Capítulo 6
N o me arrepentí de lo que pasó ni un instante.
Cuando me desperté a la mañana siguiente temí sentir miedo, incertidumbre o, peor aún, arrepentimiento por lo que habíamos hecho. Al fin y al cabo llevaba todo el curso tratando de alejarme de él para que aquello no pasara.
Sin embargo, cuando abrí los ojos a su lado a la mañana siguiente, solo sentí calma. Una calma que indicaba que había hecho caso a mi corazón, que había hecho lo que de verdad me apetecía sin pensar en nada más, sin temer lo que pudiera suceder después.
Me incorporé y lo observé. Quique estaba aún dormido, con una mano apoyada en el pecho y la otra posada en mi pierna, acurrucado a mi lado como si lleváramos haciendo aquello toda la vida.
Y, siendo totalmente sincera, así lo había sentido la noche anterior. Las primeras veces siempre eran extrañas, pero la nuestra no lo había sido. Era como si ya lo hubiéramos vivido, como si ya lo hubiéramos hecho antes.
Cada beso.
Cada caricia.
Cada movimiento.
No creía en eso de las vidas pasadas, pero, por unos instantes, consideré la posibilidad de que fueran verdad y Quique y yo nos hubiéramos encontrado ya varias veces.
Él arrugó la frente ligeramente y supe que debía estar despertándose, así que volví a dejarme caer a su lado con suavidad, fingiendo que no llevaba un rato observándole y divagando sobre lo que había sucedido la noche anterior.
—Buenos días —le dije tras un par de minutos. Quique entreabrió los ojos y sonrió al verme a su lado.
—Buenos días. ¿Cómo has dormido?
—Poco.
Ambos reímos por aquella respuesta más que evidente y, sin pensar, volvimos a besarnos.
—No sabes lo mucho que me alegra haberte encontrado anoche en el bar —me confesó él mientras me colocaba un par de mechones de pelo detrás de la oreja—. No podía seguir guardando las distancias contigo en el instituto. Temía estar a punto de volverme loco.
—Han sido unas semanas muy incómodas —le confirmé—. Notaba tanta tensión, pero me preocupaba tanto…
—A mí también.
—Quique, yo no sé hacia dónde va todo esto —decidí confesar.
Lo mejor sería tener aquella conversación cuanto antes y poner las cartas sobre la mesa—.
Me lo pasé muy bien anoche y siento una conexión muy fuerte entre ambos.
Me encantaría que volviera a pasar. Me encantaría, si tú quieres, por supuesto, ver hasta dónde podemos llegar.
—¿De verdad? —preguntó con un tono esperanzado que me hizo sonreír.
—De verdad. Pero creo que es importante que ambos seamos conscientes de todos los problemas que pueden surgir.
—Sí, lo de trabajar juntos no nos ayuda precisamente y dudo que al inspector le haga mucha gracia que empiece a salir con una de las profesoras en prácticas que debemos evaluar durante el curso.
—Exacto y tampoco creo que al resto de compañeros les haga especial gracia esto por el mismo motivo. No quiero que crean que me estoy aprovechando de la situación para tener un trato de favor.
—Sé que no lo haces.
—Ellos no. —Suspiré—. Pero, Quique, creo que me da igual.
—¿A qué te refieres?
—A que no me importa lo que piensen los demás sobre esto. ¡Que les den a todos si hace falta! —grité, haciéndole reír—. Yo sé lo que siento, lo que quiero. Y es estar contigo.
Quique me acarició la mejilla y me observó con cautela, como si temiera estar aún dormido y aquello no fuera más que un sueño.
—Yo también quiero eso. No sé a dónde nos llevará, pero estoy harto de fingir que no quiero intentarlo. Estoy cansado de actuar como si no sintiera nada por ti, cuando es evidente que no es así.
—Entonces… ¿probamos a ver qué pasa?
Me mordí el labio al preguntar aquello, algo temerosa de su respuesta. Parecía bastante clara, pero no quería precipitarme y llevarme un chasco.
—Me encantaría probar a ver qué pasa, Clara.
Los dos nos echamos a reír y nos besamos de nuevo.
Teníamos mucho tiempo que recuperar.