Capítulo 7
Como enjambre de abejas irritadas,
de un oscuro rincón de la memoria
salen a perseguirme los recuerdos
de las pasadas horas.
L levo días removida, lo reconozco. La confesión de Eduardo ha hecho que lleguen a mí recuerdos olvidados, sensaciones que creía perdidas, detalles que en su día pasé por alto.
Es cierto que nunca más volví a verlo, fue como si se lo hubiera tragado la tierra, dejó de ir a la biblioteca a estudiar, pregunté a alguno de sus amigos y siempre contestaban lo mismo.
«No sabemos nada de él. Llamamos a su casa y siempre está ocupado o no está».
Eso fue al principio, necesitaba una explicación y aunque en esos instantes hubiera explotado contra él, ahora reconozco que no hubiera sido buena idea.
Me costó recomponerme de aquella historia.
Es más, estuve más de un año sin interaccionar con un chico y no por falta de propuestas, simplemente no me interesaba ninguno que no fuera Eduardo.
Fue mi primer amor, estuve locamente enamorada de él y él también fue el que me lo partió.
Nunca pensé que pudiera sentir un dolor igual, no tenía la sensación de que un daño que no era físico doliera tanto.
Al final, y por lo que él cuenta, yo también seguí su mismo destino.
Me centré en los estudios, fui brillante y conseguí un trabajo muy absorbente, pero muy bien remunerado.
Era lo que se esperaba de nosotros y no defraudamos.
Tal vez ahora entiendo porqué me volqué tanto con la empresa, puede que fuera mi vía de escape para no asumir el dolor que todavía vivía en mí, si me entregaba en cuerpo y alma a uno u otro proyecto anestesiaba la impotencia que sentía, la falta de explicación, los porqués que nunca fueron contestados.
Sea como fuere, mi destino fue ese. Trabajar como una mula.
No me arrepiento, estoy muy orgullosa de mis logros laborales, sin embargo, tenía que haber aprendido antes que la vida no era solo trabajar, que también hay otras experiencias que requieren ser vividas y que deberían ser de obligado cumplimiento.
No se puede cambiar, pero ahora, ya mi mentalidad es otra.
Tengo claras mis prioridades, y el trabajo está bien, pero no voy a darle mi vida entera.
Tal y como dijo Eduardo, me voy a dar la oportunidad, tal vez no sea esta o sí, pero quiero vivirlo.
Seguimos intercambiándonos algunos mensajes, pero Eduardo gana en el tú a tú y por teléfono es un poco más difícil la comunicación.
A final de esta semana nos volveremos a ver, estoy ilusionada, no lo voy a negar aunque a veces los nubarrones del pasado acechen y amenacen con una tormenta.
No quiero que se repita la misma historia, aunque supongo que será inevitable pensarlo después de todo.