Capítulo 12 Matt
Poniendo las cosas en perspectiva.
Debo calmarme para enfrentar a Zareb, pero ver las lágrimas de Zoe no ayuda a la tarea.
Es el padre de mi compañera y corresponde que evalúe las consecuencias futuras; tendremos que convivir, al fin y al cabo seremos familia.
Por esa razón utilizaré mi tono más pausado y calmado, aunque le dejaré perfectamente claro quién está del lado correcto de las cosas y le otorgaré la oportunidad de que asuma esa posición. Solo por Zoe.
—Creí haber sido claro anoche cuando hablamos, Zareb, pero parece que no fue así, por lo que te lo repetiré ahora y solo por respeto a Zoe —le digo mientras noto que ella se sobresalta; ignora que ya discutimos horas atrás con su padre—.
Recuerda que estás hablando con un Alfa de manada, no con cualquier muchachito indefenso que se amedrentaría con tus gritos y aires de rey.
Podrás ser el soberano de los vampiros en Italia, pero yo estoy a tu misma altura. Respeta a tu hija y respétame a mí.
—¡En este momento no estoy hablando con el Alfa de Sicilia! —brama él—. ¡Estoy hablando con el tipo que se metió bajo las faldas de mi hija! ¡Y esto concluye aquí y ahora!
—¡No le faltes el respeto a Zoe! —le corto. Lo intento, pero me resulta cada vez más difícil dominarme; mi voz de Alfa está tomando el mando—. No me provoques, Zareb; no sabes de lo que soy capaz de hacer por protegerla.
La intensidad de mi voz es tan intimidante que, si Zareb fuera lobo, estaría postrado en el suelo lloriqueando.
Al ser un vampiro y de su categoría, no debería afectarle, pero lo veo ejecutar un pequeño gesto con su cuerpo, como si se sacudiera un peso de encima.
Es mi fuerza; al parecer, sí le está repercutiendo.
—Yo no le falto el respeto a mi hija; tú lo haces al meterte en su cama cuando sabes perfectamente que la dejarás de lado después —me recrimina—.
De lo contrario, le faltarás a la palabra dada a tu abuelo.
Ella es mi hija pequeña y la voy a proteger de ti y de cualquiera. Ese es mi derecho y mi deber.
—En eso estamos de acuerdo, entonces; en lo de protegerla —le respondo, recuperando la calma de forma paulatina. Zoe nos observa; ya no llora, pero el rastro de la humedad de sus lágrimas persiste en sus mejillas—. Yo no dejaré de lado a Zoe de ninguna forma. Ni siquiera por mi abuelo.
—Explícate.
—Siéntate, por favor, y lo hablaremos de forma civilizada.
Le pido que se siente, porque al inicio de nuestra discusión se había puesto en pie listo para atacarme.
Por suerte, cede. Yo me ubico al lado de Zoe y tomo su mano.
Antes de continuar le pregunto mentalmente si se encuentra bien; ella asiente.
Miro a Zareb; no se me pasa por alto que está ocupando mi lugar en la mesa de juntas.
No me importa, siempre que pueda estar junto a Zoe.
—¿Qué te dijo Marco, Zareb?
—Me lo crucé esta mañana cuando venía llegando y él me confío que te habías revolcado con mi hija aprovechándote de ella —su tono sigue siendo duro; el mío lo será también.
—Creo que esos términos ya dictaminamos que no eran correctos, Zareb. Te agradecería que no los repitas.
—Está bien —concede—. Pero ¿es verdad? Claro que lo es, si ambos apestan al olor del otro —sigue provocando—.
Esto es increíble: le prometiste a tu abuelo que buscarías pareja entre lobas.
¿Por qué te involucraste con mi hija? ¿No vez que esto está mal?
¿Quieres provocar otro atentado de algún loco brujo negro fanatizado con la pureza de sangre?
¿Eso quieres? ¿O solo estás saciando tus impulsos?
—Papá, podemos explicarte. No es así lo que pasó…
—Espera cariño, déjame aclararle la situación a tu padre. Relájate, todo está bien —la tranquilizo.
Y yo también me calmo porque acabo de comprender el origen de su furia: siente miedo por la seguridad de Zoe. Solo por eso seré paciente
—Zareb —continúo—, te lo repetiré una última vez: habla con respeto de tu hija.
No voy a aceptar ninguna otra falta de respeto más, ni de tu parte, ni de Marco, ni de nadie.
Con él arreglaré cuentas después. A ti te aclararé las cosas ahora.
Con Zoe no estamos jugando; nada más lejos de la realidad. Con tu hija nos hemos vinculado.
—¡No, eso no es posible!
—Por el contrario, es muy posible. Esto no es una relación cualquiera; estamos vinculados y es para siempre.
Zoe aprieta mis manos; percibo su nerviosismo. Anhelo calmarla, pero debo hacerle entender a su padre cómo serán las cosas de ahora en adelante.
