El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 29 Matt #2
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Capítulo 29 Matt #2

Con una mano acciono el comando cortando el agua y, con Zoe todavía enganchada a mi cintura, salgo hacia la habitación.

No quiero salir de su interior, pero necesito secarla y, para hacerlo lamentablemente debo salir de ella.

Cuando lo hago, más restos de mi liberación salen disparados de su sexo.

No existe forma física de que mantenga dentro suyo toda esa cantidad de fluidos.

Aunque me encantaría que siempre estuviera llena de mi semilla y que todo el mundo supiera que es mi Luna porque olieran mi aroma impregnado en ella.

La deposito con cuidado en la cama y Zoe me mira con una dulzura que me impacta el alma; sus ojos expresan tantas cosas.

Quiero conocerlas todas. Quiero ser yo siempre el único que le deje esa mirada de satisfacción total en su rostro.

Quiero ser el hombre que esté ahí para darle todo lo que quiera, todo lo que necesite, para cumplir todos y cada uno de sus deseos y anhelos.

Quiero serlo todo para ella, porque ella lo es todo para mí.

La dejo en esa posición encantadora sobre el colchón y voy al cuarto de baño rápidamente.

Humedezco parte de una toalla limpia y vuelvo con ella para limpiar los rastros de nuestra pasión de sus piernas.

Luego la seco todo lo que puedo sin desviarme de mi cometido, haciendo un esfuerzo enorme para no sucumbir a la tentación de volver a enterrarme en su cuerpo.

Dejo que se meta bajo las sábanas. Luego me limpio un poco, me seco y me pongo una bata cómoda.

—¿Estás lista para cenar algo, nena? —le pregunto, sentándome a su lado.

—La verdad es que estoy completamente satisfecha; solo me gustaría comer algo de postre.

—¿Pero has comido alguna cosa en todo el día?

—Humm… creo que no, solo recuerdo algunos cafés de la mañana que tomé en la oficina con Sofer, pero tú me alimentaste temprano con tu vena y ahora también. No necesito ningún otro alimento. Solo quiero el postre, y únicamente porque soy golosa —me dice aleteando sus pestañas.

—Pero me diste de tu sangre dos veces a mí también, nena.

Deberías estar famélica. No me lo has dicho, pero estoy seguro de que cuando estaba inconsciente en el piso tomé demasiado de ti; lo debo de haber hecho por cómo me recuperé tan rápido.

Ahora en la ducha también bebí más de lo necesario.

Deberías de tener hambre, deberías de sentirte débil por la falta de sangre.

—Hum… nene, es verdad, tal vez debería, pero no tengo apetito, no siento hambre, ni me siento débil para nada.

Es más, te diría que me siento cada vez más fuerte y poderosa.

Podríamos estar toda la noche repitiendo lo que estuvimos haciendo y te aseguro que no transpiraría ni una sola gota de sudor.

¿Quieres probar? —me pregunta, guiñándome un ojo y sonriendo de forma socarrona.

—Me encantaría comprobarlo, sabes perfectamente que es lo que más quiero, nena. Pero estoy preocupado; no quiero que te pase nada malo, no lo soportaría.

—No me va a pasar nada. Desde que estoy bebiendo de tu vena me siento más fuerte que nunca.

Hoy, incluso, más que en otras oportunidades.

A pesar de que, como dices, yo también te alimenté a ti.

¿Tú te sientes débil? Tal vez yo sí tomé demasiado de ti, y no tuve en cuenta que perdiste mucha sangre por la lucha en el cuadrilátero y por el hecho de que me alimentaras esta mañana y ahora.

¿Tú comiste algo hoy? ¿Bebiste el té de Jeffrey?

—Debo reconocer que tampoco me siento débil; por el contrario me siento como tú dices, más fuerte que nunca.

Me comería un filete jugoso, pero solo porque soy carnívoro por naturaleza y, cuando entramos a la mansión, olí que eso estaba cocinando Jeffrey, seguramente porque es lo que más les gusta cenar a todo el personal y como hoy regresaron a sus tareas, él siempre que puede, los complace.

