Capítulo 21 Matt #3
—No me agrada en lo más mínimo tu tono, Mortimer.
Tratarás a la señorita Lucentezza con el respeto que merece cualquier persona de otra raza que no sea la nuestra.
Y en especial con la señorita Lucentezza que pertenece a la familia Real de los Vampiros, deberías recordarlo.
Además, no tolero la discriminación ni el racismo de ningún tipo en mi manada.
Es una lección de civilización que ya deberías haber aprendido a tu edad.
Y detesto tener que repetirme, pero te recuerdo que el único que dicta las órdenes en este territorio soy yo.
Si yo decido que ella esté presente en esta sesión, aquí se quedará y eso no es un punto sujeto a discusión.
Ahora, concluye lo que tienes que decir—pienso poner a este estúpido en su lugar hasta que lo asimile.
—No ha sido nuestra intención socavar su autoridad, Alfa, ni discriminar a nadie —habla deliberadamente en plural, como si todos pensaran lo mismo y ese detalle no pasa desapercibido para mí.
No sé si solo intenta escudarse en el anonimato del grupo o si realmente refleja el pensar de varios—.
Lo que sostenemos firmemente es que debemos mantenernos unidos como especie, sin interferencias genéticas con nuestras familias.
Lobos con lobos. El contacto con otras razas debe restringirse estrictamente al plano de los negocios o la diplomacia social, para nuestro propio beneficio, por supuesto.
Pero no podemos permitir que interfieran con nuestras costumbres ancestrales; esas razas no están a nuestra altura evolutiva.
Deben entender de una vez por todas que la raza licántropa es superior.
Solo la sangre pura de lobo debe de estar en la cima de la sociedad —lo dejo terminar, porque quiero ver hasta dónde va a llegar este demente—.
Todo intento de mestizaje o cruce afectivo debería ser severamente castigado por la ley de la manada.
Obviamente, que nos referimos a las uniones de ahora en adelante; al estar usted asumiendo el mando bajo la promesa a su abuelo, no exigimos disolver núcleos familiares mixtos ya consolidados en el pasado, no somos irracionales por supuesto—si, como no, pienso—.
Pero es hora de hacer lo correcto, ya suficientes problemas, tragedias y muertes, nos han acarreado las alianzas con otras razas en los siglos previos como para permitir que se nos acerquen de nuevo para contaminar los linajes.
Nuestra sangre debe de ser limpiada y purificada, solo la sangre de lobo debe dominar la cima de la sociedad.
No puedo creer la sarta de barbaridades que ha dicho y que lamentablemente Zoe ha escuchado.
Cuando Mortimer finalmente termina su discurso segregacionista, a excepción de tres consejeros que lo miran con incredulidad, el resto de los miembros asienten con la cabeza en señal de acuerdo; incluso Alaric lo hace desde atrás.
Son una sarta de fanáticos radicales obsesionados con la pureza de la sangre de lobo.
—Muy bien, Mortimer. Ahora que has terminado de escupir tu discurso, lo desecho por lo que verdaderamente es: una completa basura.
Pareces olvidar un detalle fundamental: yo mismo soy un lobo híbrido y soy tu Alfa legítimo.
Mi sangre no necesita limpieza o purificación, cómo no la necesita la de nadie en esta sala, aunque con gusto haría una excepción con la tuya para limpiarte la ignorancia por cómo te expresas —él intenta interrumpirme abriendo su boca, pero libero el rugido de mi voz de Alfa azotándolo con mi poder—.
¡No hablarás una sola palabra hasta que termine!
Otra realidad histórica que pareces olvidar deliberadamente es que mi abuela, «tu anterior Luna», es vampiresa —con esta frase les doy una pista de lo que se viene a continuación—.
Y respecto a la promesa hecha a mi abuelo, que aunque es un asunto privado entre él y yo del que nadie puede juzgar, les aclaro que queda totalmente descartada por el simple hecho de que ya me he vinculado, y ni este Consejo ni nadie tienen absolutamente nada que opinar al respecto.
Zoe Lucentezza, es mi compañera de vida, es una vampiresa real y de ahora en adelante, la nueva Luna de la Manada de Sicilia.
El estallido de susurros, maldiciones y exclamaciones de pánico es masivo en la sala. Lo corto en seco con un estruendo de mi energía.
—¡SILENCIO! —ordeno, y la vibración obliga a cada lobo a callarse al unísono—. Zoe, cariño, ven aquí.
Ella abandona las espaldas de Sofer y avanza acercándose con su andar elegante, aristocrático y sensual.
El escriba la contempla con el semblante de un padre profundamente orgulloso al verla dirigirse hacia mí; al fin y al cabo, ha sido él quien ha escoltado a la legítima Luna al corazón del Consejo.
—Aquí estoy, Matt —me dice en un susurro, subiendo a la tarima para colocarse a mi lado y tomar mi mano con firmeza.
—Zoe, nueva Luna de la Manada de Sicilia, te presento formalmente al Consejo.
—Un verdadero placer, señores —los saluda ella con una cortesía impecable pero una mirada gélida. Es una verdadera «Princesa de Sangre» dirigiéndose a sus súbditos, varios de ellos, al parecer, rebeldes. Los tendremos que llamar al orden.
El silencio que inunda el Recinto es ensordecedor, y esta vez no he tenido la menor necesidad de activar mi voz de Alfa.