Capítulo 26 Matt #2
—Sí, Matt, estoy perfectamente bien. De verdad, nene, no te preocupes —me dice—.
Déjame explicarte lo que pasó. Nos encontrábamos conversando con Sofer, él intentaba amablemente entretenerme contándome algunas de sus historias para clamar mis nervios, cuando de repente entró Alaric al vestuario.
Nos quedamos totalmente estupefactos y de forma inmediata Sofer reaccionó con valentía, se puso enfrente de mí, protegiéndome con su cuerpo, e intentó echarlo de la estancia diciéndole con severidad que no tenía permitido estar ahí, pero ni siquiera lo dejó terminar la frase.
Alaric simplemente levantó su mano y, sin mediar absolutamente ninguna palabra, emitió un rayo negro que impactó de lleno en el pecho de Sofer, haciéndolo volar hacia atrás y caer inerte al piso.
En ese momento de terror pensé que ambos moriríamos.
Sofer estaba tirado a mis pies y no alcanzaba a escuchar los latidos de su corazón.
El estruendo del rayo negro había sido impresionante; me había dejado completamente aturdida y mis oídos zumbaban con violencia.
No sabía si por eso no escuchaba los latidos de Sofer o si era porque estaba muerto —con cada frase de Zoe, más me tenso por lo que tuvo que pasar—.
Luego, Alaric levantó su mano desnuda hacia mí.
Pensé que yo era la siguiente víctima, pero apareció una luz blanca de la nada, me cegó por completo y ya no recuerdo nada más sobre lo que pasó después.
Solo recuerdo abrir los ojos más tarde cuando Marco me llamaba intentado despertarme.
Alaric se atrevió a intentar asesinar a Zoe.
Lo tengo que encontrar; debo darle caza al imbécil.
Si algo malo le pasara a mi compañera, me volvería loco; no podría seguir viviendo en este mundo sin ella.
Elevo una plegaria silenciosa para que nunca nada la quite de mi lado.
Ella continúa acariciándome la espalda perezosamente; sabe perfectamente que procesar este ataque es muy duro para mí.
Marco permanece concentrado, pensando con la mirada fija en el suelo.
Es un gran estratega y seguramente ya debe de estar diseñando el plan de rastreo para dar con el paradero del malnacido.
Los tres miembros representantes del Consejo que están presentes también se muestran pensativos y serios; espero genuinamente haber tomado la decisión correcta con ellos y que su lealtad esté de mi lado.
Severo ya lo demostró con creces al tomar mis armas consagradas para defenderme sin que ellas lo quemaran, y los otros dos consejeros me transmite buenas sensaciones.
Y al parecer, Severo también confía en ellos, así que eso es otro punto a favor.
—¿Y qué pasó con Sofer? ¿Lo atendieron rápidamente? —pregunto, porque solo me han dicho que está estable y nada más.
—Cuando los encontré en el vestuario, Sofer tenía una gran quemadura en mitad de su pecho, así que, después de comprobar que tenía pulso, aunque bastante errático, llamé a emergencias.
Zoe estaba desmayada justo al lado de él, pero tras revisarla parecía no tener heridas visibles, así que la levanté y la recosté en tu sillón, y luego de llamarla insistentemente logré que recuperara el conocimiento.
Se despertó aturdida y asustada por Sofer, pero físicamente bien.
Cuando llegaron los oficiales de emergencias médicas lo atendieron a él y consiguieron estabilizarlo, pero dijeron que seguía inconsciente, que debían hacerle algunos estudios y que necesitaba curaciones en el hospital por las quemaduras.
Les permití que se lo llevaran, pero exigí que le asignaran custodia debido al ataque que había sufrido.
A Zoe no la atendieron, ella no dejo que la revisaran porque les dijo que estaba bien y, en ese preciso segundo en que salían con Sofer rumbo al hospital, aparecieron Antonio y Giuseppe a buscarme porque tú te habías desplomado en el cuadrilátero.
—Lo que no entiendo es cómo Alaric llegó hasta el vestuario.
Por la entrada del Alfa del Palazzo no podría haber pasado; además de los guardias, están las otras medidas de seguridad que deberían de hacer imposible que él pasara por ese sector.
Y desde el Recinto tendría que haber pasado al lado de ti, Marco, y de la posición de Severo.
Ustedes estaban parados en la entrada del corredor mientras se desarrollaba el duelo.
—Alfa, disculpe que interrumpa, pero yo tampoco vi salir a Alaric del Recinto —interviene Severo—, y esa misma sensación de que algo se me pasaba o de que había olvidado algo también la experimenté.
Sí Alaric fue hacia su vestidor por el corredor, la única opción sería que nos hubiera pasado a nuestro Beta y a mí justo por al lado, y le aseguro que yo no lo vi.
—Yo, señor, si le soy sincero, como éramos testigos del duelo, no tenía una vista clara de la entrada al corredor desde mi posición del cuadrilátero, pero si tenía la misma sensación que describen de que algo importante había olvidado o que algo faltaba, y tal como usted comentó no recordé más a Alaric después de sus intervenciones —dice Antonio.
—A mí me pasó exactamente lo mismo, no pensé más en él hasta que usted decapitó a Mortimer —dice Giuseppe.
Nos miramos entre todos, sin conseguir comprender por qué todos experimentamos lo mismo y nadie más vio a Alaric ni pensó en él durante el desarrollo del combate del Reto. Lo único que se me ocurre es que fuimos hechizados por él; a fin de cuentas, es un lobo híbrido con brujo negro.
—Matt, te juro por mi honor que yo no vi que pasara a mi lado —Marco aprieta los puños; está serio, se siente culpable por el descuido en el acceso al corredor.
—Lo sé, te creo, les creo a todos. Estoy más inclinado a pensar que debimos de ser hechizados de alguna manera a que fuera una coincidencia de que nadie lo viera o pensara más en él. Estoy seguro de que por eso lo olvidamos, por eso ha pasado junto a ti y Severo y no lo pudieron ver.
—Es verdad, probablemente el bastardo nos hechizó para que no lo viéramos —aporta Marco que está muy enojado.