El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 24 Zoe… un rato antes. #2
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Capítulo 24 Zoe… un rato antes. #2

La criatura siniestra clava sus ojos vacíos, inyectados en una oscuridad antinatural, directamente en mí.

No sé si mató a Sofer o solo lo hirió. Intento agudizar mis sentidos, pero me resulta imposible escuchar los latidos de su corazón; el zumbido en mis oídos por el estruendo es insoportable y el pánico comienza a apoderarse de mí; estoy muy nerviosa.

Los que asumo que serán los últimos pensamientos de mi existencia se dirigen única y exclusivamente a Matt.

Deseo poder decirle otra vez que lo amo para siempre; pero observo con horror cómo este hombre levanta nuevamente su mano, me apunta y miro incrédula cómo una corriente de electricidad oscura se empieza a formar y materializarse en su palma.

Se dispone a lanzarme la misma descarga que a Sofer…

En ese preciso milisegundo de terror, una ráfaga de una luz muy blanca y cegadora estalla de la nada en la mitad de la salita.

Mis ojos vampíricos no consiguen registrar nada más que luz, una pureza luminosa que inunda todo, y de inmediato mis músculos ceden y simplemente me desplomo contra el suelo e indefectiblemente pierdo el conocimiento.

∞∞∞

Me da la ligera impresión de que estoy flotando en mitad de la nada.

¿Acaso he muerto? Me pregunto. Nadie sabe con certeza qué pasa con los vampiros cuando morimos; muchos creen que no vamos a ningún lado, simplemente dejamos de existir físicamente, y otros sostienen que hay algo más allá de la muerte.

En este instante estoy de acuerdo con estos últimos, porque si estoy muerta, sí hay algo más, porque siguen ocurriendo cosas a mi alrededor.

Percibo una superficie muy suave que está debajo de mi cuerpo…

siento mi cuerpo extraño… y alguien me está hablando, su voz suena desesperada.

Definitivamente no puedo estar muerta; estoy viva y alguien golpea suavemente mis mejillas y repite mi nombre, insistentemente, casi rozando el pánico.

Mis párpados se sienten pesados; quiero abrirlos pero no puedo.

Las ideas se me escapan en un torbellino.

Apenas consigo coordinar los músculos de mi boca y mover mis labios para emitir un susurro ahogado:

—¿Quién… quién está ahí?

—Zoe, por el amor de Dios, despierta ya. Soy Marco. Despierta Luna, por favor te lo suplico. Abre los ojos para mí, vamos, tienes que hacerlo por Matt.

La sola mención de ese nombre actúa como una descarga de adrenalina en mi cuerpo; abro los ojos de golpe y me incorporo rápidamente.

Mi mente se aclara en una fracción de segundo.

Recuerdo todo, cada detalle está claro en mis pensamientos: el violento hombre que entró en la salita y su rayo, Sofer desplomándose, Matt…

—¡Oh, Dios mío, Marco! ¿Sofer está muerto? —le pregunto, fijando mis ojos en el cuerpo del viejo escriba que yace en el suelo.

—No, aún respira, pero su pulso es errático, está malherido.

Ya mandé a llamar a emergencias. ¿Tú estás herida?

¿Te encuentras bien? Estabas tirada en el piso al lado de Sofer completamente inconsciente, pero no te encuentro heridas visibles.

Casi muero de pánico al verlos a los dos allí tirados cuando entré.

—Estoy perfectamente bien, solo siento un ligero mareo. ¿Dónde está Matt?

—En el Recinto, está concluyendo el duelo con Mortimer.

Le está dando la oportunidad de que se rinda; no quiere matarlo, pero Mortimer tiene ideas muy radicales.

Yo vigilaba el duelo, pero mi intuición me decía que faltaba algo, sentía la sensación de que debía recordar algún hecho.

Tuve que esforzarme, exprimir mis habilidades de rastreador al máximo, hasta que me di cuenta de que el hijo de Mortimer era el que no estaba en la sala.

No sé el por qué, pero por un momento olvidé completamente a Alaric.

Y eso es muy raro, así que salí disparado hacia aquí para verificar que estuvieras bien ¿Quién los atacó, Zoe? ¿Fue Alaric?

—No sé su nombre, pero quien nos atacó estaba en la sala, detrás de ese tal Mortimer.

—Sí, ese maldito es Alaric. No entiendo cómo demonios consiguió escabullirse del salón; yo estaba custodiando la entrada al corredor y no lo vi pasar en ningún momento. ¿Viste lo que le hizo a Sofer? ¿Sabes qué arma usó? ¿Y a ti? ¿Qué te hizo que te desmayaste?

