El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 21 Matt
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Capítulo 21 Matt

A veces hay que poner a la gente en su lugar…

Llegamos al edificio imponente donde se llevará a cabo la sesión.

Se conoce como «Palazzo del Consiglio di Manada»; es una fortificación monumental que nuestros ancestros comenzaron a erigir unas cinco décadas antes de que los humanos construyeran la residencia real más antigua de Europa: el «Palazzo dei Normanni».

Nuestro Palazzo, nuestro edificio de manada, lo levantamos con bloques macizos desde los cimientos; en cambio, el de los humanos fue erigido sobre ruinas que los árabes utilizaron en el siglo IX como base militar.

El nuestro seguirá estando en pie, impecable, muchos siglos después de que el de los humanos colapse y se convierta en polvo, pues posee una ingeniería superior en su estructura y cuenta con runas de protección eterna que brujas blancas tejieron durante su edificación.

Es absolutamente indestructible, a tal punto que tengo la certeza de que, si el Etna decidiera entrar en una erupción masiva como el Vesubio hizo con Pompeya, la lava simplemente se desviaría esquivando los muros del Palazzo.

Entramos por el sector subterráneo dedicado exclusivamente al Alfa.

No existen muchos accesos a esta zona restringida y todos están fuertemente custodiados por guardias de seguridad de la manada.

Le preguntamos a uno de los oficiales si se llevó a cabo la reunión previa que Alaric había convocado, y nos informó que al parecer tuvo que ser cancelada por falta de miembros presentes para llegar al cuórum legal.

Además de Marco y Sofer, será sumamente interesante averiguar quiénes faltaron y no les siguieron el juego a los traidores.

Nos dirigimos a la que ahora es mi sala privada de preparación, básicamente un vestidor formal.

Aquí solíamos vestirnos para las reuniones con mi abuelo.

En los armarios empotrados se resguardan las vestimentas de Alfa y las prendas que yo utilizaba anteriormente como Heredero.

Marco me sigue tras pasar por su sala privada —la que perteneció a su padre, y ahora él utiliza en su rol como Vocero del Consejo—.

Le he pedido explícitamente que traiga las vestimentas oficiales del Beta que se custodian allí; quiero que las vista hoy mismo porque aprovecharé la sesión para hacer el anuncio formal de mi elección.

No perderé la oportunidad de demostrarles que estoy en plena posesión de mi cargo anunciando mis decisiones de autoridad a los miembros; la ceremonia formal del Beta podrá esperar para después, pero el anuncio será hoy.

Nos vestimos en un silencio sepulcral. Me gustaría comunicarme con mis abuelos y conectarlos para que me escuchen llevar adelante esta sesión, pero están ocupados en Roma, concentrados en los interrogatorios, así que no los molestaré, y esperaré a que ellos me contacten cuando tengan noticias que comunicarme.

Jamás imaginé tener que aplacar una rebelión apenas unos días después de asumir el mando.

Quisiera estar concentrado única y exclusivamente en Zoe, pero las responsabilidades de ser Alfa no se toman a la ligera y las voy a asumir como se debe; este cargo está predestinado en mi nacimiento y formación.

Aun así, si en algún momento de mi vida me viera obligado a elegir entre el mando de la manada y la vida de ella, la balanza se inclinaría hacia su dirección sin el menor titubeo.

Mi túnica ceremonial con bordados rúnicos de la manada es de un color granate espeso, tan oscuro que parece sangre.

De inmediato me hace evocar la fluidez del néctar que Zoe extrae de mi cuello.

Cruza por mi mente un pensamiento salvaje: desearía beber de su propia sangre vampírica; no le encuentro motivo ni lógica, tal vez es solo la necesidad animal de estar vinculado a ella en cada plano posible de la existencia.

Me ajusto el cinturón ceremonial de oro pesado y platino, incrustado con piedras preciosas como los más raros diamantes de colores rojo, azul y rosa, junto con rubíes y esmeraldas, es el que mi abuelo me entregó en la ceremonia.

A efectos prácticos, este cinturón es mi corona de Alfa, y tiene solo lo mejor y más valioso, como lo son los diamantes tan extraños de color rojo que se encuentran entre los menos de treinta que existen en todo el mundo.

Con él ceñido a la túnica, la tela se amolda marcando la anchura de mis hombros y resaltando mis músculos.

Tomo del estuche de cuero mi nueva espada forjada por el Herrero y la cuelgo firmemente del cinturón; hago exactamente lo mismo con la daga de plata.

El aspecto visual de las Armas de Alfa es sencillamente letal.

