Capítulo 18 Matt
Las sospechas son cada vez más grandes…
Llamo a Sofer y le pido que se una a nosotros.
Requiero examinar cuidadosamente cada alternativa; debemos estudiar bien todas las opciones que me brinden estos escritos.
Seguramente mañana Mortimer me retará y pondrá a su hijo a hacer el trabajo sucio.
En un principio pensaba que el motivo para retarme sería por mi negativa a emitir el decreto de segregación que me pidieron o, si ya de alguna manera se enteraron de lo mío con Zoe, por incumplirle una promesa al Alfa anterior al estar con una vampiresa, que aunque ninguna sería una causal legal, podrían buscar hacer algo por esas vertientes.
Pero esto me huele a algo más profundo. Este hallazgo me dice que, en realidad, la promesa o el decreto no son importantes, tal vez solo herramientas para utilizar con los otros miembros para obtener la mayoría; pero estoy seguro de que realmente debe de haber otro motivo oculto, aunque no tengo idea de cuál será.
¿Se limitará simplemente al ansia de poder y el estatus que otorga ser Alfa?
¿O Mortimer persigue un rédito económico?
Ser Alfa de Sicilia no conlleva obtener riquezas materiales directas, ya que pocas cosas materiales están asociadas al cargo, pero sí viene con un poder inmenso.
Probablemente planee retomar su idea de los impuestos a los lobos que mi abuelo ya le rechazó.
Es innegable que ambos han demostrado envidia hacia el patrimonio y fortuna Capolupi, con actitudes o comentarios fuera de lugar en algunas ocasiones.
Sin embargo, nuestra riqueza es fruto del esfuerzo inicial de nuestros ancestros —todos ellos Alfas—, que supieron separar la economía familiar del cargo y nos convirtieron en una de las familias más prósperas de la región; incluso me atrevería a decir de toda Europa, algo que todos los descendientes nos hemos esmerado en preservar, mantener e incluso incrementar.
—Alfa, Beta, ¿en qué puedo asistirlos? —nos dice Sofer al unirse a nosotros.
—Sofer, necesitamos que nos leas este texto sobre las causales de Reto al Alfa —le indico, señalando el tomo sobre la mesa—. Está en un dialecto antiguo, bastante críptico, y necesitamos estar seguros de la traducción. ¿Podrías hacerlo?
Tras escuchar nuestra interpretación, Sofer nos felicita por la exactitud con la que tradujimos leyes tan ancestrales.
Pasamos varias horas revisando cada documento que tanto Mortimer como su hijo consultaron.
Intentamos que no se nos escape nada mientras Sofer traduce los pasajes más complicados.
Disponemos de apenas veinticuatro horas para descifrar lo que ellos estudiaron durante varias semanas.
Marco encontró otro manuscrito que también hablaba sobre las causales, aunque con un vocabulario un poco más actual, pero sin ninguna diferencia con los textos precedentes.
Hasta el momento no hallamos nada, ningún vacío legal, que nos sirva para frenar legítimamente a Mortimer y evitar la confrontación.
No temo combatir con nadie, conozco mis habilidades y estoy confiado en poder defender correctamente el cargo, pero no quiero que ni Zoe ni mi abuela sufran por ello.
Mi lectura da frutos cuando encuentro un documento que habla sobre las reglas de combate en el Reto.
Sofer me ayuda a interpretar algunas que tienen una redacción algo complicada, pero creo entender todo y es información que me servirá conocer.
En todo el tiempo que pasamos haciendo este trabajo, Sofer nos va asistiendo, no solo con traducciones e interpretaciones, sino que también nos sirve comidas y bebidas —principalmente café y emparedados— para que no rompamos el ritmo de trabajo.
Zoe en varias oportunidades me estuvo preguntando cómo iba el progreso de la investigación y le informé a grandes rasgos, evitando darle muchos detalles porque hasta no tener mayores certezas sobre lo que haría mañana, no quería angustiarla.
Ya entrada la tarde, decido contactar con mi abuelo mediante la compartimentación para informarle sobre lo que ha estado pasando y conocer su opinión.
No voy a dejarlo fuera nunca más. Después de un intercambio sobre cómo están Zoe y mi abuela, le comento todo.
Primero le informo que he elegido a Marco como mi Beta y que luego haremos la ceremonia, pero que, a los efectos prácticos, él ya está cumpliendo con su rol.
La noticia lo inunda de dicha y orgullo por mi decisión.
Siempre esperó que el hijo de su propio Beta ocupara su lugar.
Marco es alguien de confianza, y que sea mi segundo le transmite seguridad.
