El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 15 Matt
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Capítulo 15 Matt

Nada mejor que estar bien informados…

Me resultó imposible ocultarle a Zoe mi preocupación.

Habría preferido contar con más información, con datos sólidos, antes de revelarle las sospechas que alberga Marco sobre el Consejo, pero debo aprender a apoyarme en ella y en mi Beta.

Marco me ha sorprendido gratamente; en el instante que aclaramos los malentendidos, le pedí ser mi Beta y aceptó; su transformación fue automática y no solo mental, creo que incluso ya empezó la transformación biológica.

Se puso en guardia y su instinto defensivo de Beta ya está en acción.

Será increíble una vez que podamos hacer la ceremonia y el ritual sea completado.

Mi Beta piensa que Alaric —el hijo de Mortimer—, junto con su padre, planean hacer alguna jugada política el miércoles.

Cuando me confió su inquietud durante el almuerzo, le pedí que me enviara al Escriba de la Manada a mi oficina para conseguir información sobre ellos.

Sofer es el encargado del «Registro de la Manada».

Lleva todo tipo de archivos sobre nosotros y los custodia celosamente.

He pensado que resultarían de gran utilidad sus conocimientos, cualquier tipo de información que él sepa sobre transiciones de mando, ya que las intenciones de Mortimer y Alaric me causan mucha intriga.

Mortimer padece de aires de grandeza y, siempre que se le presenta la oportunidad, hace notar, digamos que se esmera en recalcar, que es el representante de Palermo, la capital de Sicilia; como si esa distinción geográfica marcara una jerarquía real, una diferencia frente a los otros representantes que no es tal.

Respecto a Alaric, siempre he sostenido que es un hombre excesivamente ambicioso; incluso creo que abusa un poco de la posición e influencia de su padre en el Consejo para darse aires o proyectar una importancia ficticia y obtener privilegios que le serían esquivos debido a su absoluta falta de encanto.

He llegado a pensar que utiliza su posición para obtener favores de índole sexual.

Hace varios años, durante mi juventud, él solía frecuentar el mismo establecimiento nocturno al que yo asistía —Alaric es contemporáneo a mi padre, pero al tener una apariencia joven por su naturaleza licántropa, jamás abandona las fiestas—.

Los que frecuentábamos ese local lo hacíamos con el único propósito de buscar una aventura; en otras palabras, a ese local se iba en busca de sexo.

Era el lugar del momento, el sitio de moda.

Hubo una temporada que pasamos mucho tiempo en él con Marco.

Nadie concentraba sus esfuerzos en bailar, solo en buscar algún rincón oscuro o reservado para follar.

En una oportunidad, escuché cómo Alaric hizo que una loba se la chupara asegurándole que intervendría para que su familia obtuviera el permiso comercial que requería con urgencia para abrir un negocio en la ciudad.

Yo era joven, inmaduro y algo alocado, y no le di mucha importancia en ese instante, porque estaba poseyendo a otra loba en un reservado contiguo al suyo; para cuando terminé, mi mente se aclaró y pretendí reclamarle, ya se habían retirado.

Nunca supe quién era la loba que necesitaba el permiso, ni pude corroborar si él intercedió o no, pero dudo que lo haya hecho.

En realidad, su padre no tiene poder en ese sentido, y no tengo constancia de que tengan influencias en la alcaldía, donde realmente otorgan esos permisos, que suelen ser asuntos de humanos.

Asimismo, tengo entendido que no les ha ido muy bien en los negocios; sus finanzas no atraviesan un buen momento.

Intuyo que tanto Mortimer como su hijo Alaric son hombres bastante despilfarradores y reacios al esfuerzo laboral, básicamente poco trabajadores.

Rara vez vigilan su negocio de importaciones —un negocio familiar que construyó el padre de Mortimer— y, en la actualidad, lo manejan empleados que, por lo que he escuchado, disfrutan de un nivel de vida superior al de los propios dueños.

Seguramente, debido a la falta de control, están vaciando la compañía.

Mi abuelo, en una oportunidad, se ofreció a ayudarles brindándoles asesoramiento comercial, pero Mortimer se negó, rechazando la propuesta con soberbia.

Ese desaire tensionó un poco las relaciones entre mi abuelo y él, porque el ofrecimiento de mi abuelo era genuino, de buena fe, y fue mal recibido.

Por esa razón, cuando hablábamos sobre mis funciones como Alfa, evaluando mis futuras responsabilidades, mi abuelo me advirtió que no dejara que Mortimer me presionara con exigencias innecesarias.

Me confió que, en una ocasión, él le propuso imponer un tributo obligatorio a los lobos de la manada con el propósito de crear un fondo destinado a que se hicieran asignaciones para los representantes del Consejo en retribución por los servicios que prestaban.