—Pero eso es peligroso —insiste Zareb y lo noto quebrarse—. Mira lo que pasó con tus padres o los padres de Marco, por la elección que hicieron tus abuelos al vincularse. Tienen que deshacer esto; no pueden continuar.
—Papá, si alguien te hubiera ordenado que dejaras a mi madre porque era peligroso, ¿lo hubieras hecho? ¿La hubieras abandonado? —interroga Zoe a su padre.
Zareb nos mira fijamente. Sé a ciencia cierta que su matrimonio se basa estrictamente en el amor; no fue un compromiso contractual ni nada por el estilo. Por su mirada, se nota que va comprendiendo que lo nuestro no tiene vuelta atrás.
—No… no la hubiera dejado. No lo hubiera podido hacer.
Zareb finalmente nos mira más calmado, y nos permite que le relatemos, sin interrupciones, lo que ha ido aconteciendo en estos últimos días.
Le explicamos cómo nos sentimos desde la noche de la fiesta, pero principalmente cómo nos hemos ido percatando de que esto siempre ha estado ahí, en pequeños detalles de cosas que hemos ido haciendo sin darnos cuenta.
Le aclaro que ya no hay forma de revertirlo; que jamás quisimos hacerlo tampoco.
Una vez que dos personas aceptan su vínculo, no hay marcha atrás; es un matrimonio donde no existe el divorcio.
—Pero esto puede acarrear muchos problemas con las brujas; Marco está preocupado por ustedes y yo también —manifiesta Zareb y el que habla es el Zareb padre, no el Zareb rey—.
Zoe, cuando tu madre se entere estoy seguro de que se alarmará ella también.
Ya sé que se asume que no quedan brujas negras vivas, solo las que se convirtieron en blancas, pero de igual modo es un peligro constante.
Y faltarás a tu palabra, romperás tu promesa, Matt; eso no puede ser bueno para iniciar un mandato de Alfa.
—Es verdad que puede ser un peligro si hubiera brujas negras vivas, pero seremos cuidadosos, y tengo un plan para hacer frente a esto.
—¿Cuál plan, Matt? No me has dicho nada.
—Lo estructuré anoche, por eso no te lo he contado todavía —la tranquilizo acariciando su mano.
No quería decirle mentalmente; esperaba hacerlo en persona y a solas, pero viendo la verdadera preocupación de Zareb, decido compartirlo ahora.
—¿Cuál es la estrategia que tienes para proteger a mi hija? —me interroga él.
—En primer lugar, le asignaré seguridad a Zoe esta misma semana. Y pondré a un equipo a investigar y verificar a todas las brujas existentes. Haré una especie de censo y con base en eso partiremos con las medidas necesarias.
—¿Y por qué crees que las brujas se dejarán censar? —continúa él.
—Cuando concluyó la guerra se firmó un tratado y existe una comisión que verifica estas cosas.
Me imagino que tú como representante de los vampiros en Italia, lo conoces.
Pienso apelar a ese tratado para que la comisión intervenga legalmente.
Pero estoy dispuesto a romper la ley si me lo niegan con tal de proteger a Zoe. Eso debe quedarte muy en claro, Zareb.
—No necesito protección, puedo cuidarme sola, Matt.
—Aceptarás la protección de Matt sin discusiones, jovencita —dictamina su padre.
—Papá, por favor, no te metas en esto.
—Sí lo haré, estoy de acuerdo con Matt: debes estar protegida —al fin estamos de acuerdo en algo los dos: la protección de Zoe.
—Cariño, escucha a tu padre —le pido a Zoe, y a través del vínculo le digo sonriendo que aprovechemos que está calmado y no lo provoquemos.
—Está bien, lo acepto, para tranquilidad de los dos —cede ella.
Y con eso ya los tres nos relajamos a pesar de lo serio del asunto.
—Gracias, hija —le dice a Zoe y continúa interrogándome—. Matt ¿cómo harás con tu abuelo? Como te dije, no creo que sea sensato empezar un mandato de Alfa quebrantando promesas al Alfa anterior.
—Es verdad que le hice una promesa a mi abuelo, y no podré cumplírsela.
Pero la promesa decía específicamente que buscaría formar pareja con una loba —«Sobre mi cadáver», me advierte Zoe en mi mente; al parecer la vampiresa tiene garras y está dispuesta a usarlas—.
Pero —continúo haciendo énfasis para Zoe—, no decía nada sobre una vinculación.
En una vinculación no hay búsqueda, solo sentimientos, y un lobo no puede ir en contra de ella de ninguna manera.
Así que técnicamente no estoy rompiendo la promesa, porque no he hecho una búsqueda, simplemente nos hemos encontrado.
Y si Zoe no me hubiera aceptado, no formaría pareja con nadie; no existiría nunca nadie más para mí —«para mí tampoco, nene», me responde ella por el vínculo.
