Capítulo 21 #2
Vasher no la desenvainó. Solo la arrojó hacia delante. La hoja resbaló por el suelo y se detuvo delante de los tres hombres. Uno de ellos se quedó muy quieto, mirándola, hipnotizado. Extendió una mano, vacilante, con los ojos llenos de asombro.
Los otros dos echaron a correr, gritando que había un intruso.
«¡Rayos!», pensó Vasher. Tiró de la cuerda, derribando de nuevo al sirviente enredado.
Mientras este trataba de incorporarse, Vasher se abalanzó hacia él y le envolvió la cuerda en torno a las manos y el cuerpo.
A su lado, el otro criado no les hacía ningún caso ni a Vasher ni a su amigo.
Recogió del suelo a Sangre Nocturna, con los ojos iluminados.
Soltó el cierre de la empuñadura, disponiéndose a desenvainarla.
Cuando apenas había liberado unos milímetros de hoja, un humo oscuro, como fluido, empezó a brotar de ella. Una parte goteó al suelo, mientras que otros zarcillos serpentearon y se enroscaron en el brazo del hombre, absorbiendo el color de su piel.
Vasher le dio una patada al hombre con una pierna despertada y lo derribó, haciéndole soltar a Sangre Nocturna. Dejó al primer hombre retorciéndose atado, agarró al que había empuñado la espada y le estampó un puñetazo en la cabeza que lo dejó sin sentido.
Resollando, Vasher recogió a Sangre Nocturna, cerró la vaina y pasó el cierre. Luego extendió la mano y tocó la cuerda que ataba al aturdido sirviente.
—Tu aliento al mío —dijo, para recuperar el aliento de la cuerda y dejar al hombre atado.
No me has dejado matarlo , se quejó Sangre Nocturna con irritación.
No , respondió Vasher. Cadáveres, ¿recuerdas?
Pero… dos han logrado escapar de mí. Eso no está bien.
No puedes tentar a un corazón que es puro, Sangre Nocturna. Por más que le hubiese explicado el concepto en muchas ocasiones, la espada parecía incapaz de comprenderlo.
Avanzó deprisa pasillo abajo. Le faltaba muy poco, pero ya había gritos de alarma y peticiones de ayuda, y Vasher no tenía ningún deseo de luchar contra un ejército de sirvientes y soldados.
Se detuvo indeciso en el pasillo sin adornos, y con el rabillo del ojo advirtió que despertar la cuerda había robado el color de sus botas y su capa, las únicas prendas que no estaban despertadas.
La ropa gris lo identificaría al instante por lo que era. Pero pensar en retroceder no le hacía ninguna gracia. Apretando los dientes de frustración, dio un puñetazo a la pared. Se suponía que aquello tendría que haber sido mucho más fácil.
¿Lo ves? No eres nada sigiloso , dijo Sangre Nocturna.
Cállate , pensó Vasher, decidido a no huir. Rebuscó en una bolsita que llevaba al cinto y sacó su contenido, una ardilla muerta.
Puaj , exclamó con asco Sangre Nocturna.
Vasher se arrodilló y puso la mano derecha sobre la criatura.
—Despierta a mi aliento —Mandó—, sirve mis necesidades, vive a mi Mandato y mi palabra. Cuerda caída.
Esas últimas palabras, «cuerda caída», componían la frase de seguridad. Vasher podría haber elegido cualesquiera, pero utilizó lo primero que le pasó por la cabeza.
Un aliento manó de su cuerpo y bajó hasta el pequeño cadáver del roedor, que empezó a retorcerse.
Era un aliento que Vasher no podría recuperar nunca, pues crear un sinvida era un acto permanente.
La ardilla perdió todo el color, que remitió a gris, pues el despertar se alimentó de los colores del propio cuerpo para ayudar a la transformación.
La ardilla había sido gris desde un principio, así que era difícil notar la diferencia.
Por eso a Vasher le gustaba utilizarlas.
—Cuerda caída —le dijo a la criatura, y vio cómo sus ojillos grises se alzaban hacia él. Pronunciada la frase de seguridad, Vasher ya podía imprimir una orden, más o menos igual que cuando realizaba un despertar normal—. Haz ruido. Corretea. Muerde a la gente que no sea yo. Cuerda caída.
El segundo uso de las palabras cerraba la capacidad de impresión, de modo que la criatura ya no podría recibir más Mandatos.
La ardilla se enderezó de un saltó y echó a correr por el pasillo hacia el umbral por el que habían desaparecido los criados.
Vasher se levantó y apretó el paso de nuevo, esperando que aquella distracción le proporcionara tiempo.
Y, en efecto, al momento oyó gritos procedentes del otro lado.
Siguieron golpes y chillidos. Los sinvidas podían ser difíciles de detener, sobre todo uno nuevo con órdenes de morder.
Vasher sonrió.
Habríamos podido con ellos , dijo Sangre Nocturna.
Vasher corrió al lugar que le había indicado su informador. Estaba marcado por una tabla rota en la pared, en apariencia resultado del desgaste normal del edificio. Se agachó, esperando que no le hubieran mentido. Rebuscó en el suelo hasta encontrar el pestillo oculto.
Lo abrió y dejó a la vista una trampilla. En teoría, los palacios de los retornados tenían una sola planta. Sonrió.
¿Y si este túnel no tiene otra salida? , preguntó Sangre Nocturna mientras Vasher saltaba al agujero, confiando en que su atuendo despertado absorbería la caída.
Entonces probablemente tendrás que matar a un montón de gente , pensó Vasher. Sin embargo, de momento la información estaba siendo correcta, e intuía que el resto también lo sería.
Al parecer, los sacerdotes de los Tonos Iridiscentes estaban ocultándole cosas al resto del reino. Y a sus dioses.