Capítulo 27 Zoe #3
En el centro médico encontramos a Marco, que estaba custodiando firmemente la puerta del cuarto de Sofer.
Él ya se había adecentado también y vestía con ropa cómoda, pero, por lo que pude divisar bajo su chaqueta, se encontraba fuertemente armado.
No quería dejar ninguna vía de ataque librada al azar frente a un posible regreso de Alaric o algún otro imprevisto.
—Sofer sigue exactamente igual, sin cambios neurológicos por el momento —nos dice Marco cuando le consultamos en el pasillo—.
El doctor se encuentra en este momento revisando los resultados definitivos de sus estudios; por la primera impresión clínica, especula con que sufrió una hemorragia intracraneal posiblemente debido al golpe de la caída y por esa razón no recupera el conocimiento.
—Buenas noches. ¿Ustedes quiénes son? —nos interroga un hombre de mediana edad que se acerca interrumpiéndonos en nuestra charla con Marco. Imagino que es el médico de Sofer por la bata médica que utiliza. Es humano.
—Buenas noches, doctor. ¿Usted está tratando a Sofer?
—Sí, soy su médico. ¿Y, usted, es?
—Mi nombre es Matt Capolupi y ella es mi mujer, Zoe. Soy el Alfa de la Manada de Sicilia. Sofer, su paciente, pertenece a mi manada, es nuestro Escriba y fue atacado brutalmente junto con mi mujer esta tarde.
—¿Se encuentra bien, señora? —me pregunta el médico examinándome con la mirada.
—Sí, doctor, yo estoy bien; queremos saber sobre la salud del señor Sofer. ¿Qué puede decirnos de los resultados?
—El paciente está estable en sus funciones vitales, pero sigue inconsciente.
Ya tenemos los estudios definitivos y, debido al fuerte impacto en la cabeza por la caída, sufrió un traumatismo severo.
Tiene un hematoma producto de una hemorragia intracraneal y hay una sustancia oscura que especulamos que sea algún residuo mágico.
Necesitará entrar a cirugía para poder tratar el coágulo y examinar esa sustancia en el quirófano.
Pero, aunque es un procedimiento neuroquirúrgico de alto riesgo, contamos en este hospital con excelentes neurólogos y están confiados en que la intervención será exitosa, sumado al excelente factor curativo que debería tener el paciente al ser un lobo.
Respecto de la quemadura del pecho, el panorama clínico es otro.
Hemos establecido unos límites sobre su piel y la lesión parecería que lentamente se va extendiendo; es muy lento su progreso, pero se va expandiendo por el tejido.
Pensamos que es por ser una quemadura de magia, pero no tenemos médicos con el conocimiento necesario para ese tipo de tratamiento.
Hemos realizado consultas de urgencia con brujas blancas que nos suelen ayudar en el hospital, pero ninguna ha visto nada similar en su experiencia.
¿Ustedes tienen algún tipo de información que nos puedan brindar para ayudarnos a entender cómo fue la quemadura o qué tipo de hechizo la realizó?
—No, doctor, no tenemos conocimiento en específico sobre el hechizo; lo que sí sabemos, lamentablemente con certeza, es que fue hecho por un brujo negro.
—¿Un brujo negro? —El médico parpadea sorprendido—. Tenía entendido que ya no existían esos brujos.
—Nosotros teníamos la misma creencia, pero parece que no es así —le explica Matt—. Estamos a la caza del sujeto, pero mientras tanto, he mandado a buscar de urgencia a Catania a una bruja blanca conocida de Sofer que posiblemente pueda ayudarnos con la lesión.
—Excelente iniciativa, Alfa. Ahora iremos con el personal a preparar al paciente para entrar a cirugía; cuando arribe la bruja me avisan de inmediato para reunirme con ella y ver si podemos unificar esfuerzos y ayudar a frenar el avance de la quemadura.
—Sí, doctor, gracias, lo haremos —asiente Matt con firmeza.
El doctor entró de inmediato en el cuarto de Sofer para iniciar la preparación del traslado al quirófano junto con una enfermera y nosotros nos quedamos fuera.
Le pedí a Matt esperar unos minutos a que lo sacaran en camilla; quería despedirme de él antes de irnos a casa.
Mientras esperábamos sentados en las sillas del pasillo, Matt le contó a Marco sobre cómo había organizado las actividades con los miembros leales del Consejo.
Aprovecharon y se comunicaron con Giuseppe para reiterarle que era de extrema urgencia que Adelina viniera a Palermo a ayudar a Sofer.
Si la quemadura se seguía extendiendo por los tejidos, no sabíamos a cuánto llegaría el daño interno y si podría o no salvarse de la muerte.
Dije una plegaria silenciosa por su pronta recuperación y también agradecí internamente no estar yo misma en una camilla al lado de Sofer en este momento; esa luz blanca misteriosa había sido mi absoluta salvación.
Al poco tiempo entró un camillero a la habitación y a los escasos minutos salió con Sofer en la camilla de traslado, acompañado del doctor y la enfermera, en dirección al quirófano.
Les pedí si podían detenerse para saludarlo un momento.
Me acerqué, le besé la frente con ternura y tomé su mano fría entre las mías.
Sofer reaccionó sutilmente ante mi contacto, apretándome suavemente los dedos sin abrir sus ojos.
Increíblemente alcanzó a modular un susurro débil que sonó con claridad en mis oídos: «Busquen a Adelina», antes de perder otra vez el conocimiento y quedar en silencio.