El aliento de los dioses Capítulo 56
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Capítulo 56

ivenna colgaba ante la ventana, respirando entrecortadamente, sudando a mares. Se había asomado al interior. Denth estaba allí dentro, igual que Tonk Fah. Vasher pendía de un gancho en el techo. Estaba cubierto de sangre y no tenía ningún aliento, pero parecía seguir con vida.

«¿Puedo detener a Denth y a Tonk Fah?», pensó Vivenna.

Tenía cansados los brazos. En el bolsillo llevaba un par de cuerdas que podía despertar.

¿Y si las arrojaba y fallaba? Había visto pelear a Denth.

Era más rápido de lo que ella había creído posible.

Tendría que sorprenderlo. Y si fallaba, moriría.

«¿Qué estoy haciendo? —pensó—. ¿Colgada de una pared y casi a punto de desafiar a dos mercenarios profesionales?».

Su pasado reciente le daba fuerzas para aplacar su miedo.

Podían matarla, pero al menos sería un final rápido.

Había sobrevivido a traiciones, la muerte de un querido amigo y una época enloquecida por la enfermedad, el hambre y el terror de vivir en las calles.

Había sido aplastada, obligada a admitir que había traicionado a su pueblo.

No había mucho más que pudieran hacerle ya.

Por algún motivo, esos pensamientos le dieron energía.

Sorprendida por su propia determinación, recuperó el aliento de su capa y sus calzas.

Despertó un par de cuerdas, diciéndoles que agarraran cuando las lanzara.

Elevó una silenciosa plegaria a Austre y luego entró en la habitación por la ventana.

Vasher gemía. Tonk Fah dormitaba en un rincón.

Denth, empuñando un cuchillo ensangrentado, alzó la cabeza mientras ella aterrizaba.

La expresión de sorpresa total de su rostro valió casi por todo lo que Vivenna había pasado.

Le arrojó la cuerda, lanzó la otra a Tonk Fah, y echó a correr hacia delante.

Denth reaccionó de inmediato cortando la cuerda en el aire con su daga.

Los trozos se retorcieron y agitaron, pero no eran lo bastante largos para agarrar nada.

El que Vivenna le lanzó a Tonk Fah, sin embargo, lo alcanzó.

El grueso mercenario soltó un grito, despertando cuando la cuerda se enroscó en su cara y su cuello.

Vivenna se detuvo ante el cuerpo bamboleante de Vasher. Denth había desenvainado su espada en un gesto rapidísimo, que ella fue incapaz de seguir. Vivenna tragó saliva y desenvainó su propia espada, sujetándola como Vasher le había enseñado. Denth se detuvo brevemente, sorprendido.

Eso fue suficiente. Vivenna descargó la espada, pero no hacia Denth, sino hacia la cuerda que sujetaba a Vasher al techo. Vasher cayó con un gruñido y Denth atacó, clavándole la punta de la espada a Vivenna en el hombro.

Vivenna cayó, con una exclamación de dolor.

Denth dio un paso atrás.

—Bien, princesa —dijo, sosteniendo su espada en postura cauta—. No te esperaba por aquí.

Tonk Fah jadeaba, con la cuerda al cuello, ahogado. Se debatía para liberarse, con poco éxito.

Antes, el dolor en el hombro habría sido incapacitante. Pero después de las tundas recibidas en la calle, a Vivenna le resultaba casi familiar. Miró a Denth a los ojos.

—¿Se supone que esto es un intento de rescate? —preguntó él—. Porque, sinceramente, no me impresiona demasiado.

Tonk Fah tropezó con su taburete al debatirse. Denth lo miró a él y luego a Vivenna. Hubo un momento de silencio, a excepción de los movimientos cada vez más débiles de Tonk Fah. Finalmente, Denth maldijo y saltó para cortar la cuerda del cuello de su amigo.

—¿Estás bien? —preguntó Vasher a Vivenna, sorprendiéndola por lo compuesta que sonó su voz a pesar de su cuerpo ensangrentado.

Vivenna asintió.

—Van a enviar a los sinvidas contra tu patria —dijo él—. Hemos estado equivocados todo el tiempo. No sé quién está detrás de esto, pero creo que están ganando la lucha por el palacio.

Denth cortó por fin la cuerda.

—Tienes que escapar —dijo Vasher, librándose de sus ataduras—. Vuelve con tu pueblo, diles que no combatan a los sinvidas. Tienen que huir a través de los pasos del norte, esconderse en las tierras altas. No luchéis ni atraigáis otros reinos a la guerra.

Vivenna miró a Denth, que abofeteaba a Tonk Fah para que recuperara la conciencia. Entonces cerró los ojos.

—Tu aliento al mío —dijo.

Recuperó el aliento de los flecos de las manos, añadiéndolo a la gran cantidad que aún tenía de antes. Extendió la mano y tocó a Vasher.

—Vivenna…

—Mi vida a la tuya —dijo ella—. Mi aliento es tuyo.

Su mundo se volvió gris. A su lado, Vasher dio un respingo, y empezó a convulsionarse al recibir el aliento. Denth se levantó mientras giraba con un solo movimiento.

—Adelante, Vasher —susurró Vivenna—. Lo harás mucho mejor que yo.

—Qué tozuda eres —dijo él mientras superaba las convulsiones.

Extendió la mano, como para devolverle el aliento, pero entonces reparó en Denth.

Denth sonrió, alzando su espada. Vivenna se llevó una mano al hombro para detener la hemorragia y empezó a dirigirse hacia la ventana, aunque, sin aliento, no estaba segura de qué pretendía hacer allí.

