Capítulo 26 Matt
—¡Zoe! ¿Cómo estás? —Me aproximo a ella en un segundo, tocándola, revisando su cuerpo con desesperación. El maldito bastardo la atacó y después voy yo y casi la desangro. Soy un completo imbécil—. Nena, dime mirándome a los ojos si estás bien. Tengo que saberlo.
—Tranquilo, Matt. Yo estoy perfectamente bien; no me pasó absolutamente nada, ya te explicaremos los detalles con calma.
Pero sí le pasó algo a Sofer; él está en urgencias, pero ya estaba estable cuando lo cargaron a la camilla para llevarlo al hospital luego de que Alaric nos atacara de forma sorpresiva.
Pero yo, de verdad, te juro que estoy bien, Matt.
—¿Por qué demonios recién me entero de este hecho tan grave? Es lo primero que me debiste haber comentado, Marco —lo increpo, con mis ojos encendidos de furia.
—Preferiría que habláramos de todo este entramado en un lugar más privado —me responde Marco con firmeza.
Y es una verdad innegable; hay lobos que ni siquiera conozco pertenecientes al público y absolutamente todo el personal de seguridad y los forenses que no quitan los ojos de nuestro intercambio de palabras. Tiene toda la razón del mundo, hay cosas que es muchísimo mejor hablarlas en privado.
—Está bien, estás en lo cierto. Vayamos a mi despacho entonces —antes de abandonar el salón con el grupo, les aviso a los investigadores forenses que hay otra escena para procesar después de esta. Los llevaremos allí en cuanto concluyan aquí.
Ya estamos entrando al corredor que se dirige al sector privado del Alfa y sus cercanos, donde están mi vestidor y también mi despacho, y Zoe me recuerda que el grabador de Sofer está en la repisa para que lo guarde bajo custodia.
Ni siquiera me había acordado de que el dispositivo estaba ahí y permanecía encendido capturando el audio, pero realmente nos podría ser muy útil para analizar en forma detallada lo que pasó en el duelo, tal vez incluso capto conversaciones entre los representantes que ahora están detenidos.
Lo tomo de la repisa y se lo entrego en las manos a Zoe para que lo apague.
Yo intenté encontrar la tecla para hacerlo y a simple vista no la veo, pero ella me dice que sabe cómo encenderlo y apagarlo; al parecer, Sofer se lo explicó.
Mejor así, porque no quisiera que la siguiente conversación quede grabada.
Entramos los seis al despacho que pertenecía a mi abuelo y ahora es mi despacho oficial de Alfa.
Él todavía conserva sus pertenencias en este lugar; yo quería que lo mantuviera, incluso le sugerí que yo usaría el que venía utilizando como heredero, pero mi abuelo me explicó que no era posible porque este espacio tiene ciertas salvaguardas rúnicas y de seguridad que necesita un Alfa y no sería correcto que él lo siguiera usando tras su abdicación.
Seguramente, en cuanto regrese de su viaje con la abuela por Roma, traslade sus pertenencias al despacho del heredero; por el momento, él es mi heredero directo hasta que con Zoe tengamos algún hijo o hija que asuma la línea sucesoria.
Ojalá que sea pronto, tal como quieren ellos; yo lo deseo y estoy seguro de que Zoe también, pero eso es para planificarlo y hablarlo con mi compañera en privado y en otro momento.
Recordar a mis abuelos me lleva a pensar en que ellos están con los interrogatorios en Roma.
Todavía no he tenido noticias y espero tenerlas pronto.
Quiero saber si Mortimer tiene algo que ver también con lo que ha pasado en el hotel con las tarjetas de crédito.
En cuanto terminemos aquí los contactaré para ver cuáles son sus novedades y, de paso, les contaré todo lo que ha ocurrido esta tarde.
Incluso es muy probable que ellos hayan intentado contactarme, y yo haya estado inconsciente y no les haya podido responder.
En el despacho, los tres miembros representantes se quedan en un rincón; Marco se apoya sobre una biblioteca que mi abuelo siempre tiene llena de libros con historias antiguas de lobos y de otras razas también.
Mi abuelo es muy curioso de todo tipo de información, en eso son parecidos con Zoe.
Yo primero guardo mis armas, el medallón y el cinturón bajo llave y luego me siento en el sillón de cuero detrás del escritorio y atraigo de inmediato a mi mujer hacia mi cuerpo, sentándola con firmeza sobre mis rodillas.
