Capítulo 9
M icky y Jack aprovecharon el fin de semana para hacer el amor, para comprobar lo bien que cocinaban codo con codo, como si lo hubieran hecho toda la vida, la maña que se daba él con las tareas del hogar y con la literatura, una afición que él llevaba muy escondida.
Micky descubrió que era un gran lector, como tal, seguía muy buenos canales de booktubers que anunciaban las novedades editoriales y recomendaban libros.
Hablaban sin parar, se contaban aquello que poca gente sabía, lo que les gustaba o aquello que los enervaba, pero no eran conversaciones forzadas, todo fluía con naturalidad y con giros en la conversación como suele ocurrir.
Micky conoció a un hombre con una gran sensibilidad artística que la asombró.
En la cama, antes de levantarse le asaltó una pregunta.
—¿Te gustaría ser mi ayudante el año que viene en teatro? —Tenía el corazón palpitante.
Él giró el rostro hacia ella y parpadeó dos veces en su dirección.
—No hablas en serio —se mantuvo escéptico.
—Lo digo muy en serio.
Ladeó un poco la cabeza.
—¿Puedo pensarlo? —Aquello lo había cogido de improvisto.
—Sí, pero podemos buscar juntos una obra, intentaremos que no coincida con el ajedrez. —Le guiñó un ojo—. Podrías aportar muchas ideas… —dejó la frase por terminar.
Él le dio un beso.
—Lo pensaré y hablaremos con Phill.
—Hecho. —Le rodeó el cuello con los brazos y lo atrajo hacia ella entre risas.
El sábado por la mañana, vio lo bien que se le daban los niños que aprendían con el piano y el violín, pero también con los adultos, sobre todo, en el ajedrez, donde todos se lo pasaban bien. Lo dejó en el centro cultural y bajó a la cafetería de las chicas.
—¡Hola! —las saludo y se sentó en un taburete de la barra.
—Buenos días, ¿café? —le preguntó Kendall.
—Sí, con un cruasán de pistacho —añadió ella con hambre, nunca había estado tan famélica.
—¿Eras tú la que pasaste con Jack? —indagó sin malicia Imogen.
—Pues sí, pasamos de discutir a los besos en un plisplás y que nadie me pregunte cómo, porque ni yo misma lo sé. —Levantó las manos riéndose.
—Suele pasar —le dijo para tranquilizarla Imogen—. Si me lo preguntan, te aseguro que yo misma no lo sé, a lo mejor Jared, yo no.
Las dos se echaron a reír.
—Lo importante es que estéis en la misma liga y en la misma onda, porque a veces lo parece y no lo es —añadió Kendall.
—Al fin he encontrado a alguien que sí está a mi mismo nivel. —Resopló de modo cómico cuando Imogen le puso el croissant y Kendall el café—. Porque os aseguro que di con cada espécimen.
—Ahora ellos no importan, sino lo que estás creando con Jack.
—Me alegro mucho por él, siempre lo he visto solo, aunque estaba a gusto con su soledad, demasiado cómodo diría yo. —Recordó Kendall.
—Venía aquí, se sentaba en una mesa o aquí en la barra, charlaba un poco, leía, o trabajaba un rato —Imogen se encogió de hombros—. Me asombraba no verlo con nadie.
—Lo que le faltaba eras tú —intervino Flora que salió de la nada.
—¡Ay, qué susto! —Micky se llevó una mano al pecho.
—Perdona. —Sonrió Flora—. ¿Vienes a sentarte conmigo?
—Claro. —Iba a coger el plato y el café.
—Deja, Micky te lo llevamos ahora.
Ella asintió y siguió a Flora hacia una mesa apartada al final de la cafetería.
—Has encontrado a alguien, ¿me equivoco? —dijo Flora nada más se sentaron.
Se callaron mientras las chicas les servían todo y en cuanto se fueron, Micky asintió con la cabeza.
—Sí, Jack, mi vecino y compañero de trabajo.
—Sé quién es.
—Pero, lo tendrías que saber, mi madre…
—De ella no estamos hablando, sino de ti. —Echó en la infusión menos de la mitad del azucarillo.
—Acertaste, Jack es el hombre que predijiste a finales de verano y lo has acertado todo. —Se echó hacia delante—. Cuando digo todo, es todo.
