El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 30 Zoe y Matt #4
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Capítulo 30 Zoe y Matt #4

Del otro lado de la línea, la voz del gerente nocturno tiembla al responderle y dice que el cuerpo ya está muy frío al tacto.

Pero Zoe insiste en que no pierdan más tiempo y que hagan exactamente lo que ella les ordena.

Observo en el video cómo salen disparados unos empleados a buscar a un humano tal cómo se les pidió.

Lo consiguen inmediatamente, porque apenas unos segundos después vuelven a entrar con dos empleadas del hotel.

Tienen que ser estrictamente humanos, les recuerda Zoe.

A través de la pantalla no podemos estar seguros de que lo sean.

Pero ellos le dicen que sí, que las dos mujeres son humanas y ellas dicen que ambas están dispuestas a donar su sangre para salvar a la querida señora.

Zoe les indica que se realicen pequeños cortes con un filo en las muñecas y que ambas se posicionen cerca de la cabeza de mi abuela.

Alguien viene con un pequeño cuchillo que sacó de algún lado y hacen lo que mi mujer les indicó.

Las humanas abren con cuidado la boca de mí abuela y colocan allí sus muñecas heridas, comenzando a hacer gotear el fluido vital directamente en su garganta sin cesar.

Veo caer el líquido rojo lentamente entre sus labios y no registro ningún movimiento en el cuerpo de mi abuela; nada que indique que la alimentación está funcionando.

Mientras que las humanas continúan donando su sangre, vemos en el fondo del video cómo ingresan los paramédicos de emergencias de Roma y comienzan a atender de forma frenética las heridas de mi abuelo y Lucius.

Otros paramédicos intentan acercarse a atender a mi abuela, pero Zoe ordena en tono imperioso que no se atrevan a moverla todavía; exige que dejen que las mujeres humanas la sigan alimentando con sus venas.

Igualmente, uno de ellos, sin moverla, intenta al menos tomar su pulso en la muñeca e informa que no siente nada: no hay pulso, no hay rastro de vida; está extremadamente pálida y helada, pero Zoe insiste con su fe implacable.

Me mira fijamente y me pide que también tenga fe como ella, asegurándome que funcionará, que no existe la posibilidad de que sea de otra manera, que ella está segura.

Ahora están viniendo más empleados humanos del hotel dispuestos a donar más sangre, mientras el personal de emergencias sube en camillas a mi abuelo y al Alfa de Roma y se los llevan a toda velocidad hacia las ambulancias

Finalmente consigo encontrar mi voz y le pido al gerente que envíe a personal de seguridad a acompañarlos, y principalmente que les pongan seguridad durante el traslado y en el hospital.

Lo observo llamar por radio a la seguridad del hotel para organizar rápidamente la custodia de los heridos.

Los minutos transcurren con una lentitud insoportable, o al menos eso me parece a mí, mientras las mujeres donadoras comienzan a debilitarse por la pérdida de fluido.

Les pedimos que retiren sus manos para que alguien las atienda y se recuperen, y otros dos empleados humanos toman sus lugares de forma inmediata para continuar goteando el sagrado líquido en la boca de mi abuela.

Ella sigue sin hacer el menor movimiento.

El paramédico arrodillado a su lado está permanentemente controlando la arteria de su muñeca en busca de su pulso y sigue sin registrar nada; pero de pronto, detecto un minúsculo movimiento en su pecho.

Casi lo paso por alto porque alguien ha cambiado de posición la tableta, pero estoy casi seguro de haber visto una contracción respiratoria.

Zoe me mira fijamente y asiente con la cabeza.

Mi rostro debe mostrar incertidumbre porque ella me asegura con voz dulce que sí, que estoy viendo bien, que mi abuela está respirando de nuevo.

Del otro lado se escucha que están dando gritos de alegría y exclamaciones de alivio por parte de todos los que estaban aguardando por la reanimación de mi abuela.

El paramédico confirma a viva voz que ella tiene pulso y late muy fuerte e incluso su piel está entibiándose.

Mi compañera les indica con autoridad que ya la pueden mover y trasladarla al hospital para tratarle sus heridas, pero les pide estrictamente que no dejen de darle sangre fresca de un donante humano vivo.

Debe de ser un suministro lento, pausado y constante y les dice que en cuanto el metabolismo de mi abuela no necesite más, ella misma rechazará el fluido.

¡Mi abuela Sophie está viva! ¡Zoe la salvó de la muerte con su intervención!

¿Será posible amar aún más a una persona de lo que yo amo a mi vampiresa?

No tengo la menor duda de que no existe en este universo un amor más grande y devorador que el que le profeso en mi corazón.

Ella es mi todo absoluto y hoy me devolvió la vida de alguien muy importante para mí.

La amo con cada gota de mi sangre para siempre.

Zoe me clava sus ojos verdes en la penumbra de la habitación y asiente de forma dulce; ha escuchado con total claridad mi pensamiento, porque me responde con una devoción absoluta directamente en mi mente: «No, cariño, no es posible amar más a alguien de lo que nos amamos entre nosotros. Yo también te amo para siempre, Matt».

¿FIN?

Nota de la Autora: Continúa leyendo… todavía queda mucho más…