Capítulo 25 Marco… y Matt #3
Apliqué mi voz con la fuerza justa para obligarlos a ejecutar exactamente lo que les pedí. Ellos se giraron con movimientos rígidos y Marco ocupó de inmediato su lugar detrás de mí, a mi derecha.
—Todavía no tengo la certeza sobre el papel que han jugado cada uno de ustedes en este golpe de Estado.
Pero sí sé que están involucrados y no se librarán tan fácilmente de las consecuencias.
Quedan detenidos formalmente mientras realizamos la correspondiente investigación criminal.
El Beta los llevará a los calabozos subterráneos del Palazzo.
Nosotros nos encargaremos de contactar con sus familias para informarles de su situación; les aclaro que no tienen derecho a llamadas, ni a ningún beneficio que yo no quiera otorgarles.
Deben recordar que soy la ley, juez y jurado en esta Manada.
Espero que les haya quedado perfectamente claro.
Si la investigación demuestra que esto solo ha sido un malentendido, serán liberados y emitiremos disculpas públicas formales, pero si descubrimos que su traición es real, no tendré el menor problema en aplicarles el castigo que considere conveniente acorde para sus faltas.
También quedan estrictamente incomunicados entre ustedes y el mundo exterior.
Hasta nuevo aviso, esperarán noticias mías en sus respectivos calabozos.
Unos cuantos consejeros parecieran a punto de desmayarse del pánico, pero Leonardo y Riccardo me miran fijamente, de forma desafiante, sin miedo, aparentemente confiados en que se librarán de esto.
Yo que ellos no estaría tan seguros. Con ellos dos empezaré mi investigación y seré implacable.
Le pido a Marco que los traslade a los calabozos y a ellos les ordeno seguirlo y obedecerlo en el trayecto, y lo hago a través de mi Voz de Alfa para erradicar cualquier tipo de intento de escape o agresión camino a sus calabozos.
E incluso refuerzo la obligatoriedad de no hablar de ninguna manera, verbal o mental, entre ellos, ni con nadie más.
Lo siguen obedientemente con paso rígido, pero a medida que se alejan hacia la salida lateral que los llevará a las calabozos, siento cómo emana furia densa de mis futuros primeros investigados.
Cuando pasan a unos metros cerca de Zoe, le dan a mi mujer una mirada de lo más desagradable; todos la devoran con los ojos, pero Leonardo y Riccardo parece casi que lo hicieran con lujuria; no me gusta para nada su actitud, mi lobo ruge internamente por arrancarles los ojos.
Aparece el personal forense oficial junto con el de seguridad de la manada mientras Marco se está encargando de encerrar a los detenidos en los calabozos.
Les pido que traten al Recinto como una escena del crimen.
Les informo detalladamente de que hubo un duelo por Reto al Alfa y por esa razón es qué encontrarán el cuerpo de Mortimer decapitado sobre la piedra volcánica del piso.
También le indico al oficial a cargo, que los lobos del público que estaban presenciando la sesión deben ser tratados, por ahora, en calidad de testigos oculares; luego al avanzar con la investigación sabremos si esa condición legal cambia al verificar si alguno ha tenido algún tipo de implicación directa en el complot, por eso deben tener especial atención en registrar y verificar sus datos antes de dejarlos salir del Palazzo.
Y finalmente, les recomiendo extrema precaución con la manipulación de la espada de Mortimer, porque sospechamos firmemente de que está envenenada.
Cuando Marco regresa de los calabozos subterráneos, tomo mis armas consagradas, mi cinturón y mi medallón del suelo donde quedaron tirados luego de mi transformación y me doy cuenta de que de diez miembros originales del Consejo, en ese instante solo tengo cuatro: tres representantes de nueve, Severo, Antonio y Giuseppe, junto con, por supuesto, con mi Beta y Vocero Marco.
De los otros seis escaños, tengo a cinco detenidos bajo sospecha y a uno decapitado en el piso.
Es increíble la cantidad de acontecimientos que han pasado en tan poco tiempo tras tomar el mando.
Reflexionando aún, les pido a los cuatro que todavía tengo, junto con Zoe, que me acompañen al vestidor privado para poner las ideas en orden y que los forenses puedan trabajar. Pero Marco me interrumpe.
—Tal vez, Matt, sería mejor ir a tu oficina en vez de a la salita que usamos de vestidor. Creo que ese espacio debería ser tratado también como una escena del crimen aislada por los forenses oficiales de la Manada.
—¿Una escena del crimen en mi vestuario privado?
¿Por qué razón? ¿Qué demonios pasó allí adentro?
—En ese momento mi mente empieza a atar cabos sueltos y me doy cuenta de la ausencia obvia del viejo escriba, así que sobresaltado inquiero lo que no estoy seguro de querer saber—. ¿Dónde diablos está Sofer?
—Pues veras… Matt…, Sofer y Zoe fueron emboscados y atacados en el vestidor por Alaric.
—¡¿Qué?! —grito con una furia animal, ni siquiera uso mi Voz de Alfa, pero igualmente resuena haciendo vibrar los cristales de todo el edificio.