Capítulo 13 Marco
¿Merezco el perdón?
Matt me dio la orden urgente de reunirme con él en su despacho; fue un imperativo de Alfa que me resultó imposible eludir.
Sé perfectamente lo que me aguarda: Zareb ya debe de haber hablado con él.
El rey de los vampiros italianos se puso furioso cuando le confesé que había detectado el rastro de Zoe impregnado en Matt y el de él en ella; pero tenía que hacer algo, me vi en la necesidad de actuar, y Matt no me prohibió específicamente hablar con él.
Fue la única estrategia que hallé para intervenir sin pasar por alto la orden que recibí; no hay forma de ignorar la voz de Alfa.
Sin embargo, tras abandonar a Zareb, aclaré mi cabeza, lo medité y comprendí la gravedad de mi error.
Me extralimité. Si Matt decide decapitarme, estará en todo su derecho; solo conseguí complicar un escenario que ya era tenso.
Igualmente, no entiendo, sigo sin asimilar por qué Matt se involucró con ella.
No puedo negar que es una belleza; es una mujer deslumbrante, divertida e ingeniosa.
De hecho, si soy sincero conmigo mismo, admito que me fijé en ella antes de que mis padres murieran.
Fuimos amigos incluso antes de trabajar juntos porque compartíamos el mismo círculo social; ella siempre ha sido alguien fácil de querer.
Resultó normal que me sintiera atraído, aunque jamás hiciera nada al respecto.
Si analizo el pasado, es probable que no avanzara porque Matt siempre permanecía a su lado; era como un muro invisible que bloqueaba cualquier intento de acercamiento.
Pero en el instante en que la tragedia nos golpeó, cuando murieron mis padres junto con los de Matt, cualquier fantasía romántica hacia Zoe se evaporó.
No porque tuviera un rechazo directo o algo en contra de los vampiros; mi amargura y mi odio se dirigen pura y exclusivamente hacia las brujas negras.
Ellas nos atacaron debido a que sintieron que Calo desafió las leyes de la naturaleza al vincularse con Sophie, una vampiresa.
Hum… un vínculo… ¿será posible? No, no es posible, me resulta inverosímil que Matt haya caído en ese lazo; me habría dado cuenta, me habría percatado ¿verdad?
Estoy seguro de que solo experimenta un ardor pasajero y está saciando su deseo con ella.
Probablemente sus hormonas se revolucionaron y entraron en una urgencia biológica...
Debe haber aparecido al asumir como Alfa, y por eso quiso acostarse con Zoe.
¿O será algo más? ¿Existe un trasfondo más profundo?
Debo estar por volverme loco, rebajando a Zoe a un simple objeto de deseo cuando sé perfectamente que no es así, que su valor es incalculable.
Es perfecta y mi amigo… demonios, mi amigo debe de haberse vinculado a ella.
Si no fuera así, Matt jamás sería tan imbécil para tocarla sin sentimientos de por medio.
Soy un estúpido, un hombre cegado por el duelo, por el dolor de la muerte de mis padres.
En mi afán de protección, lo único que he conseguido ha sido lastimar a mis amigos.
Por Dios, ¿qué he hecho? Ojalá se me conceda la oportunidad de arreglar esto.
Ojalá, Matt me deje vivir para demostrarle que nunca más voy a dudar o desconfiar de él.
No tengo nada, me he quedado solo. Perdí a mis padres e, incluso antes, al resto de mi familia.
Y ahora, por mi soberbia, por creer que tenía razón y sabía lo que pasaba, acabo de perder a mis amigos.
Debo hallar la forma de disculparme y redimirme con ellos, de arreglar las cosas.
Los lastimé y no era esa mi intención; mi único propósito era salvaguardar y proteger la paz.
Quería seguir con la idea de Calo de volver las cosas a cómo eran antes, cuando las razas no se mezclaban sentimentalmente, cuando se mantenían separadas en el plano afectivo, para no provocar o incitar a ninguna bruja negra y que nos ataquen de nuevo.
—¡Aquí estás! —brama Matt al ingresar a su despacho, donde lo aguardo tal como se me ordenó.
—Matt, lo sien…
—Cállate y siéntate —sentencia.
Mierda, proyectó su voz de Alfa; la vibración me sella las cuerdas vocales impidiéndome emitir el menor sonido. No hay forma de que articule palabra si él no me autoriza. Me siento obedientemente.
—Ahora que no puedes hablar y estás obligado a guardar silencio —él continúa—, quizás me escuches y la verdad penetre en tu dura mollera.
Escúchame, Marco: me desagrada usar este recurso contigo, no quería emplear mi voz así.
Zoe me instó a que escuchara tus razones, pero a menos que te permita hablar, no lo podré hacer, ¿verdad?
Me limito a asentir, experimentando la opresión física por su orden.
—Está bien —prosigue—. Antes de liberarte, debes saber y, espero, lo asimiles como una realidad absoluta: me vinculé con Zoe. No es un juego frívolo para ninguno de los dos. ¿Lo encuentras lógico? ¿Te queda claro?
