Capítulo 22 Marco… y Matt #2
Al escucharlo hablar con ese fanatismo ciego, se parece a uno de esos locos radicales a punto de estallar una bomba en un atentado; parece incluso una criatura infinitamente más desquiciada que su propio padre.
—Y solo para aclarar en los registros —el tono de Matt es fulminante, denotando que se le ha agotado la paciencia—, ¿podrías explicar a los miembros del Consejo quién es tu madre?
—No sé a qué maldita cosa te refieres —responde Alaric, tensando los hombros; sí sabe perfectamente a qué se refiere Matt, aunque lo intentará esquivar—.
Yo no le debo explicaciones de mi vida privada a nadie, y menos a ti, híbrido sangre sucia.
Tú eres el único que está siendo juzgado aquí por tu falta de valor.
Porque tu maldita familia nos ensució mezclándonos con otra raza.
Debemos enfrentarnos ahora mismo y terminar de una vez con esta payasada de que te creas un Alfa.
—En eso estás trágicamente equivocado, Alaric. No solo me creo un Alfa; soy TU Alfa, y te aseguro que NO soy el único híbrido en esta sala. ¡Diles ahora mismo quién es tu madre!
Matt libera el impacto total de su voz de Alfa.
No podrá usarla durante el combate físico del Reto porque no está permitido, pero en este momento, aún tiene la facultad de usarla; el Reto no inicia formalmente y además lo está haciendo con el único propósito de desenmascararlos ante todos.
Alaric no tiene la menor oportunidad de resistir el imperativo; se ve obligado a cumplir lo que le ordenaron: confesar quien es su madre, quien es él realmente.
—Mi… mi… madre… es… es… —intenta con desesperación repeler la frecuencia mística de la voz de Matt, se esfuerza torciendo sus facciones, pero le resulta biológicamente imposible— es… una bruja negra.
El griterío y el caos estallan en la sala del Recinto.
Los miembros del Consejo y el público se ponen de pie, completamente estupefactos ante la revelación; no pueden creerlo.
La mayoría de los comentarios y exclamaciones son insidiosos: ¡No puede ser!
, ¿Mortimer, revolcándose con una bruja?
, ¿Al final, Alaric también es un híbrido?
, ¡Esto es una abominación, no puede estar pasando en nuestra Manada!
¡Todo por la decadencia y debilidad de Calo al tomar como compañera a una vampiresa, esa apertura dio lugar a que todos quisieran ensuciar nuestra sangre! ¡Encima con una maldita bruja negra!
Procedo a tomar notas mentales para arreglar cuentas después con todos los racistas y traidores que están hablando impunemente.
Solo permanecen en silencio absoluto tres miembros, que desde el inicio de la sesión vimos con Matt que no secundaban los dichos de Mortimer, a ellos también los tomo en cuenta pero, para lo contrario, al parecer son realmente aliados.
—Así que tu madre biológica es una bruja negra. Si nos basamos en el propio discurso purista de tu padre y el tuyo, tu sangre es infinitamente más sucia que la mía; yo soy un setenta y cinco por ciento lobo, tú apenas alcanzas el cincuenta por ciento, bastardo —sentencia Matt.
Fue un tremendo hallazgo haber utilizado ese nuevo kit rápido de ADN en la muestra de cabello que se guarda en el Registro de todos los miembros de la manada.
Si Sofer no hubiera empezado a divagar anoche, mientras analizábamos toda la documentación que estos traidores habían leído, sobre el regalo que le había hecho su amiga bruja, un nuevo invento para analizar ADN en minutos usando algún tipo de hechizo de magia blanca, no podríamos haber descubierto todo este entramado.
—¡No te atrevas a comparar mi sangre con la tuya!
—ruge Alaric, perdiendo los estribos—. La tuya fue una mezcla voluntaria y consentida por tus asquerosos abuelos.
En cambio, mi padre no pudo resistirse a los hechizos de dominación de esa maldita bruja negra, ella lo hechizó con magia oscura, obligándolo a follarla para concebirme, fue contra su voluntad.
¡Yo soy lobo por elección, y reniego de cualquier otro rastro de sangre en mi cuerpo!
¡Exijo continuar con el Reto de forma inmediata; no puedes escaparte de él!
—No, Alaric. No tengo la menor intención de escaparme de nada.
Es hora de que arreglemos cuentas de una vez por todas.
Aunque, antes de empezar, tal vez deberías preguntarles a los escaños del Consejo si están de acuerdo en que los represente un híbrido de bruja negra como tú.
