Capítulo 7
E ntro en la casa. Huele a limpio y, aunque aún faltan las cortinas, la lámpara y el sofá nuevo que llegarán en unos días, ya puedo prender unas velas aromáticas y colocar en la butaca un cojín con motivos portugueses que me he traído de la tienda.
Me gusta cómo va quedando.
No tengo televisor y los datos que me quedan necesito conservarlos porque tengo varias clientas estos días y no puedo permitirme no atenderlas.
Así que recurro a mi vieja costumbre de leer. Y no, no me apetece un libro de los que traigo.
Recuerdo que anoche me fijé en unos que había en la habitación principal.
Ahí aún no he entrado a limpiar, pero recuerdo perfectamente haberlos visto.
Subo y enciendo la luz. Una bombilla cuelga del techo, haciendo aún más tétrica esta estancia que ya de por sí resulta peculiar.
A ver... Aquí… ¡Aquí están! Dentro del armario ropero, tal como recordaba.
Son viejos, están algo rotos y absolutamente cubiertos de polvo. Hay varios clásicos; El Quijote, de Miguel de Cervantes. La Regenta, de Leopoldo Alas. La Celestina, de Fernando de Rojas.
Ninguno, definitivamente, se me antoja leerlo.
Entonces veo cinco libros forrados en terciopelo verde oscuro. Son realmente antiguos. El papel está amarillo y tienen tanto polvo que apenas distingo el color de los lomos.
No tienen título.
Intuyo que será alguna colección clásica en la línea de los otros.
Abro el que imagino que es el primero, pues tiene escrito un uno a mano en la tapa. Como el resto, que también están numerados a mano hasta el cinco.
Grimorio de Francisca , reza la primera página del primer volumen: «Aquí anotaré todo lo que sé y no quiero olvidar sobre todo aquello que aprenda de esta disciplina ancestral. Francisca».
Me sumerjo entre sus páginas y sonrío.
Sonrío con toda el alma.
Porque Francisca, a quien jamás conocí, pero con quien comparto sangre, era, al parecer, una mujer espiritual, una hechicera, una bruja.
O todo a la vez.
Sus cinco tomos recopilan nombres de hierbas y sus aplicaciones. Rituales para atraer el amor. Jerarquías celestiales y cómo invocarlas. Simbologías sagradas y su uso.
El tercer tomo está dedicado, por entero, al tarot.
Describe con precisión cada carta, con la sabiduría de quien ha aprendido, conocido y practicado mucho, mucho, esta mancia.
Un pálpito me inunda el pecho. Me levanto, vuelvo al armario y paso la mano por la balda superior, de donde saqué los libros. Reviso con los dedos hasta el fondo esperando encontrar algo que… Creo que… Puede ser… Estiro más el brazo ¡Bingo!
Lo sabía: un mazo antiguo. Muy antiguo. De tarot de Marsella.
Bajo los libros y el mazo al salón, los limpio con cuidado y mimo, y me acomodo en el viejo butacón dispuesta a leerlos mientras hinco el diente en unas galletitas que compré en Soria capital.
Leo. Y leo. Y aprendo. Y me empapo del legado que, como un regalo caído del cielo, ha llegado hasta mis manos.
Caigo dormida tras acabar el cuarto libro y sueño con la Emperatriz, el Mago, los Enamorados y el Sol. El mismo Sol que me despierta feliz un buen puñado de horas después.