Capítulo 8
S arah llegó sofocada a la cafetería y a paso apurado. Cerró la puerta con el peso de su cuerpo, ya que no se podía borrar la imagen de su hija a medio desnudar sentada al lado de su compañero de cama, lo que no sabía era que su expresión de pánico fue lo que más llamó la atención de sus amigas.
—Sarah ¿a qué viene esa cara? —le preguntó Teresa acomodada en su silla.
—Ni que vieras un fantasma —bromeó Shannon, que estaba cortando la quiche.
—¿Estás bien? —Kendall salió detrás de la barra y se acercó a ella, rodeándole los hombros con un brazo—. Estás temblando.
—Y me parece poco —dijo ella.
—Pero ¿qué te ha pasado? No es normal tu estado. —Cloe la veterinaria empezaba a mostrar su preocupación.
Esa noche no estaban todas, faltaba Dita, la maestra de las mermeladas de Cold Spring, que estaba resfriada y prefirió esperar que ser un foco de contagio, y Tony, que se había quedado en la Casa Gris.
—Peor tenía que estar. —Sarah no sabía ni como se tenía en pie—. Me tiemblan las piernas y todo por dentro.
—Habla —le pidió con suavidad Flora.
—He ido a casa de Michaela. —Todas permanecieron en silencio.
—¿Discutisteis? —Lilian que hasta ese momento no había hablado, rompió el silencio que Sarah volvía a marcar para que lo soltase todo de una vez.
—Peor —confesó.
—Os habéis tirado algo a la cabeza, eso es normal entre padres e hijos —agregó Shannon restándole importancia a una disputa familiar.
—Estaba con un hombre en el sofá, los cacé a punto de… —Dejó la frase sin terminar para que sus compañeras pensaran lo que quisieran.
—¡Los has pillado acostándose! —Imogen se llevó la mano a la boca y fue la única que se atrevió a hablar.
—Exacto. —Le dio la razón Sarah.
—¿Con quién estaba? —quiso saber Teresa—. ¡Qué mal trago! —Agregó para no quedar de cotilla.
—Su vecino.
—¡Jack! —exclamó Shannon.
—Él —asintió Sarah—. ¿Sabéis algo de ese hombre?
—Sarah —empezó a hablar Flora—, lleva siete años en el pueblo.
—Ya, pero he pasado de él hasta ahora…
—… que es compañero de cama de Michaela —finalizó Teresa por ella, palabras que no le parecieron mal a Sarah.
—Es un buen hombre. —Shannon asintió con la cabeza—. Viene a comprar pan a la panadería, siempre para uno.
—Tiene pinta de serio o distante, pero hay que conocerlo, porque cuando hablas con él y coge confianza es estupendo —continuó Kendall por donde lo había dejado Shannon—. Siempre lo he visto solo.
—Compra muchos libros, es un gran lector para ser profesor de matemáticas, aunque eso no tiene nada que ver y cuando está aquí y viene algún niño o chico de la High School y lo ve, siempre se acercan a él a saludarlo. —Imogen aportó lo suyo.
—Por lo que me contó un día, —Lilian hacía memoria— ayuda con las matemáticas a muchos de secundaria, les da, ¿cómo me dijo? —Se dio unos golpecitos en los labios—. Clases de refuerzo.
Teresa le puso una mano en el brazo.
—Tu hija he encontrado a un buen hombre.
—Sus caminos estaban predestinados a encontrarse —corrigió Flora a su amiga—. Pero, claro, amiga mía, parece que buscaste el momento para verlo con tus propios ojos.
—¡Ay, Dios mío, no me lo recuerdes! He desvirgado mis ojos por segunda vez —resopló Sarah abanicándose.
—¿Cuál fue la primera? —preguntó Cloe.
—Con mi marido y cuando murió prometí que jamás volvería a ver a un hombre en pelotillas, y ahí va, mi yerno número dos. —Sarah luego de escuchar a Flora ya daba por sentado que Jack había aparecido para quedarse en la familia. Para ella la palabra de Flora era ley.
—Piensa esto, —Shannon carraspeó—: habéis adquirido una gran confianza en segundos. —Imogen le dio un codazo suave—. Es cierto, ¿qué suegra se imagina ver a su yerno en pelotas? Ninguna.
Todas se echaron a reír.
—¿Van a ser felices? —indagó Sarah con esa pregunta.
—Mucho —le aseguró Flora, por lo que Sarah quedó tranquila.