El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 18 Matt #2
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Capítulo 18 Matt #2

La noche ya dominaba Palermo cuando contacté a Zoe para advertirle que mi arribo a la mansión se demoraría de forma considerable y probablemente llegaría muy tarde.

Nos quedaba mucho por leer y planificar, y le prometí que después le explicaría con más detalle.

Ella me comunicó que todavía estaba en la oficina investigando el perfil de dos personas que mi abuelo le había pedido revisar debido a la auditoría.

Como él no le había dado mayor información sobre esto y a pesar de que no quería ocultarle cosas, decidí esperar a contarle de las sospechas hasta que el panorama fuera más claro.

Las horas continuaron su curso entre textos antiguos y nuevos, no solo los que estudiaron Mortimer y Alaric, sino otros más a los que ellos no habían tenido acceso.

Eran pasadas las cuatro de la madrugada cuando decidimos terminar.

El miércoles era un hecho; el día de enfrentar la conspiración ya había arribado, menos de doce horas nos separaban de ese acontecimiento.

Pero habíamos encontrado suficiente información para poder defender nuestros argumentos y evitar cualquier artimaña.

Incluso con Marco teníamos un «as bajo la manga» y algunas ideas para dar por terminado cualquier intento de sublevación futuro y que la manada no saliera dañada. Estábamos confiados.

Marco se retiró a descansar brevemente antes de ejecutar la primera parte del plan, poniéndolo en marcha por la mañana, previo a la reunión del Consejo.

Sofer prometió seguir revisando por si algo se nos había pasado.

Con mi abuelo habíamos quedado en la última comunicación de hace horas, que durante el transcurso del día, me contactaría para informarme cuando tuviera novedades de los interrogatorios.

Yo solo pensaba en ir a casa; estaba exhausto; anoche no había dormido nada, y a esta noche ya le quedaban escasas horas de descanso. Lo único que anhelaba era poder tomar a Zoe en mis brazos. Ella me estaba esperando, ansiosa por saber qué habíamos planeado.

Eran casi las cinco de la madrugada cuando llegué a casa.

Me quedé en el auto por un momento observando la antigua edificación de piedra gris, su majestuosidad abrumadora, mirando sus detalles góticos iluminados por la luna.

Faltan apenas unos días para la luna llena, que son esas noches donde su luz ilumina la mansión de una forma imponente; pero de igual forma con esta luna gibosa creciente y mi visión mejorada, puedo ver todos los detalles con la misma claridad.

La Mansión Capolupi lleva tantos siglos en este lugar y siempre manteniendo su aire de misterio y esplendor.

Con sus múltiples plantas, sus torres y balcones, y con sus galerías de arcos abiertos que conectan con los jardines perfectamente podados, con laberintos de arbustos y senderos de piedra.

Esos jardines donde el abuelo quiere ver corretear a sus bisnietos.

No es una simple residencia, es una fortaleza de elegancia oscura, su estructura se eleva en varios niveles complejos, coronada por altas agujas ornamentadas y pináculos afilados que parecen querer perforar las nubes sicilianas.

Los balcones de piedra finamente tallados y las balaustradas señoriales dan paso a altas ventanas de arco ojival con tracería intrincada, cuyos cristales reflejan el misticismo del bosque circundante.

Cada moldura, cada remate de hierro forjado le dan un aire aristocrático e imponente, y proclaman el poder y la antigüedad de los Capolupi.

Nuestro hogar nunca ha sido atacado; en ninguna de las batallas que la manada ha enfrentado a lo largo de los siglos nadie ha osado hacerlo.

Pero ahora creo que vienen por todo: por mi puesto y por la fortuna de mi familia, y eso incluye nuestras posesiones como lo son está mansión, la empresa con todos sus hoteles y todas las propiedades familiares.

No los dejaré, protegeré todo. Nadie podrá destruir el esfuerzo de tantos Capolupi a lo largo de todos los siglos, nadie atacará este hogar, nadie osará dañar lo que nos pertenece.

Finalmente después de unos minutos de introspección me bajo del automóvil para dirigirme a la mansión, al encuentro con Zoe, y en ese momento es cuando veo el termo del té regenerador intacto; no lo tomé en todo el día, lo olvidé por completo.

Ahora estoy tan atiborrado de café que no me apetece, así que en la mañana le pediré a Jeffrey una ración extra en el desayuno.

Subo las escaleras cada vez más cansado, paso por la galería donde se exhiben los retratos de los Alfas Capolupi y sus familias.

Deseo tanto no fallarles; espero poder cumplir con mi deber y que nadie sufra con el complot que se gesta en el Consejo.

Solo quiero proteger a mi manada y vivir feliz con mi familia, y especialmente haciendo feliz a Zoe.

Ella ha pasado a ser mi eje principal; mis decisiones siempre la pondrán por delante.

Tengo que salir vencedor mañana para poder dedicarle mi vida entera.

Al entrar en nuestro cuarto, la imagen más hermosa me recibe.

La luz de la luna, que entra a raudales por la ventana, ilumina la figura de Zoe, que duerme completamente desnuda sobre las sábanas blancas de la cama.

Toda ella resplandece con su piel luminosa.

¿Dios, cuánto amo a esta vampiresa? No hay forma de cuantificarlo ¿Por qué demoré tantos años en darme cuenta de lo que ha estado siempre ahí, en nuestros corazones?

Debo de haber estado ciego. La contemplo detenidamente, con minuciosidad y detecto que sus labios se mueven; ella sonríe; no está dormida, es plenamente consciente de mi escrutinio, sabe que la observo.

Me mira con sus ojos verdes, que parecen encenderse ante mi presencia; me desea, siempre me desea como yo a ella, nuestro hambre carnal es idéntico.

Mi cansancio se evapora, desaparece mágicamente; solo puedo enfocarme en ella.

—Luces hermosa, Luna mía; resplandeces con la intensidad de una estrella en mitad de la noche —le digo, bajando el tono.

—Humm… me siento hermosa cada vez que me miras, lobo mío —murmura extendiendo los brazos.

—¿Acaso soy tu lobo? —la provoco, aproximándome al lecho.

—Sí, eres todo mío —sentencia con ternura.

—Exactamente, soy todo tuyo —le aseguro.

Me despojó de mi ropa conforme termino de avanzar camino a la cama. Me subo y me coloco sobre Zoe. Cuanto más la contemplo, más se apoderan de mí mis sentimientos y más me enamoro.

—Te amo para siempre —le confieso, con mi corazón desbordado de amor y de una devoción absoluta.

Ella no responde, pero estoy seguro de que el sentimiento está ahí, en su interior.

Me mira con una ternura infinita, sonríe dulcemente, y una lágrima se desliza de uno de sus ojos.

Bajo el reflejo de la luna, esa gota de humedad se asemeja a un pequeño diamante que brilla; la recojo con la yema de mi dedo y me la llevo a los labios, saboreando su esencia.

Con sus pequeñas manos aprisiona mi rostro; lo acerca al suyo y me besa tiernamente.

Ante ese contacto nos desentendimos del mundo, perdiéndonos el uno en el otro.

Hicimos el amor lentamente, poseyéndonos con una cadencia pausada, tomándonos mucho tiempo para adorarnos y cubrir nuestros cuerpos con caricias mutuas.

Fue un momento mágico, colmado de una inmensa ternura.

Ambos exploramos con suavidad el cuerpo del otro y alcanzamos un clímax de una naturaleza distinta, suave pero a la vez dotado de una intensidad superior a cualquier otro.

Nos entregamos al descanso abrazados, conmigo aún profundamente enterrado dentro de ella, el único refugio donde realmente quiero estar.