Capítulo 21 Matt #2
Yo sí inhalo profundamente y, entre el olor a maderas, metales y lobos, capto una fragancia inconfundible…
y no es de lobo precisamente… hay una vampiresa entre los presentes.
Zoe está camuflada detrás del escaño de Sofer y me observa con una sonrisa descarada en los labios.
La muy astuta encontró la forma exacta de infiltrarse en la sesión a pesar de que le dije que no viniera; debió haber engatusado al pobre Sofer aprovechando la debilidad paternal que el viejo escriba siente por ella.
Esta noche voy a tener que castigarla muy duro en la cama; pienso invertir los términos de la cena y seré yo quien devore cada centímetro de su carne sobre las sábanas.
Pero primero debo salir vivo de este lugar; no puedo permitirme la menor distracción de mi cometido.
Le ordeno a través de nuestro lazo mental que no se involucre, le exijo que se mantenga a salvo y no intervenga bajo ningún concepto y que confié en mí, Concluyo el mensaje transmitiéndole mis sentimientos más puros: «Te amo para siempre».
Ella no articula palabra, pero me mira fijamente y asiente con el rostro conmovido.
Sé que Sofer la mantendrá a salvo pase lo que pase; a pesar de sus siglos, el viejo escriba es un lobo fuerte que físicamente no tiene más de cuarenta años como todos los lobos adultos, solo sus formas ancestrales demuestran su edad, pero es un lobo formidable que se entrena con regularidad como parte de sus obligaciones estrictas de custodia del Archivo.
Dejo a Zoe en un rincón especial de mi mente y me giro para encarar directamente al Consejo y desenmascarar a los traidores.
—Buenas tardes a todos. Pueden tomar asiento.
Utilizo un matiz controlado de mi Voz de Alfa para proyectar una determinación biológica en la orden.
Todos en la sala obedecen al unísono, incluso Zoe lo hace.
He tenido un cuidado minucioso de no afectar con la frecuencia de mi voz ni a ella, ni a Marco, ni a Sofer; confío en que se haya sentado puramente por su propia voluntad.
Los únicos de pie, somos Marco y yo, que estamos ubicados en la tarima que se eleva por encima del resto, otorgándonos una vista panorámica de absolutamente todos.
Los miro con frialdad y rompo el silencio del Recinto…
—Quiero informar oficialmente que Marco, tal como su padre lo fue para mi abuelo, será mi Beta. Ya lo designé y se encuentra plenamente en funciones. Posteriormente se les notificará la fecha de la ceremonia ritual formal. Procede a registrar la directiva, Sofer.
—Entendido, Alfa. Con mucho gusto. —Sofer escribe con rapidez en sus pergaminos de actas para luego transcribirlos en los libros del registro correspondiente.
Observo al hijo de Mortimer esbozar un sonrisa de absoluta suficiencia; el muy imbécil debe de estar convencido de que esa ceremonia jamás se llevará a cabo porque tiene la ridícula fantasía de que lograrán derrocarme hoy mismo. Está trágicamente equivocado.
—Aclarado este punto —continúo, clavando particularmente mis ojos dorados en los que creo que son los instigadores—, me gustaría saber: ¿quién de ustedes va a tomar la palabra para decirme en la cara lo que enviaron a exigirme con Marco?
—Yo tomo la palabra, Matt —responde Mortimer con altanería.
—Me llamarás Alfa, representante de Palermo. Yo no soy «Matt» para ti. Dirígete a mí por mi título —con eso establezco los límites, esperando que vaya asimilando el tono implacable de la reunión.
—Pido disculpas, Alfa. No fue mi intención ofenderlo —responde Mortimer, apretando los puños con rabia—. Cómo le decía, habíamos enviado a Marco a…
—Lo llamarás Beta. Él tampoco es «Marco» para ti.
—Disculpas de nuevo, Alfa —suelta prácticamente mordiéndose la lengua de la furia—.
Le decía que le habíamos solicitado —por su tono, el maldito, quiere darse aires— a su ahora Beta que entablara una conversación con usted.
Como es de público conocimiento para esta comunidad, los miembros de este Consejo tenemos plena constancia de la promesa de honor que usted le hizo a nuestro anterior Alfa con respecto a su obligación de buscar pareja entre las lobas.
En estricta concordancia con ese juramento, y al haber autorizado a su abuelo a que le cediera el mando, es que exigimos...
—Permíteme interrumpirte de nuevo, Mortimer —le corto, dejando que mi energía azote al Recinto—.
El Consejo de la Manada NO autorizó absolutamente nada.
Mi abuelo, en su condición de Alfa poseía todo el poder sobre esta Manada, poder que ahora me pertenece a mi por completo.
Él simplemente le informó al Consejo por pura cortesía y buena voluntad sobre sus intenciones de retiro, pero que te quede claro, Mortimer —vuelvo a utilizar su nombre para demostrarle que yo lo puedo llamar como quiera—.
Te aclaro a ti y a cualquiera que no esté bien informado o ignore las normas de esta Manada: el Consejo NO toma decisiones en la Manada de Sicilia.
Las decisiones las toma única y exclusivamente el Alfa.
El Consejo existe únicamente para apoyarlo y, en todo caso, elevar sugerencias.
Aquí solo el Alfa manda. Puedes continuar con tu discurso, te seguiré escuchando —observo que parece que tanto Mortimer como Alaric se han tragado un sorbo de vino avinagrado por las muecas que hacen.
—Disculpe si no me expresé con los términos correctos, Alfa —dice Mortimer exhalando veneno en su voz; estoy seguro de que en toda su maldita existencia jamás había tenido que pedir tantas disculpas seguidas—.
Lo que el Consejo le quiere «sugerir» —remarca la palabra con un tono bastante altanero; al parecer voy a tener que doblegar su soberbia varias veces antes de terminar— es que emita nuevas directivas de pureza basadas en la promesa dada por usted al anterior Alfa.
Queremos sugerirle que esas directivas insten a que los lobos de Sicilia mantengan sus lazos reproductivos y afectivos estrictamente entre sus pares, prohibiendo por completo las relaciones fraternales o amorosas con vampiros, brujas o cualquier otra raza inferior.
Es la hora exacta de hacer una limpieza de sangre en el territorio.
Por ejemplo, este Consejo no comprende qué hace esta vampiresa aquí, en nuestro sagrado Recinto —dice el maldito señalando directamente con su dedo a Zoe—.
Sofer alega que se encuentra presente por orden directa suya, pero no es correcto, diría que es una aberración protocolar; es una tremenda imprudencia que una vampiresa este presente en una reunión oficial donde se tratan temas de lobos.
No estamos en una empresa donde se pueden mezclar las razas a conveniencia comercial. Usted debería echarla de inmediato.
Zoe me pide perdón inmediatamente a través del lazo mental por la mentira y me ruega que no descargue mi furia y me desquite con Sofer.
La tranquilizo enviándole una sutil caricia mental, aunque no le respondo nada concreto; sigo diseñando, gracias a la compartimentación, el correctivo erótico para las horas nocturnas, y quiero dejarla un poco en ascuas, pero sí estoy seguro de que será un castigo que ambos disfrutaremos.