Capítulo 51 #2
Su hermana es la clave de todo esto. Me he dado cuenta hoy. En cuanto llegó la reina empezaron los verdaderos movimientos para comenzar la guerra.
Sangre Nocturna guardó silencio. Ese tipo de salto lógico era demasiado complejo para la espada. Ya veo , dijo, y Vasher sonrió ante la confusión que percibió en su voz.
Como mínimo, es una rehén que les viene muy bien a los hallandrenses. Los sacerdotes del rey-dios, o quienquiera que esté detrás de esto, pueden amenazar la vida de la chica si la guerra les va mal. Es una herramienta excelente.
Una que pretendes arrebatarles , concluyó la espada.
Vasher asintió. Llegó a lo alto de la escalera y se internó en uno de los pasillos. Caminó hasta que sintió a alguien cerca, una doncella que se acercaba.
Despertó su cuerda, se ocultó en las sombras de una hornacina y esperó. Cuando la criada pasó, la cuerda salió disparada, se enroscó en su cintura y la arrastró hacia la oscuridad. Vasher hizo que una de sus manos-flecos se enroscara alrededor de la boca de la sirviente antes de que pudiera gritar.
Ella se rebulló, pero la cuerda la sujetó con fuerza. Vasher sintió un pequeño retortijón de culpa mientras se alzaba sobre ella y veía cómo sus ojos se llenaban de lágrimas de terror. Echó mano a Sangre Nocturna y la desenvainó un poco. La chica inmediatamente pareció enfermar. Buena señal.
—Necesito saber dónde está la reina —dijo Vasher, acercando a Sangre Nocturna de modo que la empuñadura rozó la mejilla de la doncella—. Vas a decírmelo.
La retuvo así un tiempo, viéndola temblar, sintiéndose descontento consigo mismo. Finalmente, relajó los flecos, pero no retiró la espada de la mejilla. Ella empezó a vomitar, y Vasher la volvió hacia un lado.
—Dímelo —susurró.
—La esquina sur —susurró la muchacha, temblando, con baba en la mejilla—. En esta planta.
Vasher asintió y la ató con la cuerda, la amordazó y recuperó su aliento. Envainó a Sangre Nocturna y corrió pasillo adelante.
¿No quieres matar a un dios que planea llevar sus ejércitos a la guerra, pero casi ahogas a una muchacha? Era una valoración complicada para la espada. Sin embargo, carecía de la acusación que un humano habría puesto en las palabras. Para Sangre Nocturna era solo una pregunta.
Yo tampoco entiendo mi moralidad , pensó Vasher. Te sugiero que evites confundirte también.
Encontró fácilmente el lugar. Estaba protegido por una partida de hombres de aspecto brutal que parecían bastante inadecuados para aquellos hermosos pasillos.
Vasher se detuvo. «Aquí está pasando algo raro».
¿Qué quieres decir? , preguntó Sangre Nocturna.
Vasher no había pretendido dirigirse a la espada, pero ese era el problema de tener un objeto que podía leer la mente.
Cualquier pensamiento que Vasher formara en su cabeza, Sangre Nocturna creía que iba dirigido a él.
Al fin y al cabo, en opinión de la espada, en realidad todo tendría que dirigirse a él.
Guardias en la puerta. Soldados, no sirvientes. Así que la habían hecho prisionera. ¿Estaba embarazada de verdad? ¿O era solo que los sacerdotes pretendían asegurar su poder?
Sería imposible matar a tantos hombres sin hacer ruido. Lo mejor que podía esperar era eliminarlos rápido. Tal vez estaban lo bastante lejos del resto del palacio para que nadie oyera una refriega breve.
Esperó unos minutos, apretando los dientes. Luego se acercó y arrojó a Sangre Nocturna entre los hombres. Su plan era dejarlos luchar unos contra otros, y él se encargaría de los que no cayeran bajo el hechizo de la espada.
Sangre Nocturna resonó contra las losas del suelo. Los ojos de todos los hombres se volvieron hacia el arma. Y, en ese momento, algo agarró a Vasher por el hombro y tiró de él hacia atrás.
Maldijo, girando, y se dispuso a plantarle cara a quien fuera. Una cuerda despertada. Detrás, los hombres empezaron a pelear entre sí. Vasher gruñó, sacó el cuchillo de su bota y cortó la cuerda. Alguien embistió contra él mientras se liberaba y lo lanzó contra la pared.