Posteriormente, le detallo de la situación con el Consejo y Mortimer, consciente de que las novedades no lo pondrán para nada contento.
Le comento sobre la exigencia del Consejo de que emita ese decreto de «separación de las razas» al que yo me negué y que, debido a esa presión, decidí organizar la sesión para mañana miercoles, con el fin de dejarles en claro a todos los miembros que su función es asistir al Alfa dándole sugerencias, no imponiéndole órdenes.
También hablamos sobre lo que Marco consideró una actitud sospechosa de Alaric —o al menos un comportamiento cuestionable—, al enviar correos como si fuera el miembro representante en lugar de su padre.
Por la sucesión de estos eventos, le explico que decidí llamar a Sofer para investigar más a fondo a padre e hijo.
El escriba nos aportó datos importantes y me informó de varias curiosidades sobre ambos que venian llamando su atención: tales como solicitudes inusuales para inscripciones de nacimiento, requerimientos de datos civiles y, finalmente, el intento de extraer del Registro algunas leyes de la manada.
Sumado al hecho de que Alaric lo había citado a una reunión previa a la que yo había solicitado, para un encuentro con miembros del Consejo sin mi presencia donde, en teoría, Sofer debería tomar notas.
Como consideró irregular aquella demanda, me la reportó junto a las otras situaciones.
A partir de lo acontecido, decidí investigar los documentos que ellos habían revisado y, por lo que hemos logrado descifrar, creíamos haber descubierto que Mortimer tiene pensado retarme durante la sesión y usar a su hijo como «perro de pelea».
Mi abuelo escuchó todo lo que le conté atentamente, en silencio, tanto que llegué a pensar que el canal mental estaba teniendo algún problema.
Pero no, solo estaba meditando y atando cabos.
Cuando compartió su información sobre lo que estaba pasando en Roma, las cosas empezaron a tener algo más de sentido.
Resulta que, debido a que el clima en Roma había desmejorado mucho y seguiría así por los próximos días, tuvieron que suspender la idea de hacer turismo y decidieron iniciar con la auditoría hoy mismo.
Como ayer Zoe ya les había enviado todos los archivos necesarios, iniciaron la fiscalización y el turismo lo dejaron para más adelante cuando finalizaran el trabajo y el clima mejorara.
Comenzaron de forma indirecta, sin informar al personal de la sede, aprovechando la excusa del clima y la imposibilidad de hacer turismo.
Realizaron interrogatorios personales disfrazados de «encuestas de gestión» para supuestamente obtener información valiosa desde los puntos de vista de los empleados para aplicar en el nuevo hotel de París.
Hasta el momento ya habían interrogado a todo el personal en funciones e incluso habían comenzado con parte del personal de franco que estaba disponible.
En términos generales, los trabajadores estaban felices en la empresa, conformes con los salarios y las compensaciones que se les brindaban, y principalmente valoraban el trato cercano de la familia Capolupi para con ellos.
Algunos aportaron ideas e iniciativas sobre organización y gestión muy valiosas que, incluso, mi abuelo, prometió usar y retribuir.
Ningún testimonio había resaltado sobre otro, aunque si llamaron su atención una pareja de lobos del turno nocturno.
Al responder, aunque prácticamente de igual forma que el resto, su actitud era esquiva: evitaron el contacto visual y mi abuela notó que sus auras fluctuaban de forma extraña.
Cómo eran los únicos que habían resaltado de entre todos los entrevistados, mi abuelo decidió intervenir sus teléfonos corporativos a través de nuestro personal de sistemas.
Al ser celulares de la empresa, podemos hacerlo legalmente.
De esa manera encontraron una aplicación de mensajería cifrada donde los mensajes se borran inmediatamente tras ser leídos, por lo que se dejó un monitoreo constante y acababan de reportarles que uno de ellos le envió al otro un mensaje que decía: «MYA no estarán contentos».
Bajo los datos de lo que pasaba en Palermo y mi información, el abuelo ahora creía que «MYA» significaba «Mortimer y Alaric».
Los vellos de mi nuca se erizaron de inmediato.
Si esta conjetura se confirmaba, el complot de estos dos tenía ramificaciones mucho más grandes de lo esperado.
No solo van por mi puesto, al parecer sus planes tienen implicancias con nuestra empresa, van directamente por nuestra familia.
Mi abuelo se encargará mañana de terminar de reunir información sobre estos empleados y luego harán un interrogatorio exhaustivo con ellos.
Mientras, nosotros seguiremos el escrutinio en el Archivo para encontrar la forma de blindarnos, buscando una alternativa legal de detener esto.
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