Mortimer y su hijo van a tener que pensárselo muy bien si realmente pretenden retarme.

Habitualmente simplificamos la vestimenta en estas sesiones utilizando únicamente las bandas de rango sobre ropa formal común, dejando las túnicas pesadas y los cinturones ceremoniales para actos puramente protocolares, pero quiero que todos entiendan, con solo mirarme, que pienso definir los términos de mi liderazgo aquí mismo.

Me coloco al cuello el pesado Medallón de Alfa que mi abuelo me entregó en la ceremonia de asunción; sentir el metal vibrando contra mi pecho me acerca a él y a su fuerza.

La daga original del traspaso la dejo resguardada en la caja fuerte con su pequeña funda de terciopelo; ahora tengo la obsequiada por el Herrero y no quiero manchar la ceremonial con sangre traidora.

Marco se ha colocado la túnica de Beta, de un tono granate más claro; era la misma prenda que vestía su padre cuando era el Beta de mi abuelo.

Nadie la ha vuelto a usar desde que él fue asesinado en el atentado.

En las ocasiones en que cumplí algunas de sus funciones, usé la de Heredero.

Esta ha estado guardada esperando al nuevo Beta, esperando el regreso al linaje legítimo; Marco finalmente la porta con el orgullo que merece.

Se ha puesto su cinturón de Vocero y sus armas personales.

Cuando hagamos la ceremonia ritual recibirá todos los atributos correspondientes: las «Armas de Beta» y su cinturón.

Este tipo de armamento puede heredarse, de Alfa a Alfa o de Beta a Beta, pero la energía fluye con mayor devastación cuando son forjadas especialmente para el portador actual.

Le encargaré al Herrero que forje unas para Marco y que también le diseñe las fundas de plata para sus garras; él se ha ganado eso y más por su lealtad inquebrantable.

Repasamos la estrategia una última vez y, siendo casi la hora pautada, nos dirigimos por el acceso directo que conecta con el Recinto del Consejo.

A las dieciséis horas en punto, cruzo el umbral de la sala con Marco a mi espalda resguardando mi retaguardia.

Todos se levantan como lo suelen hacer los humanos en sus cortes cuando entra un juez; tienen que seguir el protocolo por más que les pese.

Ya se encontraban todos los miembros ubicados en sus respectivos escaños, e incluso un grupo considerable de lobos que asisten en calidad de público estaban en un costado en el sector fijado para eso, no sé quién los invitó, pero no es algo inusual, incluso, cómo las sesiones se deben publicar en un boletín informativo, puede que se hayan enterado por ese medio.

Los miembros del Consejo nos miran con absoluto desconcierto; ellos solo visten sus bandas de rango sobre sus trajes comunes y no esperaban en lo más mínimo vernos ingresar con toda la vestimenta oficial, incluidas las armas.

Eso les dará algo sustancioso en qué pensar y marcará de forma drástica el tono de la sesión.

Muchas miradas inquisitivas se clavan en Marco. Todos pensaban que estaba furioso conmigo por mi negativa a emitir el decreto segregacionista, al parecer les resulta imposible comprender por qué se presenta vistiendo los colores de mi Beta legítimo.

Una de las facultades biológicas del Alfa es la capacidad de detectar la animosidad ambiental de forma física, un don sensorial que se agudiza drásticamente al portar las Armas de Alfa.

Era un recurso muy útil cuando Alfas del pasado libraban guerras territoriales o dirimían conflictos.

Mi abuelo se solía lamentar por no poder cargar siempre un arma para usar está habilidad más seguido; yo no tendré esa limitación, las garras retráctiles de plata consagradas ya se fusionaron en mi carne y las llevaré conmigo siempre, lo que me permitirá usar esta facultad en todo momento.

Lástima que mi abuelo no pensó en usarlas; tal vez podría haber detectado lo que se está entretejiendo en el Consejo…

el complot está en el aire, lo estoy oliendo.

La mayor parte del Consejo está en contra, irradian una hostilidad densa; es como si pudiera saborear en el paladar el odio y la traición hacia el Alfa.

No es un termómetro riguroso, ni puedo detectar bien de quien proviene con exactitud entre tantas personas, al menos ahora que recién estoy usando esta habilidad por primera vez, pero sí hay algo que resalta y es que el foco de mayor animosidad proviene directamente del sector donde están, Mortimer y su hijo Alaric, ubicado detrás de él.

El silencio en el Recinto es sepulcral. Nadie se atreve a emitir una sola palabra; incluso me aventuro a decir que muchos no intentan siquiera respirar.