Agarró a su atacante por el rostro con uno de los flecos del brazo, y luego hizo girar al hombre y lo estampó contra la pared. Otra figura lo atacó por detrás, pero la capa despertada de Vasher lo impidió, haciéndolo caer.
—Agarra otras cosas que no sea yo —ordenó Vasher rápidamente, tomando entre los dedos la capa de uno de los caídos y despertándola.
La capa se sacudió, derribando a otro hombre, a quien Vasher fulminó con un golpe de daga. Le dio una patada a otro hombre, lanzándolo hacia atrás, abriéndose hueco.
Vasher saltó hacia Sangre Nocturna, pero tres figuras más salieron de las habitaciones de alrededor, impidiéndole el paso.
Eran la misma clase de hombretones brutales que peleaban por la espada.
Había matones por todas partes. Docenas.
Vasher descargó una patada que partió una pierna, pero un hombre logró arrancarle la capa por pura suerte.
Otros se le echaron encima. Y entonces, otra cuerda despertada se movió y amarró sus piernas.
Vasher buscó su chaleco.
—Tu aliento al… —empezó a decir, tratando de extraer algo de aliento para atacar, pero tres hombres le sujetaron la mano y se la apartaron.
En cuestión de segundos quedó envuelto en la cuerda despertada. Su capa seguía luchando contra tres hombres que se esforzaban por cortarla, pero Vasher estaba inmovilizado.
Alguien salió de la habitación a su izquierda.
—Denth —escupió Vasher, debatiéndose.
—Mi buen amigo —dijo el mercenario, haciendo un gesto con la cabeza a uno de sus lacayos, el conocido como Tonk Fah, para que fuese a los aposentos de la reina, al fondo del pasillo. Luego se agachó junto a Vasher—. Me alegro de verte.
Vasher escupió en el suelo.
—Tan elocuente como de costumbre, por lo que veo —suspiró Denth—. ¿Sabes qué es lo mejor que tienes, Vasher? Que eres sólido. Predecible. Supongo que yo también lo soy, en cierto modo. Es difícil vivir tanto como lo hacemos nosotros sin caer en rutinas, ¿eh?
Vasher no respondió, aunque trató de gritar mientras los hombres lo amordazaban. Advirtió con satisfacción que había eliminado a más de una docena de oponentes antes de que consiguieran detenerlo.
Denth miró a los soldados caídos.
—Mercenarios —comentó—. Ningún riesgo es demasiado grande, siempre que la paga sea buena —dijo con un destello burlón en la mirada.
Entonces se agachó, y su jovialidad desapareció cuando miró a Vasher a los ojos—.
Y tú siempre has sido mi paga, Vasher. Te lo debo.
Por Shashara, incluso después de tanto tiempo.
Llevamos más de una semana esperando, escondidos en el palacio, sabiendo que al final la buena princesa Vivenna te enviaría a salvar a su hermana.
Tonk Fah regresó con un bulto envuelto en una manta. Sangre Nocturna. Denth miró el arma.
—Tira eso bien lejos —dijo con una mueca.
—No sé, Denth —respondió Tonk Fah—. Creo que deberíamos conservarla. Podría ser muy útil…
El ansia empezó a asomar en sus ojos, el deseo de desenvainar a Sangre Nocturna, de usarla. De destruir el mal. O bueno, de destruir sin más.
Denth se levantó y le arrebató el bulto. Golpeó a Tonk Fah en el cogote.
—¡Ay!
Denth puso los ojos en blanco.
—Deja de quejarte, acabo de salvarte la vida. Ve a ver cómo está la reina y limpia este desaguisado. Yo me encargaré de la espada.
—Siempre te vuelves desagradable en presencia de Vasher —gruñó Tonk Fah, marchándose.
Denth envolvió a Sangre Nocturna con firmeza. Vasher lo miró, esperando ver el ansia aparecer en sus ojos. Por desgracia, Denth tenía una voluntad demasiado fuerte para dejarse dominar por la espada. Tenía casi tanta historia con ella como Vasher.
—Llevaos toda su ropa despertada —ordenó a sus hombres, marchándose—. Luego colgadlo en esa habitación de allí. Él y yo vamos a tener una larga charla sobre lo que le hizo a mi hermana.