Capítulo 15 Matt #2
—Por supuesto, usted descuide, Alfa. Cuenta con mi total lealtad y reserva. Y me complace constatar que usted se esté involucrando de esa manera con su puesto y busque respaldarse. Cuando me notificaron de la sesión del miércoles para hacer la transcripción, a mí también me generó mala espina.
—¿Por qué razón te causó sospechas, Sofer? Yo fui el que solicitó la sesión del miércoles.
—Pues, verá…
En ese momento mi secretaria solicita permiso para ingresar a la estancia y dejarnos el servicio de café sobre la mesa, y luego se retira rápidamente. Ahora podré escuchar la respuesta de Sofer.
—Como le decía, Alfa, lo que me dio mala espina y me causo sospechas no fue el pedido de su sesión que el señor Marco me notificó; sino que además Alaric me envió otra citación para una reunión previa a la suya, aclarando que sería sin su presencia, señor; y él no es miembro del Consejo.
Las citaciones son algo que suele hacer un representante o el vocero y puede que él lo haya hecho como un favor hacia su padre, pero algo en su forma no me gustó.
Y desde hace un tiempo estoy notando ciertos hechos que no me terminan de cerrar con Mortimer y su hijo.
Al parecer, Sofer siente lo mismo que Marco respecto al correo de invitación a esa reunión previa enviado por Alaric. El escenario se pone cada vez más intrigante.
—Dime con confianza, quiero que hables con total libertad, Sofer, ¿qué es lo que no te cierra sobre esos dos?
—No sé si usted lo sabe, pero no tengo registros civiles de la madre de Alaric.
Cuando Mortimer lo presentó para registrar en la manada, omitió la identidad de su madre.
Se limitó a declarar que había fallecido en el parto y, debido a que la familia de ella no estaba de acuerdo con la relación, él no quería que quedara asentado en registro su nombre, para no tener que litigar con ellos en ninguna circunstancia por la custodia del niño.
En todos los años en mi puesto nunca me había pasado algo así, era realmente un hecho muy irregular, por lo que, en su momento, le consulté a su abuelo, que era el Alfa, cómo tenía que proceder.
Él me ordenó reexaminar en nuestras leyes por información sobre custodia parental; y ellas son claras: dictaminan que el progenitor sobreviviente conserva el derecho absoluto sobre la descendencia, a menos que se compruebe fehacientemente algún hecho o conducta de ese padre que afecte al hijo.
Con este marco legal analizado, su abuelo determinó que no había mucho por hacer, carecíamos de facultades para coaccionar; no podíamos obligar a Mortimer a decirnos quién era la madre de Alaric, ya que no existían indicios de negligencia en el cuidando y crianza del entonces niño.
Además, en esa época su abuelo hacia poco que había asumido el papel de Alfa y no pudo hacer más que capitular y aceptar la petición, por lo que jamás se registró el nombre de la madre en el Archivo.
—Yo no sabía nada sobre eso, lo ignoraba por completo —respondo pensativo—.
Alaric es considerablemente mayor que yo; su nacimiento debe de situarse en las mismas fechas en que nació mi padre, ellos eran contemporáneos.
Aunque Alaric siempre busca rodearse de gente joven con la que vincularse, pero debe tener varias décadas más que yo.
—Claro, es verdad —confirma Sofer—. Su padre y él nacieron en el mismo año; incluso tengo entendido que fueron bastantes cercanos por un tiempo, antes de que Donato se casara con su madre, Concetta.
—Exactamente, algo de eso sí sabía. Sigue contándome, por favor —le pido.
Mientras lo escucho, le respondo a Zoe; ella me está preguntando mentalmente cómo va todo.
La tranquilizo asegurándole que estamos teniendo una conversación muy interesante y reveladora, y le prometo que le presentaré a Sofer antes de su partida, un detalle que la entusiasma y la hace feliz.
Le gusta que la haga partícipe y por eso se pone un poco juguetona a través de nuestra vía mental.
Se aprovecha de la compartimentación para detallarme lo que tiene pensado hacerme esta noche.
En nuestro encuentro nocturno piensa implicar la utilización de unas esposas, un antifaz y unas plumas…
Mi miembro reacciona de inmediato poniéndose duro, tensándose en una rigidez dolorosa.
Menos mal que estoy sentado y la solidez de la mesa de juntas tapa la tremenda alteración que tengo en mis pantalones.
Vuelvo a bendecir el poder compartimentar, resulta una experiencia delirante el poder estar serio y atento a Sofer con sus historias y, en simultáneo, estar fantaseando con Zoe sobre el sexo salvaje de esta noche.
—Como le detallaba, Alfa, el Archivo carece de datos maternos de Alaric y, hace unos años, él vino a verme y solicitó examinar sus registros personales.
Creo que por esas fechas sus padres aún no habían sufrido el atentado, señor.
No sé si ya está al tanto, pero los registros de la manada, en general, solo se pueden mostrar a la persona que el Alfa autorice.
La única excepción legal es para las actas civiles o de nacimiento; al ser datos personales, pueden ser compartidos con el titular de estos.
Y otra cosa a la que se puede acceder sin autorización del Alfa es a los libros de leyes y reglamentaciones.
Para el resto, el acceso es exclusivo del Alfa, de quienes él designe y autorice, y, por supuesto, mío, como encargado del Registro.
Justo en ese momento me contacta Marco, consultándome si Sofer se presentó a la cita, y pruebo explotar otra de las bondades de la compartimentación que me permite «conectar», en este caso a Marco, para que escuche mi conversación con Sofer.
Quiero saber su opinión, él suele hacer análisis muy certeros.
Cada vez me gusta más la compartimentación del Alfa.
—Prosigue, —le pido a Sofer, y conecto a Marcos.
—En vista de que la solicitud de Alaric consistía en sus registros personales, no vi inconveniente en mostrárselos, y ahí observé de primera mano su sorpresa, su absoluto desconcierto, cuando no vio registrado el nombre de su madre.
Me interrogó sobre la posibilidad de que los papeles tuvieran algún error y, cuando le dije que eran correctos, simplemente me los devolvió y se fue, sin siquiera saludar, ni mediar algún tipo de cortesía. Bastante maleducado, diría yo.