El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 19 Zoe #2
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Capítulo 19 Zoe #2

—Señorita Zoe, buenos días —me saluda con deferencia—; ¿cómo se encuentra usted? El Alfa me pidió que la asista. Me facilitó los nombres de dos lobos a investigar, así que recopilé y traje todo lo necesario. Como yo mismo hago las entradas al Registro, será fácil encontrarlas.

—Buenos días, Sofer, me encuentro bien, gracias —le respondo—. Es muy amable, aprecio su ayuda. Aquí tiene café, puede servirse. Estoy algo perdida, así que su ayuda será muy valiosa.

—Claro que sí, señorita, la ayudaré en todo lo que pueda. Creo que debería ver específicamente estos dos documentos, si es tan amable, le explicaré…

Pasamos la mañana analizando un montón de registros.

Descubrimos que estos empleados pidieron irse de Sicilia al día siguiente del atentado contra los padres de Matt y Marco.

Por eso Calo no lo sabía: estaba lidiando con su duelo y seguramente se delegaron más funciones de las normales en el Consejo.

Al analizar la copia del documento autorizante, observamos que la firma del consejero estaba borrada.

Sofer estaba consternado: en todos sus siglos de servicio decia que nunca había pasado algo así.

No figuraba en el papel de puño y letra, ni en el obtenido del sistema de transcripciones que ya tiene incorporada tecnología y es muy fiable, pero el nombre no estaba.

Sofer intentó recordar, pero su memoria tan prodigiosa no funcionaba; era como encontrarse con una pared negra, impenetrable.

Si forzaba sus capacidades, le parecía ver unas letras «i», «r» y posiblemente una «m», pero no estaba seguro.

Lo perturbaba enormemente no recordar un registro que él mismo hizo; su memoria casi fotográfica jamás había fallado.

Estuvo meditando un poco, hizo unos ejercicios de respiración y concentró toda su energía en recordar, y ahí fue cuando tuvo la sospecha de que el nombre de la firma podría ser: Mortimer.

Pero en el segundo que formaba esa idea en su mente, su cabeza comenzaba a latir y no podía seguir.

Le pedí que se sentara, se relajara e intentará no pensar en eso, que procurara desviar sus pensamientos a otra dirección para proteger su salud; me preocupaba su semblante.

De inmediato me puse al teléfono con Calo y Sophie, y les brindé detalles sobre la información hallada.

En el Archivo de Roma pasaba lo mismo: no estaba la firma autorizante, y el Escriba de ellos tampoco recordaba; por lo que justamente estaban por entrar a una sala de reuniones del hotel donde los esperaban estos dos lobos a los que iban a interrogar y no irían solos, sino que Lucius los acompañaría porque él también quería saber qué estaba pasando.

Obtendrían respuestas de esos lobos y nos contactarían para informarnos más tarde.

Luego contacte a Matt por teléfono; no quise usar el vínculo delante de Sofer.

No me había dicho si ya le había contado lo nuestro y preferí actuar con discreción.

Le informé sobre las sospechas que teníamos sobre que posiblemente Mortimer estuviera implicado con lo de Roma y lo que le pasaba al escriba con su bloqueo.

Mientras hablábamos, me llegó un mensaje de Sophie donde me pedía que buscara la forma de acompañar a Matt en la reunión porque presentía que algo importante iba a pasar y su instinto le gritaba que yo debía estar presente.

Sí ella lo decía, era mejor hacerlo, en eso es infalible.

Por lo cual le volví a preguntar a Matt si podría ir con él, pero insistió con su negativa diciéndome que prefería que no fuera sola pues él estaba lejos de las oficinas y apenas llegaría con tiempo a la reunión; incluso canceló nuestro almuerzo por el mismo motivo.

Me pidió que le dijera a Sofer que debía priorizar su salud y descansar, ya luego verían como registrar la reunión.

Finalmente se despidió con la promesa de que me contactaría en cuanto pudiera.

