Capítulo 3
M icky se levantó de muy mal humor, apenas había dormido y Jack, el loco del violín se adueñó de todos sus sueños, provocando que cada vez que abría los ojos a lo largo de la noche notase una extraña presión en su entrepierna y cuando por fin tocó el despertador su cuerpo estaba normal, pero no así su mente.
Cuando dormía como el culo sabía que necesitaría paciencia y litros, litros y más litros de café, aunque pareciera raro, su ingesta, su sabor la reconfortaba.
De ahí que, cuando estuvo lista para comenzar el día, no dudase en ir a la cafetería de Imogen y Kendall, dos chicas que formaban parte del círculo cercano de su madre y que la habían aceptado en el llamado Consejo de mujeres de Cold Spring.
Estar en el pueblo era maravilloso, porque permitía vivir y experimentar aquello que jamás hubieses imaginado.
—¡Hola, hola, chicas! —saludó Micky a las dueñas.
La cafetería-librería, situada en Main Street, en la misma calle donde vivía, era la más chula que había visto jamás.
Tenía un ambiente acogedor, reparador y enérgico, era como no salir de casa, salvo por esos que trabajaban en coworking , que las chicas habían abierto en una parte de la cafetería.
Para Micky lo mejor estaba en la superior, la librería, y eran las culpables de sus compras de libros nuevos—. Llenadme este vaso con un spice latte .
Las chicas lo habían inventado después de Halloween y de la Navidad, como les habían sobrado las especias y Kendall, que hacía verdaderas virguerías, había logrado un café con leche vaporada exquisito con ese toque a jengibre, canela y otras que lo hacía diferente a otros cafés y mezclas más conocidos.
—Muy bien —respondió a la ligera.
—Se nota que no has dormido muy bien. —Imogen le sonrió con complicidad.
—Lo sé, se nota. —Resopló removiendo las puntas del flequillo que había soltado del gorro rojo de lana—. Dormí como el culo, por eso necesito dosis altas de café.
—¿Qué tal por el cole? ¿Cómo va la obra? —Se interesó Kendall.
—Pues tenemos un pequeño problema.
—¿No funciona o qué? —Imogen se apoyó en la barra con curiosidad.
—No es eso, nos faltan algunos niños, así que he tenido que hablar con el entrenador y he convencido a algunos de ajedrez.
—¿Se los has quitado a Jack? —Kendall no disimuló su asombro poniéndole delante el gran vaso que le había dado Micky.
—Así es. —Al quedarse las chicas tan sorprendidas, se acordó de lo que llevaba pensando cuando salió de casa—. Una pregunta, ¿sabéis algo de él? Sé que es el profe de mates en la middle school y mi vecino. —Se calló los adjetivos que le tenía dedicados.
—¡Uy, sí! es muy majo, viene aquí a comprar libros, a trabajar —le empezó a contar Imogen.
—Da clases de apoyo a los de la High School, da clases de ajedrez en el centro cultural y también en verano, para aquellos niños que no se van de vacaciones fuera del pueblo, por las mañanas les enseña piano o violín —añadió más información Kendall.
—Vaya, así que hace todo eso. —Micky estaba perpleja con Jack y con lo que las chicas sabían de él, pero no dijo nada de lo que sucedió en el rellano de la escalera.
—Tú ya lo conoces —apuntó Imogen.
—Sí, somos compañeros, aunque la verdad, no habla mucho.
«No habla mucho conmigo», se corrigió mentalmente.
—Debe coger confianza, es tímido y le cuesta abrirse, pero todo cambia cuando el ajedrez o las matemáticas están por medio —explicó Kendall.
—Nos ha ayudado mucho con algunas cuentas que a nosotras no nos salían ni con calculadora, sobre todo a mí —reconoció Imogen con cara de fastidio—. Soy de letras puras.
—Somos dos. —Le guiñó un ojo Micky.
—Es un buen hombre, aunque un tanto solitario —comentó Kendall.
—Por verano viene la familia de Massachusetts —incluyó Imogen.
Micky con toda esa información bebió un sorbo de café que le habían servido.
—Gracias, chicas, por todo, ya nos veremos que llego tarde.
Con esa reserva de datos sobre Jack, salió de nuevo a ese día encapotado que anunciaba lluvias.