—¿Y cómo dices que se llamaba el hombre? —Mi abuelo, que vive con mis padres desde que la abuela murió, también parece interesado en la historia.
Hago memoria antes de contestar.
—Si no recuerdo mal, creo que el apellido era Vera. Daniel Vera.
Mi abuelo deja la cuchara a medio camino de la boca y me mira sin pestañear. Noto un tic en su mandíbula y sus ojos se tornan fieros por un instante.
Luego parpadea y sigue comiendo como si nada, pero esa mirada se clava en mi corazón.
—¿Estás bien, abuelo? —¿Se ha enfadado? ¿Por qué?
Lo escucho murmurar algo antes de asentir lentamente.
—Sí, todo bien. Es solo que me ha parecido recordar algo.
—¿El qué? —me atrevo a preguntar.
Hace una mueca de disgusto y por un momento creo que no me va a contestar.
—Uno de mis compañeros de clase tenía ese apellido —admite al fin.
—¿Ah, sí?
—Sí, supongo que ha sido una casualidad.
—Sí —admito—, puede que sea eso.
Sigo comiendo pero sus palabras me rondan la mente una y otra vez.