El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 28 Matt #2
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Capítulo 28 Matt #2

—Pensaba en Sofer, en cómo le estará yendo en este instante en la cirugía y en cómo usó su último rastro de conciencia para pedir por Adelina antes de volver a quedar inconsciente.

Creo que la relación de ellos es muchísimo más cercana de lo que creemos; puede que incluso tengan algún tipo de romance secreto.

No sé, solo pensaba… Si yo estuviera en su lugar, si me encontrara en su misma situación de agonía y tuviera un solo instante de lucidez como él tuvo, estoy completamente segura de que pediría por ti, Matt.

—No lo digas, no vuelvas a decir algo como eso. Cada vez que pienso que podrías estar en la misma situación que Sofer, te juro que me corre un frío insoportable por el pecho. No lo toleraría de ninguna manera.

—No lo pienses, estoy bien, no pasó nada, y ya resolveremos todo. Me agrada mucho la idea de que utilicen un equipo de seguridad de élite. Nunca había oído hablar de ellos.

—Porque prácticamente nadie los conoce. Ni siquiera los miembros del Consejo.

Son un equipo de asalto secreto a disposición del Alfa con soldados seleccionados que formó mi padre; incluso, también lo ayudó el padre de Marco.

Y desde que nuestros padres murieron en el atentado, mi abuelo lo puso a Marco a cargo de ellos.

Pero son un grupo secreto, estrictamente encubierto, por eso no has escuchado hablar sobre su existencia, aunque estoy seguro de que a algunos integrantes los conoces personalmente, porque digamos que llevan una doble vida, una pública y otra secreta en este equipo.

Los mantenemos reservados para situaciones especiales de alta seguridad.

Por ejemplo, hoy no hubiera sido lógico que ellos intervinieran; el Reto era algo que yo tenía que hacer personalmente, y podrían haber estado presentes por seguridad pero realmente no lo creí necesario para no revelar su existencia, pero me arrepiento, tal vez con ellos presentes podríamos haberte custodiado mejor.

Mi abuelo los ha ocupado muchas veces, son muy eficientes en diversas situaciones.

Cuando fueron tras las brujas negras del ataque a mis padres, ellos son los que estuvieron en el frente de batalla.

Pero, dime: ¿Solo estabas pensando en eso?

¿No me mientes? ¿No te sientes débil por la falta de sangre?

—No, de verdad que no, para nada; solo estaba pensando…

en realidad, pensando en varias cosas a la vez.

Además de pensar en Sofer y el equipo de seguridad, recordaba también, por ejemplo, los nombres de unos libros del despacho de tu abuelo que llamaron mi atención mientras tú coordinabas las tareas que debían hacer Severo, Antonio y Giuseppe.

Cuando hable con Calo le preguntaré si me los presta para leerlos, muchos me parecieron interesantes.

—No hace falta que se los pidas al abuelo, puedes tomar los que quieras, nena.

Incluso te diría que mi abuelo estará feliz de ello.

Sus libros son uno de sus mayores tesoros; le encanta presumirlos y siempre que dispone de tiempo, lo vas a ver leyendo uno, acá en casa o en la oficina de la manada.

Cuando él estaba a cargo de la empresa, en su oficina también tenía libros ahí para entretenerse —le digo, mirándola de reojo.

No sé con certeza si es verdad que le interesaron unos libros antiguos o solo se está esmerando en distraerme de mi pregunta por su falta de sangre.

—Gracias, Matt, pero de igual manera se los pediré por cortesía en cuanto hablemos con ellos. No me siento cómoda tomándolos sin su consentimiento, y más si me cuentas que son uno de sus tesoros más valiosos.

—Hazlo como prefieras, nena, pero te aseguro que te responderá lo mismo que yo. Son sus tesoros, pero le gusta compartirlos, justamente para presumirlos.

Cuando cruzamos el umbral de entrada, se nota que la casa está muchísimo más activa que estos días atrás.

Ya la totalidad del personal de servicio ha vuelto a sus funciones habituales después de los días de descanso que se les otorgaron tras la fiesta del sábado.

Nos recibe formalmente Carlo, el mayordomo.

No sé si su rostro refleja sorpresa por vernos entrar tomados de la mano o por el desastre de nuestro aspecto físico.

Si es por esto último, menos mal que no me tuvo que ver en túnica y lleno de sangre, como estuve antes en el Palazzo, sino capaz que le da un ataque cardíaco aquí mismo.