El alma que hablar puede con los ojos… Capítulo 4
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Capítulo 4

M e atiende Marina. Es simpática.

—Te estábamos esperando —me dice—. Nos llamó Ramón y ya nos contó que te pondrías en contacto con nosotros.

¿Ramón?

Frunzo el ceño. Tutea a mi padre, que por la voz de Marina podría ser el suyo.

Dios mío. Mi padre siendo mi padre hasta en una llamada a miles de kilómetros de distancia.

—Mañana, el señor Raúl irá a visitar la casa. Ya la conocemos porque Francisca es, era—corrige con harto respeto— una mujer muy conocida en el pueblo, pero él podrá explicarte cómo la ve, qué mejoras serían recomendables y cuánto tiempo podríamos tardar en cerrar una venta.

—Gracias —respondo—, pero yo no puedo modificar nada si con ello te refieres a hacer reformas.

—Tranquila, mujer. Habla mañana con el señor Raúl y lo organizáis todo.

—Ok.

La duda en mi voz resulta imposible de ocultar.

Ojalá el tal señor Raúl se limite a vender la casa y no intente convencerme de restaurarla piedra a piedra.

Porque, sinceramente, no tengo un chavo.

—¿A qué hora vendrá el señor Raúl?

—A las diez y media estará allí mañana.

—De acuerdo, Marina. Muy amable, gracias.

—¡A ti, Helena! ¡Un gusto saludarte!