Capítulo 13 Marco #3
—Me está hablando por aquí —me dice señalando su cabeza—; nos hablamos por el lazo mental.
Al vincularnos, ella puede hablar conmigo como cualquier lobo de la manada, aunque a una intensidad superior.
Mientras nosotros conversábamos, Zoe me ha estado preguntando en cuantos pedacitos pensaba cortarte y si te serviría de cena —se ríe—.
En realidad, ha estado apaciguando mi temperamento desde que abandoné la sala de juntas.
Me hace bien sentirla siempre presente, es como un bálsamo su presencia constante.
—No lo sabía, pensé que la comunicación mental era solo cosa de lobos, como lo es la compartimentación cosa de Alfas. Desconocía que los vampiros pudieran hablar en la mente de alguien.
—Es por el vínculo; mi abuela también puede hacerlo.
Desde el momento en que se vinculó con el abuelo, pasó a pertenecer a la manada, pero casi no lo usa, creo que lo prefiere solo para comunicarse con él y alguna que otra vez conmigo.
Desde el vínculo, siento a Zoe en mi mente más que a cualquier otro lobo.
—Es increíble, realmente asombroso, jamás lo imagine —le digo.
—Sí, en verdad es increíble. Bien, si pretendemos almorzar a una hora decente, ve a concluir tus pendientes. Zoe nos aguardará en su oficina para cuando estemos listo. Ahora está ocupada enviando todo el material para la auditoría a mis abuelos.
Dejo a Matt en su despacho y me encamino al mío a llenar informes y programar citas con mi personal para reestructurar las tareas.
Mientras firmo documentos, analizo las implicaciones sobre mi nuevo cargo como Beta.
Ya me considero en funciones y mi obsesión será en convertirme en la mejor defensa para mi Alfa y su compañera.
Por esa razón, aunque a él le inquiete lo de Roma, a mí me genera alarma el comportamiento del Consejo.
Resultó sumamente sospechoso el ahínco con el que me pidieron que le hablara a Matt sobre ese decreto.
Sí, es verdad que estaba de acuerdo con el propósito del pedido por mis antecedentes familiares, pero no con la forma y cuando salí de la junta a la que me citaron algunos miembros el mismo Domingo, donde como miembro Vocero en funciones me dieron el comunicado para el Alfa, mi cuerpo sintió escalofríos.
No se le puede exigir a un Alfa, y asumí que por eso me sentí así, pero cada vez que pienso en ello, alarmas suenen en mi cabeza.
Lamento haberme visto involucrado porque algo huele cada vez peor.
¿Ya habré empezado a transformarme biológicamente, a cambiar a su segundo al mando, porque acepté ser su Beta?
Porque esta sensación de inquietud no hace más que incrementarse.
Justo en ese segundo, una notificación ilumina mi pantalla y las alarmas estallan en mi cabeza.
Literalmente siento presión en mi cerebro.
Me ha llegado un correo: es de Alaric, hijo de Mortimer, el consejero representante de Palermo.
Me cita a una reunión de carácter urgente con los miembros del Consejo, una hora antes de que vaya Matt el miércoles, argumentando la necesidad de unificar criterios previos a la sesión solicitada por el Alfa.
¿Por qué Alaric me mandaría un correo con una citación oficial si el cargo del Consejo le pertenece a su padre?
Carece de autoridad legal para enviar citaciones.
Si fuera por ayudar a su padre, debería haber enviado el correo desde la cuenta de este y no desde la suya propia.
Tendré que investigarlos a ambos; no quiero sorpresas.
Debería decirle a Matt en cuanto sea oportuno.
Espero no exagerar ni caer en paranoia, pero veo conspiraciones en todos lados.
Concluyo unos reportes en el instante que detecto a Matt acercarse; lo huelo bastante antes de que golpee a mi puerta para ir a buscar a Zoe.
Afortunadamente, mi secretario consiguió mesa en el restaurante favorito de ella.
Todos los que trabajamos en el distrito comercial, nos disputamos las mesas, nos peleamos por saborear las pastas de Rogelio, el chef y dueño de «Señoras Pastas».
El nombre resulta tan cursi que creo que por esa razón Zoe comenzó a frecuentarlo, pero por la calidad de sus pastas, se volvieron nuestras favoritas.
En cuanto nos presentamos frente al despacho de Zoe, ella abre la puerta y me estrecha en un abrazo efusivo.
Noto que Matt se tensa durante un microsegundo antes de obligarse a relajar el cuerpo.
Percibí con total nitidez, literalmente, cómo se le pararon los vellos de la nuca.
Si con solo aceptar ser su Beta ya estoy experimentado esa sincronización biológica con él, será interesante cuando sea oficial y se selle nuestra unión de poder.
Intento balbucear una disculpa, pero ella no me deja; me interrumpe diciéndome que lo olvide, que todo lo que se haga pensando en el deseo de hacer el bien no requiere ser perdonado, solo entendido.
Con su generosidad y nobleza, experimento el peso de ser perdonado de verdad.
Abandonamos el edificio en dirección al restaurante: seremos tres amigos compartiendo una mesa, aunque soy consciente de que dos de ellos comparten más que eso, comparten un lazo que desafía las leyes del mundo.
Y por las miradas encendidas que se han estado dando, sé perfectamente que están deseosos, contando los segundos para volver a compartirse mutuamente.