—Hola —saludó Jack, sorprendiéndolas—. ¿Puedo?
—¿Ya has terminado? —Micky estaba asombrada.
—Sí, resulta que algunos alumnos no han venido. —Jack pidió también un café—. ¿De qué estabais hablando? —Alternó la mirada entre ambas—. Vale, de mí —dedujo.
—Resulta que antes de comenzar el curso, Flora me predijo tu aparición en mi vida y no la creía, si soy sincera —confesó Micky.
—¡A mí también! —exclamó Jack—. Fue en verano, ¿te acuerdas?
—Sí.
—Me dijo que una mujer de pelo rojo llegaría a mi vida con la fuerza de un huracán y si me alejaba de ella, sería como Ícaro y es verdad, porque cada vez que me alejaba sentía que caía con más fuerza en mis propios sentimientos.
—Esperad un segundo, ¿sí? —Antes de continuar, ella miró hacia los lados—. ¿Yo aparecí en lo que le predijiste?
Micky quedó obnubilada por lo fácil que le resultaba a Jack hablar de sus sentimientos, no era como otros hombres que se lo guardaban todo.
—Estáis hechos el uno para el otro y por mucho que sufrierais a causa del amor todo es un devenir constante, que os ha traído y unido.
Estirad vuestras manos derechas con la palma hacia arriba.
—Les pidió y ellos obedecieron luego de que Imogen le sirviera el café—.
Fijaos, tenéis una línea del amor muy similar y eso significa que tenéis personalidades compatibles, con vuestras diferencias, evidentemente, pero compartís formas de ver la vida y conectáis a nivel emocional muy profundo.
—Vaya —dijo por lo bajo Micky alucinando.
—No sabía nada de esto. —Jack compartía con ella el mismo asombro.
—Estáis hechos el uno para el otro y puedo decir que vuestra unión es indestructible. Os llevabais esperando mucho tiempo.
***
Lo que restó de día, pese al frío que vino ese año por abril, pasearon por Beacon, otro pueblito asentado en las orillas del Hudson.
Lo hicieron cogidos de la mano, abrazados, y disfrutando de las tiendas y los locales que, como en Cold Spring, llenaban la calle principal, pero con el mismo tipo de tiendas a las que estaban acostumbrados.
Luego, regresaron con compras de todo tipo, hasta verduras de temporada, frutas, y un largo etcétera.
El sosiego que le proporcionaba Jack como la seguridad que pisoteaba algunos de los miedos de Micky, era algo a lo que se estaba acostumbrado con mucha rapidez y su mente, mientras se cambiaba de ropa al llegar a casa le jugó la pasada de si algún día lo perdiese.
Se quedó sorprendida por la congoja que le entró y tras ponerse la parte de arriba del pijama lo buscó y él estaba en la cocina cortando unas verduras.
Ella corrió hacia él, le rodeó la cintura y le dio varios besos en los omóplatos.
Jack se rio poniendo sus manos sobre las de ella, para luego girarse y darle un beso en la frente.
—¿Qué pasa?
—A veces mi mente me obliga a imaginarme ciertas circunstancias o imágenes.
—Y, ¿qué fue?
—Perderte —confesó ella—. No quiero.
—No nos vamos a perder, estamos aquí, en el ahora, el futuro vendrá a medida que lo vayamos tejiendo y escogiendo colores, como el rosa. —La abrazó.
—Te quiero —declaró ella.
—Tanto que a veces duele.
—Sí.
—Entonces, nos queremos con la misma intensidad. —Dejó caer la boca y la besó con ternura—. ¿Sabes cuál es mi dedicación perfecta?
—No.
—Besarte, por siempre y para siempre, besarte todos los días. —Se volvieron a besar y él consiguió despejarle la mente—. Bueno, si te pones los pantalones podremos cocinar.
—¿Y si no lo hago?
Respiró hondo.
—Los míos se caerán, pero —volvió a coger el cuchillo para volver a lo que estaba— no podemos hacer el amor con el estómago vacío.
—Vale, me parece bien.
Ella se iba sonriendo, cuando él agarró la parte baja del pijama.
—No te puedes ir sin esto. —Le plantó otro beso.