El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 25 Marco… y Matt
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Capítulo 25 Marco… y Matt

MARCO…

Tal vez sea mejor usar ropa interior…

Zoe salió disparada al encuentro de Matt.

Nunca he visto a nadie moverse con semejante velocidad; apenas mis ojos alcanzaron a ver su silueta salir.

Parecía volar. Nosotros tres salimos corriendo detrás de ella.

Tengo que saber qué ha pasado. No lo entiendo; si Matt mató a Mortimer, ¿por qué razón se encuentra tan malherido?

¿Acaso habrá aparecido Alaric? Estamos entrando al Recinto y veo a Zoe empujar con brutalidad a Severo lejos de Matt.

Ha pensado que lo iba a herir, pero el Consejero sostiene las armas consagradas de nuestro Alfa y no podría empuñarlas sin quemarse hasta los huesos si su verdadera intención fuera atacarlo.

Esta es la mejor muestra de que está de nuestro lado.

Me acerco a ella despacio, con cautela, no quiero sobresaltarla; parece dispuesta a luchar a muerte con quien sea por defender a Matt.

Escucho el corazón de mi Alfa; está completamente agitado y su ritmo es irregular, a veces lento y otras rápido.

Sangra en abundancia por la profunda herida del pecho e incluso más por los pequeños cortes que vi que Mortimer le hizo en sus tobillos.

No es normal. Ahora que estoy lo suficientemente cerca, huelo el olor acre que desprende su sangre, incluso su color también es raro, cuando antes lo hirió, claramente vi como sus heridas se cerraban y no sangraban.

¿O lo habré imaginado? ¿Por qué ahora sangrará así?

No lo entiendo. Cada vez pasan cosas más extrañas.

Zoe me mira con desesperación y me pregunta qué hacer.

Me arrodillo a su lado sobre el charco de oscura sangre. Matt necesita atención médica urgente.

—¡Antonio, llama de inmediato a emergencias, que manden otra ambulancia, rápido!

—Sí, Beta, ahora mismo.

—Ya viene alguien a ayudarlo, Zoe —la intento tranquilizar, aunque yo no me sienta muy tranquilo.

—Está muy mal, Marco.

—Lo sé —le respondo, luego me dirijo a Severo—. ¿Te encuentras bien, Severo? ¿Qué demonios ha pasado con nuestro Alfa?

—Sí, estoy bien —me dice luego de levantarse de donde lo tiró Zoe y de inmediato se dirige a ella—. Disculpe, Luna, no estaba atacando al Alfa. Él se encuentra indefenso; yo solo me encargaba de protegerlo.

—Discúlpame tú a mí, pensé que lo ibas a atacar; cuéntanos ¿qué ha pasado?

—Mandé a llamar a nuestro Beta —explica Severo—.

Porque el Alfa terminó el duelo ganando, por supuesto; pero después simplemente cayó al piso inconsciente.

Los cortes en sus tobillos son pequeños, la herida más grande es la del pecho que se la hizo Mortimer cuando se transformó en lobo, pero no deberían de ser de gravedad para el Alfa.

Debería estar de pie. Las heridas tendrían que estar cicatrizando, pero no lo están.

—Efectivamente, no es normal que sangre así, ni que despida ese olor —digo, examinando el piso—. ¡Que nadie vaya a tocar la espada de Mortimer! Posiblemente el metal tenga veneno y eso esté atacando el sistema de nuestro Alfa.

Zoe no sabe qué hacer; ha acomodado la cabeza de Matt en su regazo y lo acaricia con desesperación.

Le habla suavemente, aunque él no da indicios de estar escuchando sus palabras.

Le repite que es fuerte, que es el Alfa, que tiene que luchar con todas sus fuerzas contra el veneno.

Ojalá que la ambulancia se apresure; Matt está cada vez más pálido.

Ella continúa acariciándole el rostro y, cuando pasa su muñeca cerca de la boca entreabierta de Matt, observo con asombro que a él se le alargan los colmillos de forma repentina.

Sus colmillos son largos, similares a los de un vampiro, pero a los lobos no se nos alargan los colmillos de esa manera.

Aunque claro, Matt tiene sangre de vampiro también, por el aporte a su genética de su abuela Sophie.

¿Será posible que su cuerpo esté experimentando sed de sangre?

Zoe debe pensar exactamente lo mismo, porque acerca más su muñeca a sus labios y aplica presión en su carne con los propios colmillos de Matt.

Su sangre brota al segundo y comienza a caer por la boca de él sin cesar.

Pasados unos instantes de agonía, Matt reacciona; levanta con brusquedad sus manos y toma el brazo de Zoe, clavando los colmillos profundamente en su muñeca, y comienza a beber con desesperación.

