El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 20 Matt… esa mañana. #2
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Capítulo 20 Matt… esa mañana. #2

El Herrero me entrega un estuche reforzado de cuero para colocarlas y trasladarlas.

Me advierte seriamente que nadie debe tocarlas de manera directa; ya que el poder concentrado del Alfa los quemaría hasta el hueso.

Solo alguien que busque únicamente protegerme podrá hacerlo sin sufrir consecuencias.

Después me enseña las armas destinadas a mi forma de lobo: unas fundas de plata pura diseñadas para mis garras.

Me indica que debo transformarme con ellas puestas en mis dedos índices y recitar el ritual mentalmente, modificando el texto por «garras retráctiles».

Lo miro intrigado por el nombre de las armas para mi lobo, y él me explica que, una vez activadas, las garras se retraerán en mi propio cuerpo.

No serán visibles a simple vista; solo aparecerán cuando yo lo desee, tanto en mi forma humana como en mi forma de lobo.

Me informa que el ataque con ellas no solo desgarrará carne, piel y hueso, sino que el poder del Alfa quemará internamente al agresor.

Y no requieren que me haga un nuevo corte para activarlas; como estarán en permanente contacto subdérmico con mi sangre, eso les otorgará suministro constante de poder.

Me desvisto por completo, me coloco las fundas de plata en los dedos como me explicó y provoco la transformación mientras recito el ritual en mi mente y finalmente las garras resplandecen con un fuego que no me quema. Ya son Armas de Alfa.

Siempre me ha fascinado mi forma de lobo.

Tenía planeado, para después de mi asunción, ir a la propiedad que tenemos cerca del Etna.

Hay suficiente soledad y hectáreas libres como para correr como lobo, pero nada ha salido según lo planeado: el vínculo, la promesa rota a mi abuelo y ahora un golpe de Estado.

Mi forma de lobo, ya con el poder del Alfa que habita en mí, ha crecido descomunalmente en tamaño; mis músculos son infinitamente más densos y fuertes.

Me gustaría que mis padres pudieran verme en este estado.

Me sienta bien el poder; llevo el linaje de mi familia con un orgullo feroz y mi cuerpo de lobo es sencillamente formidable.

Miro mis patas delanteras y observo cómo la plata se fundió por completo con mi anatomía; las garras retráctiles son parte de mí ahora.

Les ordeno mentalmente que desaparezcan y se retraen bajo la carne de inmediato dejando a la vista mis igualmente poderosas garras de lobo; vuelven a emerger cuando lo deseo.

Marco está exultante mirándome; me pide por nuestra conexión mental si el Beta también puede tener unas así.

Me burlo de él y le respondo que pensaré con calma si las merece.

Por un breve instante me siento completamente libre, feliz.

Siempre experimento esa plenitud a cuatro patas y, aunque debo concentrarme para el conflicto que se avecina hoy, ya estoy soñando con el momento en que pueda presumirle mi lobo a mi Luna; quiero que Zoe vea la majestuosidad de mi bestia.

Regreso a mi forma humana y procedo a vestirme.

Marco sonríe socarronamente porque he estado desnudo frente a ellos sin el menor reparo.

Agradezco profundamente al Herrero por su impecable trabajo en tan poco tiempo, y por su valioso regalo; él me desea suerte y me promete decorar la empuñadura de la daga en otra oportunidad, pero por ahora es más que perfecta, solo necesito que sea letal y funcional a mí.

Nos dirigimos a mi auto. Tenemos que pasar rápidamente por la casa de Marco antes de ir a la reunión.

Recogeremos unos archivos confidenciales que él guardo allí para llevarlos al Recinto, iremos a la lucha en esta batalla portando diferentes armas: tanto en papel, cómo lo son nuestras leyes, como en metal, con mi espada y daga, y usaremos las que sean necesarias.

En el trayecto, Zoe me contacta por teléfono para contarme lo que descubrieron junto a Sofer y las sospechas que tienen y que ya han hablado con mis abuelos sobre el tema.

Al parecer, el maldito de Mortimer tiene tentáculos y cómplices por todos lados.

También me revela que el escriba está sufriendo un extraño bloqueo mental cada vez que intenta profundizar en su memoria sobre los registros alterados que han analizado.

Le pido de inmediato que le indique que descanse; este tipo de síntoma ha llamado poderosamente mi atención.

Cuando me vuelve a consultar sobre acompañarme a la reunión, le digo una pequeña mentira para evitar que vaya; le explico que estoy muy lejos —lo cual es parcialmente cierto—, por lo que no tendré tiempo de pasar a buscarla y no quiero que vaya sola al Recinto.

Incluso cancelo nuestro almuerzo debido a que el ritual de la fragua nos retrasó demasiado —demonios, ni siquiera comí mi emparedado, ni tome el té que Jeffrey preparó para mí; tendré que hacerlo antes de la reunión.

Consagrar las armas llevó más tiempo del previsto, no me agrada andar con los minutos contados y creo que mi tono fue demasiado cortante al teléfono, pero la necesito lo más lejos posible del Recinto, no voy a arriesgarla bajo ninguna circunstancia.

Cuando salimos de la propiedad de Marco hacia el edificio de la manada, vuelvo a contactarla mentalmente; no me agradó como terminó nuestra llamada anterior.

Le pregunto por Sofer y me responde que el viejo escriba ya salió hacia allá porque se encontraba mucho mejor y que ella estaba ocupada con pendientes de la inauguración de París.

La percibo esquiva; debe de estar furiosa conmigo por haberla marginado de esto, y detesto sentirla distante.

Me disculpo sinceramente y le propongo una cena íntima en nuestro cuarto, prometiéndole de forma juguetona que podrá utilizar mi propio cuerpo como mesa para comer; ella se ríe y eso me devuelve la tranquilidad, sabe perfectamente que más que castigo para mí, es un beneficio erótico del que ambos disfrutaremos al límite.

Nos despedimos y le digo mi frase favorita para con ella:

—Te amo para siempre.

Ojalá esto no sea una despedida definitiva, pero no puedo negar que me estoy dirigiendo directamente a una carnicería.

Mi instinto me dice que tenga cuidado, a pesar de que tengo una fe ciega en mis habilidades como Alfa, debo reconocer que me estoy encaminando a un Reto formal, y el Reto aquí es a muerte.