—Sí, lo presencié todo, él le lanzó…

Nuestra conversación se ve interrumpida por el ingreso de personal vestido con uniformes de paramédicos de emergencias.

Marco les pide que nos revisen, pero les explico que estoy bien y quiero que se concentren en Sofer.

Ahora que el pánico se ha ido y no estoy tan asustada, puedo escuchar su corazón, pero el latido es alarmantemente débil.

—Explícame, Zoe —insiste Marco en voz baja mientras los paramédicos rasgan la túnica de Sofer y dejan a la vista las impresionantes quemaduras en su pecho—. Entonces, el bastardo atacó a Sofer y después ¿qué ocurrió?

—Después me apuntó directamente a mí, me iba a lanzar el mismo rayo y…

—¿Un rayo? ¿Me estás diciendo que Alaric les lanzó un rayo? —me interrumpe Marco con los ojos encendidos en una mezcla de desconcierto y furia.

—Sí, un rayo negro, entró y primero atacó a Sofer, cuando le lanzó el rayo todo el lugar vibró y el sonido fue estremecedor. ¿Ninguno de ustedes escuchó la explosión en el Recinto?

—No, yo no sentí nada, aunque el estrépito de las espadas era bastante fuerte, y todo el mundo estaba concentrado mirándolo. Así que, o no lo sintieron o si lo hicieron no les importó; tal vez ya sabían lo que estaba pasando acá.

—Te juro que pensé que sería mi fin —continúo, con la voz temblando levemente por el recuerdo. Incluso vi cómo le descarga de energía se formaba en su palma y el rayo se dirigía hacia la punta de los dedos que me apuntaban, pero después todo se tiñó de blanco y perdí el conocimiento.

—Todo es muy extraño. Deberíamos regresar con Matt, a esta altura el duelo ya debe de haber finalizado, debemos informarle de lo que pasó aquí.

Nos interrumpe un lobo del personal de emergencias y nos informa que Sofer está estable, pero no ha recuperado el conocimiento.

Deben trasladarlo rápidamente al hospital para poder atender sus quemaduras y para continuar tratándolo.

Marco acepta, pero les pide que por favor le coloquen seguridad para custodiarlo; no quiere correr ningún riesgo.

Les informa que luego irán con el Alfa para ver cómo evoluciona y hacerse cargo de la custodia.

Antes de retirarse con la camilla, insisten en atenderme, pero me niego; ya me siento bien y quiero que se apuren en atender a Sofer.

El personal se está terminado de retirar cuando entran dos personas atropelladamente a la salita; vienen pálidos y con sus respiraciones agitadas. Son miembros del Consejo.

—Beta, disculpe la interrupción —balbucea uno.

—¿Qué necesitan? ¿Ya terminó el duelo? —les pregunta Marco poniéndose en una posición donde claramente me cubre por completo con su cuerpo.

—Sí, señor, el combate ha terminado. El traidor Mortimer ha muerto, pero Severo nos envió a llamarlo urgentemente porque el Alfa ha caído; está muy malherido, desangrándose.

—¡NOOO! ¡MATT! —Libero un grito desgarrador que brota de lo profundo de mis entrañas al tiempo que intento contactarlo por nuestro lazo; solo hay silencio, un vacío absoluto que me estruja el corazón.

Salgo disparada de la salita hacia el Recinto, desatando la plenitud de mi nueva velocidad mejorada para llegar a él, devoro los metros en segundos con una desesperación salvaje. Mi corazón late desenfrenado. No puedo perder a Matt, me niego a hacerlo; no dejaré que me lo arrebaten.

Entro casi volando al Recinto del Palazzo y la escena que se estampa en mis ojos me hiela la sangre y me congela en el lugar: Matt yace tirado en el piso de piedra, completamente desnudo, pálido, y rodeado de un charco masivo de sangre.

Hay sangre por tantas partes. Me voy acercando lentamente, mientras el terror me recorre.

De reojo observo que a escasos metros está la cabeza decapitada de Mortimer y, cerca de Matt, el resto de su cuerpo.

Todos están paralizados. Hay un hombre sobre mi compañero; es otro de los miembros del Consejo.

Tiene una espada y una daga en sus manos.

No dejaré que lo toque, no dejaré que lo sigan lastimando.

Con toda mi fuerza arremeto contra el licántropo y lo empujo tan fuerte que sale despedido hacia atrás, impactando contra el suelo.

Me tiro de rodillas sobre el gran charco de sangre y levanto con desesperación el torso inerte de mi amado.

Pongo su cabeza pálida sobre mi regazo y acaricio su frente; agudizo mi oído y escucho en medio del silencio ensordecedor del Recinto, que su corazón late ralentizado, luchando contra la muerte. Aún late por mí.