Vuelvo a asentir inclinando la cabeza; es lo único que puedo hacer para expresarme.
—Perdona, amigo; puedes hablar, te libero de la orden —me dice finalmente, usando su voz vibrante.
—Lo siento, Matt… Lo siento, perdóname. Me comporté como un tonto y un soberbio.
—Yo también cometí errores, Marco. Debí haber sido claro desde el segundo en que noté que habías rastreado la fragancia de Zoe en mi piel.
Este nuevo escenario es totalmente reciente para nosotros; apenas estamos empezando, asimilando el impacto de nuestra actual situación y tú irrumpiste como un toro salvaje en mitad de una corrida, arrasando con todo y llevándonos por delante.
—Lo sé, lo comprendo. Justo antes de tu entrada acabada de descifrar que se habían vinculado.
No lo entendía, fui un ciego; supuse… yo pensé que solo estabas actuando por un cambio hormonal al convertirte en Alfa o por simple rebeldía, desafiando a tu abuelo.
Pero debí haber previsto que jamás quebrantarías tu palabra, tú no lo harías salvo que el destino te privara de otra opción.
Y si estás vinculado, no la tienes; ante un lazo de sangre no tienes poder de decisión.
—Así es. Ambos nos equivocamos; el error fue mutuo al no ser sinceros y enfrentarnos con la verdad desde el principio.
—Necesito que Zoe y tú me otorguen el perdón. Si me lo permites, deseo pedirle disculpas a ella personalmente.
—No tengo que otorgarte ningún permiso para hablar con ella —esboza una sutil sonrisa—.
Por el contrario, considero que deberías solicitar su venia y pedirle permiso a ella para tratar conmigo.
Esa mujer posee el control absoluto de mis sentidos; me va a manejar como quiera, me tiene completamente obnubilado.
—¿Tanto así? ¿A tal extremo? Pero ¿cómo pasó? ¿Qué lo desencadenó? —le pregunto porque no puedo creer cómo se ha desarrollado todo.
—Sí, tanto así, a ese nivel. El impacto me golpeó el mismo sábado, durante la fiesta.
En cuanto crucé el umbral del salón experimenté el tirón del vínculo y, al completarse la transición y asumir como Alfa, la conexión se hizo más fuerte.
Ella también lo percibió, lo sintió esa noche, aunque no lo reconoció hasta más tarde, cuando pudimos hablarlo.
—¿Pero que harás con tu abuelo? ¿Cómo procederás? Le hiciste una promesa y ahora la vas a romper, estás a punto de pulverizarla.
—Lo sé, pero no tengo opción; sabes lo que significa un vínculo, es un imperativo biológico y conoces su alcance; como lobo no lo puedo negar y ella ya me aceptó, ya es irrompible.
Sin embargo, contamos con una aliada estratégica: mi abuela descifró la situación de inmediato, se dio cuenta y ha sido bastante ingeniosa para permitirnos estar juntos; diseñó una coartada perfecta para concedernos espacio.
Ese fue el motivo principal de su viaje: darnos tiempo a solas.
—Y yo fui y les rompí la burbuja, irrumpí destruyendo su refugio. Lo siento, en verdad lo lamento. Sophie siempre te apoyará, jamás te dará la espalda y más si estás luchando por tu propia felicidad. Amigo, te prometo, te juro que yo me uniré a esa causa, yo también los apoyaré.
—Gracias, hermano. Me alegro de que lo entiendas, me reconforta tu lealtad.
Mi abuela es la cómplice más audaz que podríamos tener, no encontraríamos otra mejor.
Ya conoces su habilidad para anticiparse a los hechos y saber las cosas antes que nadie; simplemente nos guia, digamos que nos pastorea a los simples mortales hacia donde quiere o desea —su ánimo ha cambiado; su semblante es distinto, está relajado; adora la astucia de Sophie.
—¿Acaso pretendes componerle un poema a tu abuela? —lo provoco, bromeando un poco, ya mucho más distendidos, recuperando la complicidad de siempre.
—A la única a la que le escribiría poemas es a Zoe; es la dueña de mis letras y de mis pensamientos —sentencia con firmeza.
—¿Así de enamorado estás? ¿Tan hondo caíste? Quién lo habría imaginado… El solitario e indomable Matt, el hombre que juraba que no iba a sentar cabeza antes de cumplir el siglo de vida, doblegado de esta manera, cayendo estrepitosamente a sus cuarenta recién estrenados… ja, ja, ja.
—Tú también caerás, tu caída será idéntica, lo sentencio como tu Alfa —él responde con una sonrisa. Mi semblante no lo acompaña; no veo una relación en mi horizonte, no albergo espacio para el amor en él.
—En ese terreno no te secundaré, amigo. No quiero amar y después perder, me niego a entregar mi corazón al amor para luego presenciar cómo se extingue, tal como ya ocurrió cuando perdí a mi familia.