El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 28 Matt #3
87%

Capítulo 28 Matt #3

Igualmente, no tengo mi mejor aspecto pulcro de siempre: la ropa de repuesto que uso en este momento no combina para nada, pero no tenía muchas opciones de vestuario que ponerme después de la ducha rápida en el despacho y, la ropa que traía antes de ponerme la túnica para ingresar al Recinto estaba en la escena que procesaban los forenses en mi salita, así que no la podía usar.

Seguramente debo oler a sangre todavía, porque la ducha fue realmente rápida y estoy seguro de que aún debo tener rastros en mi cuerpo, aunque yo ya me debo de haber acostumbrado al olor porque no me molesta.

Y bueno, Zoe está algo despeinada, y en su ropa hay restos de sangre, probablemente mía y de Mortimer de cuando se arrojó al piso para auxiliarme; principalmente hay manchas oscuras en la zona de sus rodillas, de cuando me sostuvo la cabeza y me alimentó con su vena mientras yo, herido, me desangraba derramando mi líquido vital por el Recinto.

Definitivamente no tenemos el mejor aspecto para asistir a una fiesta.

—¡Alfa! ¿Se encuentran bien? ¿Qué les pasó? ¿Luna, está usted bien?

Confirmado: su asombro es pura y exclusivamente por nuestro aspecto desastroso, no porque vayamos de la mano; al parecer, ya la señora Pompey y Jeffrey se han encargado de poner al tanto a todo el personal de que Zoe es la nueva Luna.

—Sí, estamos bien, Carlo, no te preocupes.

Solo estamos algo sucios, así que iremos a nuestro cuarto a limpiarnos y luego tomaremos la cena ahí mismo.

Tenemos que hacer una videollamada con mis abuelos y no queremos que nadie nos moleste y nos interrumpa, por favor.

Solo te pido que en cuanto les avise que estamos listos alguien suba el servicio de la cena.

Y dile también a Jeffrey que nos prepare de su té especial, en doble ración, por favor.

—Sí, señor, por supuesto. Si necesita cualquier otra cosa, solo nos lo dice.

Pasamos frente a algunos empleados que están haciendo sus actividades de limpieza en los salones, llevando sillas y decoraciones de un lado a otro.

Como les habíamos dado franco no se había ordenado, ni limpiado la mansión luego de la fiesta y parece que no quieren esperar a mañana a comenzar a trabajar tal cómo se les ofreció; porque incluso con lo tarde que es, hay varios acomodando cosas por todos lados.

Les digo con voz amable que vayan a descansar, que continúen con las tareas mañana y, de paso, les aseguro que nos encontramos perfectamente bien, porque nos miran con ojos desorbitados llenos de preocupación.

Pero no parece que registraran mis palabras.

En cambio, Zoe los saluda a todos y les regala una sonrisa luminosa, y ese ademán de su parte, al parecer, sí los tranquiliza por completo.

Noto con claridad que el hecho de que la nueva Luna les brinde unas palabras de saludo cordial o les regale sonrisas, los serena muchísimo más que mi indicación de que estamos bien.

Zoe me sigue sorprendiendo a cada segundo; se maneja en el rol de Luna con una naturalidad tan asombrosa como si toda su existencia hubiera cumplido ese papel; seguramente debe tener que ver con su crianza al pertenecer a la familia Lucentezza.

Tiene esa cualidad innata para el trato amable y cordial con la gente.

A los empleados los tiene totalmente encantados y rendidos a sus pies... exactamente igual que a mí.

Subimos las escaleras mientras observamos cómo el personal finalmente va retirándose a descansar.

En cuanto entramos al cuarto, volvemos a encerrarnos en nuestra burbuja.

Mi necesidad de ella, de su cuerpo, no disminuye en lo más mínimo por más problemas que estallen a nuestro alrededor.

Quisiera estar enterrado profundamente en su intimidad otra vez; han transcurrido demasiadas horas desde la mañana, cuando pude poseerla salvajemente como nos gusta.

Pero reconozco que somos un completo desastre; primero debemos lavarnos, quitarnos los rastros del día de nuestros cuerpos y luego pensar en el sexo, en conectarnos de la mejor forma que sabemos hacerlo.

—Yo estoy pensando exactamente en lo mismo que tú, lobo mío —me dice ella, mirándome con fijeza.

—Humm… no entiendo, cariño. ¿En qué crees que estoy pensando en este instante?

—En que tu cuerpo me necesita y el mío también te reclama, pero es verdad que primero debemos limpiarnos y sacarnos los rastros del día de encima.

—¿Cómo sabes exactamente lo que estaba pensando? —le pregunto.

—Primero, la tensión de tu cara te delata por completo cada vez que me deseas con locura, como seguramente la mía me delata ante tus ojos también. Pero, además, lo dijiste en mi mente; tu pensamiento fluyó directo a mi cabeza a través del lazo.

—No me di cuenta de que te estaba hablando mentalmente, lo debo de haber hecho en forma natural, porque sí es una verdad innegable que te deseo con locura.

Vayamos a ducharnos y luego podremos perdernos un rato uno en el otro antes de hablar con mis abuelos para informarles las novedades.

¿Quieres beber un poco de sangre? Necesitas recuperarte seguramente.

Sus ojos resplandecen con un matiz rojo encendido al segundo; es evidente que tiene un hambre voraz de mi fluido vital.

Y yo quiero el de ella con la misma intensidad.

Demonios, estoy experimentando físicamente que mis propios colmillos se alargan bajo mis labios…

no sé cómo ocultarlo. No puedo beber otra vez, no cuando lo hice con tanta intensidad hace apenas unas horas.

—Parece que es completamente mutuo el deseo de sangre, nene —me dice ella, acariciando mis colmillos extendidos con la punta de sus dedos, mientras mi verga comienza a gotear por ella en el acto.