Pero solo comería por puro placer, no porque realmente tenga hambre o mi cuerpo tenga necesidad de alimento.

Hoy no he comido en todo el día, ni siquiera tomé del té que me dio Jeffrey en la mañana en el termo.

Lo recordé justo en el momento de empezar el Reto con Mortimer.

Me acordé de que no me había alimentado y que te había dado de mi sangre temprano.

En ese momento no me sentía al cien por ciento…

diría a un noventa y nueve por ciento —le digo tratando de corregir mi confesión al instante, y mirándola con ojos de perrito faldero, porque me doy cuenta de que está muy enojada por la fijeza de su mirada.

—¿Me estás diciendo que entraste a un duelo a muerte sin estar al cien por ciento de tus facultades?

¿Qué te arriesgaste porque bebí de ti y además no comiste ni bebiste para recuperarte?

Matt, eso es completamente inaceptable. Si te hubiera pasado algo fatal, hubiera sido mi culpa por dejarte débil. ¿Por qué demonios lo hiciste?

Mierda, la alteré y esa no era mi intención; solo estaba planteando los hechos y lo único que conseguí fue que se enojara conmigo.

—Es verdad, nena, lo siento, discúlpame. No estaba en mi mejor estado y eso fue una irresponsabilidad de mi parte. Pero no había posibilidad alguna de que Mortimer me hubiera vencido; si no, no me hubiera arriesgado.

—¡¿No había posibilidad?! ¡¿Me estás tomando el pelo, Matt?! ¡Te encontré tirado en tu propio charco de sangre moribundo! —Me grita enojada, y me lo merezco, fui un estúpido.

—Sí, nena, tienes toda la razón, pero vencí a Mortimer, y eso que él jugó sucio envenenándome con la espada y con el probable hechizo de Alaric. No lo previmos en el plan, pero…

—¡Basta! No te justifiques más. Nunca, pero nunca más te arriesgarás de esa manera en un combate o en ninguna otra situación.

¡¿Me entendiste bien?! —me dice y me acusa, apuntándome directamente con el dedo—.

Nunca más lo harás; siempre tienes que cuidarte.

Si algo te pasara, yo… yo… no podría seguir viviendo en este mundo.

Me dijiste que me amabas para siempre y no espero menos que eso de ti. ¿Estamos de acuerdo?

—Sí, Luna —le digo, sin lograr ocultar del todo mi sonrisa de orgullo. Mi vampiresa también tiene garras y las saca a relucir con fuerza cuando quiere marcar territorio.

—No te rías, lo digo completamente en serio, Matt —me regaña, aunque ella también está sonriendo; ya descargó su enojo gritándome un poco.

—No me río, nena. Solo que te pones ridículamente bonita cuando estás toda mandona y autoritaria con tu lobo. Solo para que lo sepas.

Me tira una almohada que logro esquivar justo a tiempo y me abalanzó sobre su cuerpo en el colchón.

Tomo su boca con fuerza, porque verla enojada y mandona me ha excitado de inmediato; ya no puedo aguantar las ganas de al menos besarla.

Llego a cada rincón de su boca; es tan suave y participativa.

Zoe no se queda atrás y también recorre con su lengua cada rincón de la mía.

Incluso la pasa por la zona exacta donde están mis colmillos listos para salir, y el estímulo es tan agudo que simplemente me corro en la ropa.

Una caricia de su lengua en mis colmillos y me corro como un adolescente.

Soy todo un espectáculo de Alfa: estoy en bata, encima de Zoe, que está desnuda pero debajo de las sábanas, y me estoy entregando al clímax sin siquiera habernos rozado piel con piel.

Pero no puedo dejarla así, con ganas y sin llegar.

En esta relación también somos equitativos en el placer, así que le ejecuto la misma jugada.

Mi lengua sale disparada justo adonde están sus colmillos expuestos; los de ella ya van saliendo por su evidente necesidad, mi lengua pasa por el filo y ella se empieza a correr en un espasmo de inmediato.

Ahora los adolescentes precoces somos los dos.