La conversación fue en un tono impersonal y no me gustó para nada y por ello decidí hacer lo que Sophie pidió; aunque contradijera los deseos de mi compañero, mi instinto también me decia que debía estar presente.

Sofer se veía mejor, con su semblante bastante recuperado tras su descanso, y le transmití lo que me pidió Matt.

Pero él insistió en ir, se negó a claudicar; manifestó que su deber era estar presente y lo cumpliría.

En su obstinación hallé mi oportunidad para ingresar al Recinto, y a pesar de involucrarlo, era la única forma que se me ocurría.

Solo espero que Matt no se enoje con él, igualmente yo asumiré todas las consecuencias.

—Bueno, Sofer, ya están informados los interesados de todo lo que descubrimos. Si usted finalmente va a ir a la reunión, ya deberíamos ir saliendo para el Reciento, ¿no lo cree?

—¿Usted también va a la reunión, señorita? —me interroga sorprendido.

—Así es —la mentira me sale con naturalidad—. Matt iba a pasar por mí, pero está demorado con Marco y me pidió que fuera por mi cuenta. Cómo usted va para allá, podríamos ir juntos. No quiero llegar tarde; él fue específico con que debía esperarlo allí.

—Claro, señorita, el Alfa me pidió que la asista en todo, así que con gusto la llevaré al Consejo —asiente complacido.

—Muchas gracias, Sofer. Le haré saber a Matt cuán útil ha sido.

Y en mi fuero interno solo espero que no nos mate a ambos por esto, me digo.

—Es usted muy amable. Si me disculpa la indiscreción, el Alfa me informó ayer de su reciente vinculación.

Quería felicitarla; soy feliz de poder servir a nuestra Luna.

Aunque ya me advirtió él que todavía no era público, pero me imagino que para eso le solicitó ir, para informarle al Consejo.

Estoy deseoso de registrar este hecho tan trascendental para nuestra manada.

Ojalá pronto tengamos la ceremonia de vinculación.

—Gracias, Sofer —le digo esbozando una sonrisa—.

Sobre eso, ¿me podría adelantar cómo es el proceso?

—continúo, tanto por curiosidad como para distraerlo y que no se le ocurra contactar a Matt—.

Nunca he presenciado una ceremonia de vinculación y no conozco ningún detalle en específico. ¿Me contaría cómo es?

Nos vamos en su auto y durante el trayecto me cuenta anécdotas de ceremonias que ha presidido.

Él, como Encargado del Registro, preside tanto ceremonias de emparejamientos comunes, como de vinculación, estas últimas no tan frecuentes.

Me cuenta muchos detalles, pasos y formalidades que hay que cumplir.

Me sorprende con anécdotas muy bonitas de cada una.

Estaré encantada de planificar la mía con Matt, ayudada por Sophie y mi madre.

Ya quiero verlo con la ropa ceremonial que me describió Sofer; va a estar muy guapo.

Casi llegamos al edificio de la manada cuando Matt me contacta por el vínculo y me pregunta por el escriba; no lo ha contactado directamente a él por si seguía descansando.

Le digo que seguramente ya debería de estar llegando, porque ya salió hace rato del despacho y yo me quedé enfrascada en cosas de la inauguración de París —la mentira me duele, pero tengo la certeza de que actúo de forma correcta al estar presente en la reunión—.

Él se disculpa porque antes estaba ocupado y no me atendió correctamente, pero dice que me compensara con una cena para dos en nuestros cuarto —y juguetonamente me dijo que podría usar su cuerpo de mesa; aunque no se si eso es un castigo o un premio para él...

, lo veremos en la noche—. Al despedirme me obsequia con las palabras que me duelen tanto: «te amo para siempre».

La sensación de pérdida en ese instante es más grande, más nítida que nunca en mi pecho y solo me hace estar más convencida de que debo ir a su lado.

En mi mente simplemente repito mi mantra: «Voy hacia ti, amor mío».