Capítulo 19 Zoe
Estoy llegando…
Matt duerme abrazándome y todavía está profundamente alojado en mi interior; incluso sumergido en el sueño, su miembro se mantiene firme como una roca.
Parece que ese es su estado natural. Llegó tan tarde que no quiero perturbar su descanso.
Nos entretuvimos haciendo el amor; fue un encuentro hermoso, tan bonito, tierno y cariñoso que me hizo sentir muy feliz, pero a la vez fue doloroso.
Él volvió a confesarme que me amaba para siempre y yo no pude responderle.
No porque no lo ame, sino todo lo contrario: lo amo demasiado, con una devoción excesiva, pero sé que mi «para siempre» es distinto al de él.
No creo que pueda soportar vivir miles de años después de que él se haya ido de este mundo.
No me animo a decírselo, me falta valor para planteárselo; probablemente él no haya pensado en eso.
En sus planes estaba emparejarse con una loba, una igual, y no vincularse con una vampiresa que vivirá milenios después de su partida.
Incluso he pensado en nuestros hijos; estoy segura de que tendremos varios, al parecer ambos los deseamos y ya hay abuelos que los esperan para malcriarlos.
No obstante, nuestros hijos probablemente sean lobos como él y tendré que verlos partir; me veré forzada a presenciar cómo el tiempo consume sus vidas y no estoy preparada para eso.
Sophie es la única que podría hablarme sobre cómo se siente respecto a esto, pero no está aquí y, con todo lo que está pasando en Roma, no la puedo molestar.
La realidad es lo que es, y en algún punto del camino nos veremos obligados a enfrentar esta situación, pero precisamente hoy no será ese día.
Matt tiene una jornada muy importante por delante; la reunión del Consejo lo ha tenido preocupado.
Me dio algo de información, pero me di cuenta de que no me quería decir demasiado.
No es precisamente lo que acordamos sobre no ocultarnos cosas, pero comprendo que lo haga para intentar protegerme; incluso yo hago lo mismo al no plantearle el tema de la longevidad.
Me deja tranquila el hecho de que, junto a Marco, tengan un plan. Confío en que todo salga bien.
No he dormido nada, no lo necesito; me siento muy fuerte desde que Matt me ha alimentado.
El solo hecho de evocar el sabor y calor de su fluido provoca que inmediatamente mi entrepierna se humedezca, se ponga resbaladiza y mis paredes vaginales aprieten su miembro.
Agradezco internamente que nunca bebí de la vena de nadie; si hubiera tenido el efecto que tiene en mí beber de Matt, me habrían catalogado de ramera porque habría recibido en mi sexo a cada donante que hubiese tenido.
Siendo sincera, probablemente no hubiera sido así, porque estoy segura de que este efecto solo lo siento porque es él quien me alimenta.
Otro de los cambios que he notado desde que bebo de él es que mi agilidad mental ahora es más aguda, superior a la rapidez que me otorga el simple hecho de ser vampiresa.
Quiero dejarlo descansar un poco más, así que sigo velando su sueño y, pensando en el trabajo, ocupo mi mente.
Finalmente, a las ocho me decido a despertarlo.
No ha dormido mucho, tal vez alrededor de una hora, pero dijo que tenía que reunirse con Marco temprano y yo debo irme a la oficina.
Hoy Calo continuará con la auditoría; ayer iniciaron el proceso y me pidieron colaboración y estoy esperando unos informes sobre unos empleados que le llamaron su atención para enviárselos.
Incluso a Sophie no le gustan sus auras y, por lo que encontré ayer, a mí también me parecen raros.
Tenía entendido que todo el personal de Roma era local; la empresa tiene un acuerdo con el Alfa de ese territorio, Lucius, con el propósito de contratar como empleados del hotel, a lobos de su manada, además de humanos de la región.
Estos acuerdos son habituales, se usan para fortalecer relaciones entre manadas.
Sin embargo, estos dos empleados son originarios de Sicilia, se mudaron a Roma y pidieron la inclusión en la manada local, dejando de pertenecer a la de Sicilia.
Según lo que sé, esto es inusual entre los lobos, porque si un lobo se traslada del territorio de su manada, no deja de pertenecer a la misma; simplemente se pide una especie de «visa» para permanecer en territorio de otra manada.
Exactamente como hacen los humanos. Pero estos dos lobos quisieron abandonar la Manada de Sicilia y pasaron a pertenecer a la Manada de Roma.
Para hacer algo como esto se requiere autorización de ambas partes.
Cuando anoche lo descubrí e informé a Calo era bastante tarde para continuar investigando más sobre el asunto, y Calo no tenía conocimiento sobre esta situación en específico, por lo que pensaba que probablemente el Consejo habría intervenido aprovechando algunas de las funciones administrativas delegadas que tienen, pero esas son funciones mínimas y esta autorización, para el abuelo de Matt, necesita de mayor nivel de aprobación.