Necesito tenerla cerca, pegada a mí, oler su fragancia y sentir la calidez de su piel para comprobar que realmente está bien, a salvo del peligro.
Antes de empezar a debatir las acciones, le pregunto mentalmente a Marco si considera que es prudente que Severo, Antonio y Giuseppe estén presentes, y él me dice que sí con total seguridad; han demostrado estar a la altura de la situación, defendiéndome y no apoyando claramente a los traidores.
Así que voy directo al grano, inquiriendo lo que más me intriga y necesito saber a como dé lugar.
—Primero, díganme detalladamente qué demonios pasó con Sofer y Zoe adentro de mi vestuario —pregunto en general, mirando al grupo sin dirigirme a nadie en particular; no sé quién tiene toda la información que necesito.
Haber estado inconsciente en el piso del Recinto mientras mi mujer corría peligro no me ha gustado para nada.
El que toma la palabra y contesta primero es Marco.
—Yo no conozco la totalidad de lo que ocurrió en la salita, pero te informaré lo que yo presencié con mis propios ojos y luego Zoe podrá completar lo que me falte.
—Está bien, prosigue —asiento.
—Estaba viendo atentamente tu duelo con Mortimer, pero experimentaba una sensación extraña; algo obvio faltaba en el Recinto, algo estaba pasando por alto y estaba seguro de que lo de debería saber era algo crucial, pero el pensamiento se me escurría por completo de las manos, lo había olvidado.
Tuve que esforzarme para poder concentrarme sin perder de vista el desarrollo del duelo, hasta que finalmente me di cuenta de que lo que faltaba no era algo, sino que era alguien, alguien faltaba en el Recinto: Alaric.
—A mí me ocurrió algo similar en el cuadrilátero —le confieso con la mirada sombría—. Por un momento no pensé más en él, no lo recordaba siquiera.
—Exactamente, eso mismo me pasó. Y en cuanto me percaté de que el infeliz no se encontraba por ningún rincón del Recinto, pensé de inmediato en Zoe sola con Sofer.
Fue justo en el momento en que tú le pedías a Mortimer que se rindiera.
No te podía interrumpir, así que salí corriendo hacia el vestuario para verificar que ella se encontrara a salvo, y en cuanto entré a la salita, los encontré a los dos tirados en el piso, inconscientes.
Siento una tensa furia animal mientras Marco habla.
Mi mujer estuvo inconsciente a merced de un traidor y yo no estuve ahí para ayudarla; solo consigo calmar el ardor de mi lobo porque ella se encuentra aquí, sentada en mis rodillas y la veo bien, sana.
Ella se percata de inmediato de los tormentosos que son mis pensamientos, de que me siento culpable y enojado a la vez, porque me dice por nuestra vía mental que se encuentra perfectamente bien y a salvo.
Eso me permite recuperar el autocontrol para seguir prestando atención a Marco.
Lo que dijo de que algo faltaba, que no sabía qué era y que después chocó con la realidad de que Alaric se había esfumado, coincide milimétricamente con mi propia experiencia.
Estoy seguro de haber visto con mis ojos que Alaric permanecía hablando con Mortimer y lo ayudaba a ponerse su cinturón, y después simplemente no pensé más en él, mi mente dejó de registrar su presencia, ni siquiera para recordarlo.
Eso no es normal. Logré percatarme de que él faltaba un instante antes de perder el conocimiento por lo que suponemos fue veneno en la espada de Mortimer.
Es un misterio que debemos considerar: ¿habrá utilizado algún tipo de hechizo en nosotros para nublar nuestra atención?
¿Cómo demonios hizo para desaparecer sin ser visto?
Puede que yo estuviera distraído con el duelo, pero Marco estaba atento justamente a ese tipo de situaciones, vigilando al resto de los presentes; es imposible que se le haya escapado a la vigilancia de mi Beta.
—Nena, ¿sabes con certeza si efectivamente fue Alaric quién te atacó a ti y a Sofer?
—Sí, Matt, fue él. Primero no sabía su nombre, pero le conté a Marco que era el hombre detrás de Mortimer y él dijo que ese era Alaric.
—Bueno, cariño, ¿y qué pasó exactamente? ¿Qué les hizo a ti y a Sofer? Cuéntame por favor, ¿estás completamente segura de que no estás herida?
Intento controlar mis impulsos de ir a cazar y destruir al maldito que se atrevió a ir a por mi mujer. Incluso si estuviera Mortimer otra vez enfrente de mí, lo volvería a matar una y mil veces solo por engendrar a ese bastardo de Alaric.