Mi abuelo lo echó de su despacho a gritos, recordándole que ser representante constituía un honor, no una carga, y que si no estaba dispuesto a hacer un aporte altruista a la prosperidad de la manada, que renunciara de inmediato a su cargo y liberara el puesto para que otro lo asumiera con gusto.

Mortimer abandonó la estancia sumamente contrariado.

Por ello es por lo que espero obtener más información con datos reveladores de Sofer.

Nuestro escriba lleva registros de todos nosotros, custodiando todas las actas de nuestra comunidad; además, transcribe las reuniones del Consejo y suele manejar información muy importante sobre cada miembro de la manada.

Mi abuelo lo consultaba con frecuencia; los une una amistad de muchísimos años y la lealdad inquebrantable que ambos le profesan a la manada.

Estoy seguro de que puedo confiar plenamente en él y en su criterio.

Todos sus registros son manuscritos hechos de puño y letra y su memoria es excepcional.

Como escriba oficial de una manada, su memoria tiene un poder fuera de serie; opera como una especie de computadora andante.

Hace pocos años accedió a modernizar el archivo e inició la digitalización de todo, pero con la estricta condición de mantener y preservar también el soporte físico de puño y letra.

Digitalizar el Registro es una labor titánica descomunal, ya que conservamos registros desde los albores de nuestra raza, incluso desde que los registros se hacían con anotaciones de jeroglíficos o caracteres primitivos similares.

Sofer me ha comentado que este proceso de digitalización le está permitiendo repasar las crónicas que estudió en su juventud cuando su padre le enseñaba el arte de archivar y ser escriba.

Históricamente, solo miembros de su familia han sido escribas para la Manada de Sicilia e incluso toda otra tarea relacionada al registro es llevada a cabo por familiares directos al escriba.

Gracias a este proceso de digitalización, hemos logrado enterarnos y catalogar cuáles han sido las distintas denominaciones o nombres que hemos adoptado como manada a lo largo de las eras.

La vida y destino de la manada siempre ha estado ligada a las cuestiones políticas del mundo en general y, cuando ha habido cambios o fluctuaciones en el planeta, también los ha habido en la manada.

Cruzo el umbral entrando en la sala y encuentro a Sofer sentado, aguardando mi presencia.

—Sofer, buenas tardes —le saludo—. Disculpa la tardanza, estaba ocupado con un asunto que no podía desatender —me disculpo, porque el asunto por el que lo hice esperar fue que seguía enterrado en Zoe disfrutando de su cuerpo—.

Agradezco que hayas venido a verme con tanta celeridad y sin previo aviso, pero requiero información y la necesito lo más rápido posible.

—Buenas tardes, Alfa —responde incorporándose—.

Será un honor servirlo, tal como asistí a su abuelo y al padre de este en el pasado.

Pero por favor, permita que primero le brinde mis felicitaciones por su cuadragésimo cumpleaños y por su asunción al cargo; estoy seguro de que lo llevará adelante con valentía y orgullo como lo caracterizó a su abuelo y a todos los Capolupi.

Es bueno saber que él disfrutará de un merecido descanso y de que sangre joven y fresca como la suya asumirá el relevo.

Ahora, dígame en qué puedo asistirle, será un privilegio poder hacerlo y cooperar.

—Gracias, Sofer, eres muy amable y valoro mucho tus palabras; toma asiento, por favor —le respondo indicándole la mesa con un gesto—.

¿Deseas alguna bebida? ¿Tuviste oportunidad de almorzar?

Puedo ordenar que sirvan un platillo; conozco tu tendencia de enfrascarte en tus archivos y que te olvidas de comer.

—Agradezco su interés, Alfa, pero estoy bien —declara—. Comí un emparedado de camino hacia acá, ya que es verdad que me salté el almuerzo en el Registro. No obstante, si aceptaré un café con agrado, gracias.

—Le solicitaré a mi secretaria que lo traiga de inmediato —le indico ordenando dos tazas por el intercomunicador—.

Mientras aguardamos el servicio, te comentaré lo que necesito saber.

Quisiera datos sobre un miembro del Consejo y su hijo.

Necesito saber toda la información que tengas sobre Mortimer y su hijo Alaric.

—Por supuesto, dispongo de mucha información que brindarle, Alfa —responde Sofer— Y si me permite el atrevimiento, ¿ha surgido algún problema? ¿Por qué necesita información sobre ellos?

—Nada importante, espero; solo pretendo hacer ciertas verificaciones —le confieso—.

El miércoles tengo una sesión con el Consejo y me parece prudente ir preparado.

Puede que sienta cierto resquemor con ellos, pero solo es una corazonada, de ahí el motivo de mi consulta.

Igualmente, te pido total discreción con todo lo que hablemos.