Porque eso es exactamente lo que eres, aunque lloriquees y lo niegues.
Y puede que a ellos no les agrade que tú los representes en el Reto.
Mortimer, que se había quedado mudo por la humillación pública del secreto desenterrado, decide intervenir de inmediato al observar indicios claros de que el apoyo político hacia su hijo entre los consejeros está flaqueando drásticamente.
—No hace falta que Alaric nos represente.
!Yo mismo disputaré el combate del Reto!
Como yo fui quien emitió el Reto, es mi privilegio y lo tomaré ahora mismo.
Ya no soporto seguir viendo tu maldita cara de Capolupi.
Cuando corte tu cabeza y la ponga dentro de una caja, decidiré con calma si la tiró al fondo del Mediterráneo o se la envío a tus abuelos como obsequio.
Está gritando como un completo demente y, con cada palabra cargada de traición que agrega, se entierra más profundo en su propia tumba.
Matt tenía la intención altruista de perdonarles la vida si se rendían en el combate luego de escarmentarlos, pero después de escuchar semejantes ofensas, sé perfectamente que no habrá piedad alguna, yo no la tendría.
—Marco, pon en marcha el protocolo oficial del Reto. Voy a terminar con esta escoria ahora mismo —me ordena Matt, totalmente en modo Alfa; y un Alfa muy enojado y letal.
Me apresuro a obedecer la orden. Yo también quiero que estos traidores finalmente paguen tantas ofensas.
—Señores miembros del Consejo de Sicilia y público asistente a la sesión: en mi condición de Vocero del Consejo y actual Beta «legítimo» de la Manada de Sicilia —se los aclaro por si no entienden que lo que dice Matt, su Alfa, es ley—, dispongo que todos retiren sus asientos de inmediato.
El Recinto se convertirá en escenario del Reto.
Todos, los escaños y los lobos del público se dirigen con rapidez hacia los costados de la sala, arrastrando sus propias sillas y dejando la mesa de sesión vacía; son plenamente conscientes de que no perderemos el tiempo en llamar a personal de servicio para ello.
Acciono con fuerza las palancas de oro macizo ubicadas cerca de la entrada al corredor por donde se marcharon Zoe y Sofer.
Con un estrépito masivo de cadenas y engranajes oxidados por falta de uso, los mecanismos ocultos se mueven con violencia; la pesada mesa de sesiones se divide en dos secciones perfectas y el suelo se parte en el centro para engullirlas hacia los subsuelos.
El piso central desciende unos treinta centímetros de forma hidráulica y se desliza una nueva superficie de roca volcánica con marcas especiales pintadas para un Reto.
Es un cuadrilátero perfecto, delimitado por líneas rojas con prácticamente las mismas runas pintadas que estaban en la tarima del taller del Herrero.
En el centro exacto del marcado cuadrilátero resalta el Emblema de Armas de Sicilia.
Seguramente se pintó hace varios siglos cuando se erigió el Palazzo, a juzgar por lo descolorido del pigmento utilizado.
No tengo recuerdo sobre cuando fue el último Reto que se disputo aquí, si es que alguna vez lo hubo.
Con todo el escenario preparado para el combate final del Reto, continúo dirigiéndome a los presentes con voz grave y firme:
—Este Reto tiene que ocurrir. Presencien el combate a muerte entre el consejero Mortimer, representante de Palermo en calidad de retador, y nuestro Alfa legítimo, Matt Capolupi. El ganador tendrá a su cargo el destino de la Manada de Sicilia.
El desafío definitivo quedará zanjado aquí mismo, de una vez y para siempre.
∞∞∞
MATT
Marco ha ejecutado el protocolo de forma impecable.
Daré fin drástico a este golpe de Estado y exterminaré de una vez por todas las ideas segregacionistas de estos fanáticos.
Antes de descender al cuadrilátero y empezar el combate, contacto a Zoe por el vínculo.
Le explico con voz serena que entraré en combate formal por Reto y que, cuando acabe con esta escoria, iré personalmente por ella para marcharnos a casa.
Le pido que esté tranquila porque estoy preparado para salir victorioso.
Ella me promete quedarse resguardada con Sofer en la sala privada.
Me despido reforzando nuestra conexión con mi frase favorita:
—Te amo para siempre.
Ella finalmente me devuelve mis palabras exactas, tal como mi alma reclamaba:
—Yo también te amo para siempre.