A medida que empieza a tragar la sangre, su cuerpo, que estaba pálido, blanco como la cera, va recuperando su tono bronceado e incluso comienza a resplandecer.

Es increíble lo que está sucediendo ante nuestros ojos.

Rompo mi túnica ceremonial y corto varios trozos de tela y con ellos me dedico a ir limpiando sus heridas.

Empiezo con los cortes de sus tobillos y, cuando los limpio se ve claramente como la carne se va cerrando por completo hasta desaparecer las marcas de su piel.

Después, con más trozos de tela, intento limpiarle el pecho expuesto.

Las perforaciones que le produjeron las garras de Mortimer son profundas, pero conforme las limpio, retirando la oscura sangre derramada, la herida deja de brotar líquido vital; incluso se ve que la carne y piel ya empiezan a regenerarse y cerrarse.

Es como si lo hiciera de adentro hacia afuera: la carne desgarrada se va conectando, hasta que finalmente todos vemos que se cierra por completo.

Matt sigue firmemente prendido a la vena de Zoe, aunque no succiona con intensidad salvaje como al principio; ahora lo hace de forma suave, casi parece que estuviera besando la piel de su muñeca.

No sé cuánta cantidad ha tomado, pero debe de ser bastante.

Zoe le susurra suavemente que tome todo lo que necesite para recuperarse, porque la vida sin su presencia no sería vida.

Le sigue acariciando el rostro; su mirada es de pura ternura devota.

Me percato de que muchos nos están mirando fijamente a los tres.

Veo que algunos consejeros pervertidos tienen incluso miradas lujuriosas en sus rostros.

Matt se encuentra completamente desnudo y beber directamente de Zoe lo ha excitado al límite.

Su miembro erguido apunta directamente a ella y su anatomía tensa delata que está al borde de una inminente liberación; va a tener un orgasmo delante de todos.

Huelo con total nitidez que Zoe también está excitada; desprende el aroma típico del sexo salvaje, incluso la veo apretar sus muslos buscando fricción de forma desesperada.

Ella también está buscando su propia liberación.

Hace apenas un instante mi amigo estaba muriendo en el suelo y, ahora mismo, están a punto de entregarse al clímax, ambos, frente a todo el mundo.

Zoe acerca sus labios al oído de Matt y le habla muy despacito; solo yo consigo captar algunas palabras y solo porque me encuentro muy cerca y mi oído de lobo es superior.

Le dice que su sangre huele rica, deliciosa otra vez, y que quiere que se introduzca en ella; quiere que vuelvan a follar para ser un solo ser.

Mierda, esto parece una película pornográfica. Debo detener esta locura de inmediato. Muchos están esperando con morbo para ver en qué momento, nuestro Alfa folla con nuestra Luna en el medio de su propio charco de sangre.

—Zoe, tal vez deberías dejar de darle de beber a Matt. Él ya se está recuperando y no creo que quiera darse cuenta de que tomó más de ti de lo necesario. Retira tu mano por favor, querida —le digo en voz baja para intentar detenerlos sin ser tan explícito ante la horda.

Por la fijeza de su mirada, me doy cuenta de que se niega; desea que él continúe prendido de su vena.

Se deben de sentir muy bien con lo que están experimentando como para detener el placer.

Finalmente su mente parece aclararse porque veo que ella levanta la vista y registra cómo todos los están mirando morbosamente, por lo que decide parar.

—Matt, cariño, debes dejar de beber. Necesito que pares, por favor.

Él mantiene los ojos cerrados y niega con la cabeza, reacio a soltarle la muñeca; en cambio, extiende una de sus manos hasta uno de los pechos de Zoe y comienza a estimularle un pezón con saña sobre la tela que lo cubre.

Esto cada vez se pone más difícil. Le digo a Zoe que lo vuelva a intentar, que pruebe otra vez.

—Nene, debes dejar de beber, me estás haciendo daño —le dice, y la mentira parece resultar.

Sé perfectamente que no le hacía daño, su rostro de absoluto placer la contradecía por completo, pero probablemente haya sido la única forma efectiva de frenar a mi amigo.

Él de inmediato la suelta apenas ella termina de pronunciar esas palabras y abre muy grande sus ojos.

Mira la muñeca de Zoe donde las heridas hechas por sus colmillos siguen goteando, y pasa su lengua por ellas, cerrándolas al segundo, y también retira la mano que tenía aferrada a uno de sus pechos.

—¿Estás bien, nena? —le pregunta con una voz sumamente ronca.

—Sí, nene, estoy bien. Ahora que tú estás bien, yo también lo estoy.

—¿Qué demonios pasó aquí? —pregunta Matt en general, barriendo con su mirada a todo el Reciento.