Vasher se irguió, cogiendo la espada de Vivenna. Solo llevaba los calzones ensangrentados, pero su pose era firme. Envolvió en torno a su cintura la cuerda de la que había estado colgando, formando su característico cinturón.

«¿Cómo lo hace? —se preguntó ella—. ¿De dónde saca las fuerzas?».

—Tendría que haberte hecho más daño —dijo Denth—. Me he tomado mi tiempo. Lo he saboreado demasiado.

Vasher bufó, atándose el cinturón. Denth parecía esperar, previendo algo.

—Siempre me ha parecido curioso que sangremos como los hombres corrientes —dijo Denth—. Es posible que seamos más fuertes y vivamos mucho más tiempo, pero morimos igual.

—No igual —respondió Vasher, alzando la espada de Vivenna—. Otros hombres mueren con más honor que nosotros, Denth.

Este sonrió. Vivenna pudo ver la emoción en sus ojos.

«Siempre dijo que era imposible que Vasher pudiera haber derrotado a su amigo Arsteel en duelo —pensó—. Quiere luchar contra Vasher. Quiere demostrarse a sí mismo que Vasher no es tan bueno como él».

Las espadas entraron en acción. Y tras un rápido intercambio, Vivenna lo vio claro.

Denth era claramente superior. Tal vez se debía a las heridas de Vasher.

Tal vez era la creciente ira que veía en los ojos de Vasher lo que lastraba su capacidad de conservar la calma y la concentración durante el combate.

Tal vez era que, sencillamente, no era tan bueno como Denth.

En todo caso, mientras observaba, Vivenna comprendió que Vasher iba a perder.

«¡No he hecho todo esto para que mueras!», pensó, poniéndose en pie para intentar ayudar.

Una mano cayó sobre su hombro, empujándola hacia el suelo.

—Creo que no —dijo Tonk Fah, alzándose sobre ella—. Buen truco con la cuerda, por cierto. Muy astuto. Yo conozco también unos cuantos trucos con cuerdas. ¿Sabías, por ejemplo, que puede usarse una cuerda para quemar la carne de una persona? —Sonrió y luego se inclinó—. Humor mercenario, ya sabes.

La capa resbaló ligeramente desde el hombro de Tonk Fah, cayendo contra la mejilla de Vivenna.

«No puede ser —pensó ella—. Traté de despertar su capa cuando intentaba escapar de él, pero usé un Mandato erróneo. ¿Puede ser tan estúpido de seguir llevándola?».

Sonrió, mirando por encima del hombro. Vasher había retrocedido hacia la ventana y sudaba copiosamente, las gotas ensangrentadas regando el suelo. Denth lo obligó a retroceder de nuevo, y Vasher se subió a la mesa contra la pared del fondo, buscando terreno elevado.

Vivenna miró a Tonk Fah de nuevo, cuya capa seguía rozándole la mejilla.

—Tu aliento al mío —dijo.

Sintió un súbito y agradable estallido de aliento.

—¿Eh? —dijo Tonk Fah.

—Nada —respondió ella—. Solo… ¡ataca y agarra a Denth!

Dado el Mandato, hecha la visualización, la capa empezó a temblar. La camisa de Tonk Fah perdió el color y el hombretón abrió sorprendido los ojos. La capa de pronto saltó al aire, empujando a Tonk Fah a un lado y haciéndole apartarse de ella.

«Por eso yo soy la princesa y tú el mercenario», pensó Vivenna con satisfacción mientras se daba la vuelta.

Tonk Fah gritó. Denth se volvió para ver qué pasaba, pero el grandullón y descoordinado Pahn Kahl chocó contra él mientras la capa seguía agitándose.

Denth cayó hacia atrás, pillando a Vasher por sorpresa mientras chocaban. Tonk Fah gruñó. Denth maldijo.

Y Vasher salió despedido por la ventana.

Vivenna parpadeó sorprendida. No era exactamente eso lo que había pretendido. Denth cortó la capa y se quitó de encima a Tonk Fah.

Todo quedó en silencio durante un momento.

—¡Ve por nuestro escuadrón de sinvidas! —exclamó Denth—. ¡Ahora!

—¿Crees que vivirá? —preguntó Tonk Fah.

—Acaba de caer por la ventana de un segundo piso hacia una muerte segura. ¡Pues claro que vivirá! ¡Envía al escuadrón a las puertas principales para detenerlo!

Denth miró a Vivenna.

—Princesa, eres más problemática de lo que vales.

—Eso le ha dado por decir a la gente —contestó ella con un suspiro, llevándose la mano ensangrentada al hombro, demasiado agotada para sentir el miedo que probablemente debería sentir.

Vasher caía hacia los duros bloques de piedra de abajo. Vio cómo se alejaba de la ventana. «Casi —pensó con frustración—. ¡Ya casi era mío!».

El viento silbaba. Gritó frustrado, soltando la cuerda de su cintura, el aliento de Vivenna una fuerza viva en su interior.

—Agarra cosas —mandó, lanzando la cuerda y extrayendo color de sus calzones manchados de sangre.

Se volvieron grises, y la cuerda se envolvió en un saliente de piedra en la pared del palacio. Se tensó y él corrió de lado por los bloques del color del ébano, refrenando la caída.

—¡Tu aliento al mío! —gritó mientras el impulso se reducía. La cuerda se soltó cuando aterrizó en el primer bloque—. ¡Conviértete en mi pierna y dale fuerza! —ordenó, extrayendo color de la sangre seca de su pecho.