Incluso debe operar un cambio físico en los lobos, porque dejan de estar vinculados a su Alfa, por ejemplo la voz de Alfa de su líder anterior no los afectaría, por lo que Calo cree que debería haber una especie de ritual para que opere el cambio.
Él no tiene recuerdo de otro caso así y sobre este en particular, tampoco.
Hoy temprano contactaría a Lucius, el Alfa de Roma, con quien tiene una relación cercana, y averiguaría quién envió esa autorización a aquel territorio.
Asimismo, me sugirió que le pidiera a Matt que me comunicara con Sofer, pues él, como Encargado del Registro, debería tener copias de esas autorizaciones.
Esto hace que despertar a Matt para pedirle el contacto con el Escriba sea primordial.
Lo despierto esparciendo besos suaves por su rostro y cuello.
Cielos, su cuello tiene marcadas las venas que laten con fuerza y su sangre me llama.
Me he alimentado de él demasiadas veces desde que nos vinculamos; físicamente no lo necesitaré repetir por muchos días, pero el deseo de su sangre es imperioso, diría que incontrolable; su vena me llama e incluso estoy tentada a hundir mis colmillos y tomarla mientras duerme.
Me contengo, obligándome con fuerza, porque no debería ser tan codiciosa, pero extraño tanto estar prendida de él; su sangre es como una droga para mí.
Debería esperar a que al menos tome ese té de Jeffrey, pero Matt abre sus ojos, ve el hambre que consume mi juicio, mi deseo desenfrenado por su líquido vital, y me ofrece su cuello de forma voluntaria.
De modo que no me niego y bebo. Y al unísono, su cuerpo reacciona y comienza a moverse, embistiéndome con fuerza.
¿Acaso mencioné que su verga continuaba alojada en mi interior?
Es tan placentero, su estímulo es glorioso.
No puedo negarme; él se brinda y yo tomo.
No me siento culpable porque a través de nuestra conexión me dice cuánto lo complace que lo haga.
Succiono con una sed que parece no tener límites y, a medida que más tomo, más fuertes, más rudas, más profundas se vuelven sus embestidas.
Nuestros clímax colisionan, se intensifican salvajemente.
Ninguno quiere soltar, ninguno quiere abandonar al otro: él no quiere dejar de embestirme y yo no quiero despegar mis labios de su vena.
Es una experiencia deliciosa la que estamos sintiendo en nuestros cuerpos al vibrar en sintonía.
Las manecillas del reloj rozan casi las nueve cuando terminamos de arreglarnos para salir.
Noto que Matt esta algo blanquecino y se lo digo.
Su tono siempre bronceado, tan mediterráneo, ahora se parece al mío: pálido.
Y eso no me gusta. Debo de haber tomado demasiado, pero es que él no me detiene, se niega a hacerlo y a mí me falta voluntad para apartarme.
Otra cosa más para consultar con Sophie, debo preguntarle cómo parar; yo no encuentro la forma.
Matt me tranquiliza, mitiga mi angustia diciéndome que solo está hambriento por lo que le pedirá ese brebaje a Jeffrey y comerá algo en el trayecto camino a su encuentro con Marco, previo a la reunión de la tarde.
Es bueno saber que Marco estará con él. Descendemos al vestíbulo; Matt recoge su termo de té y unos emparedados para el viaje, y yo no desayuno, no lo necesito por ahora.
Me acompaña a mi vehículo mientras me da la combinación de la caja fuerte de su despacho, donde tiene algunos documentos por si me son de utilidad para lo de la auditoría.
También promete enviarme a Sofer para que me asista porque él no lo necesitará ya que anoche gestionó sus propias credenciales para el ingreso al Archivo y, en caso de tener que regresar, podrá hacerlo sin el Escriba.
Quedamos en vernos para almorzar algo rápido antes de que se dirija al Recinto de la Manada a la reunión con el Consejo.
Le pregunto si podré acompañarlo, pero, esquivando mi mirada, me dice que luego me dirá si podré entrar.
No quiere que vaya, me doy cuenta; por ahora no le insistiré para no darle más preocupaciones.
∞∞∞
En la oficina le informo a mi secretaria que estoy esperando al señor Sofer para que, cuando llegue, lo lleve conmigo al despacho de Matt junto con un servicio de café para ambos.
Instalada, abro la caja de seguridad y me encuentro con una cantidad impresionante de libros y documentos.
Menos mal que vendrá Sofer y me ayudará.
Ya me ha llegado el informe de personal sobre los lobos, pero no hay nada nuevo, igualmente se lo reenvío a Calo.
Cuando llega el escriba, mi secretaria lo acompaña con el café para ambos.
Lo necesitaremos; él no ha llegado solo, viene con un carrito lleno de cajas de expedientes y archivos para revisar.