—¿Entonces esta relación no traerá problemas entre los lobos?
—No, no los traerá. Y si surgieran de alguna forma, los enfrentaremos juntos y saldremos adelante.
—Está bien, comprendo. ¿Harán un anuncio formal?
—Papá, esto es muy reciente, no hemos hablado sobre eso y Matt todavía no conversa con su abuelo.
—Es verdad —asiento—; aunque lo quisiera gritar a los cuatro vientos, todavía no hablo con mi abuelo.
Solo lo sabe mi abuela; ella se dio cuenta antes que nosotros.
Y previo a cualquier anuncio, debo hablar con él; no quiero que se entere por terceras personas como te ocurrió a ti.
Tal vez si Marco no se hubiera entrometido en esto, nos habríamos ahorrado esta discusión.
—Creo que él está preocupado de verdad —interviene Zareb, increíblemente defendiendo a Marco—. Es probable que la pérdida de sus padres lo haya afectado, incluso más que a ti; tengo entendido que él no cuenta con más familia.
—Sí, es verdad, luego hablaré con él. Igualmente, no puede ir dando información de los demás sin autorización.
Y soy su Alfa; deberá responder ante mí.
No entiendo como Marco nos ha hecho esta jugarreta, pero lo aclararé.
Solo espero que tenga una buena excusa; no quiero perder a mi amigo.
Aunque tal vez yo también tenga algo de responsabilidad al no explicarle lo que estaba pasando cuando él lo sospechó —me lamento.
—Tranquilo Matt, luego hablarás con él y lo resolverás —me serena Zoe antes de mirar a su padre—. Pero ahora yo tengo otra duda. Papá: si te enteraste recién esta mañana de lo nuestro, ¿por qué querías esta reunión?
—Ah… sí ya lo había olvidado —reacciona él—. Voy a hacer un reacomodo en nuestra corporación: te trasladarás a las oficinas centrales para ocuparte de otras inversiones a partir de la próxima semana.
—Sobre mi cadáver, Zareb —expreso, tirando al diablo la tranquilidad que había ganado.
—Papá, debes darte cuenta de que no iré a ningún lado, no ahora —interviene Zoe.
—Pero es necesario que te ocupes de otros negocios, no solo de los hoteles.
Tú tío Zane solicitó un tiempo fuera y necesito que ocupes su cargo en la casa central.
Podrás seguir supervisando la inversión aquí, pero necesito que hagas otras cosas.
No digo que no se verán más, sólo que trabajaran en distintos edificios.
—Está bien, pero…
—No, no lo está; trabajarás aquí —sentencio. Me niego a dejar que la alejen de mi lado.
—¿Puedo terminar de hablar? —nos interrumpe Zoe con una ceja alzada—. Al parecer, mi padre y mi compañero son bastante parecidos en eso de dictar órdenes.
—Perdón, continúa, por favor, cariño.
—Sí, hija, continúa —«mi suegro» esboza una sonrisa porque Zoe nos puso en cintura a los dos; yo también sonrío.
—Lo que intentaba decir es que puedo ocuparme de las cosas del tío Zane hasta que vuelva, pero desde aquí.
Y si la carga es muy pesada, puedo pedirle ayuda a alguno de mis hermanos; siempre quieren consentir a su hermana pequeña.
Es hora de que utilice esa carta a mi favor.
Pero te repito: lo haré desde aquí o desde donde esté Matt. Eso no es negociable.
Anhelo besarla; me siento sumamente orgulloso de ella. Pero me contengo de hacerlo delante de su padre, así que simplemente la acaricio a través del lazo y le aseguro que pronto la tendré entre mis brazos.
—Está bien, podría funcionar; encárgate de hablar con tus hermanos. Lo dejo en tus manos —concede Zareb.
—Gracias, papá.
—Bueno me retiro para dejarlos trabajar. ¿Le puedo decir a tu madre? Sabes que me es difícil ocultarle cosas.
Zoe me consulta mentalmente y le doy mi aprobación, siempre y cuando no lo comenten con nadie más por ahora; me urge conversar con mi abuelo.
—Sí, papá, puedes decirle, aunque me hubiera gustado hacerlo yo —asiente Zoe—. Dile que no se enoje porque no le comenté nada esta mañana, que después pasaré para charlar con ella y que, por el momento, no lo divulgue hasta que Calo lo sepa.
—Bien, así será. Nos vemos luego.
Zareb se despide y me da un apretón de manos extremadamente fuerte; me ordena cuidar a Zoe.
Menos mal que soy un lobo, de lo contrario probablemente me habría fracturado los dedos.
Al parecer desea dejarme en claro que es su hijita.
Sonrío; lo haré con gusto. Luego besa a Zoe en la frente y se retira.
Al fin nos quedamos a solas. Ninguno articula palabra; solo nos aproximamos y nos fundimos en un beso.
Ambos lo requerimos para reafirmar que esto es real.
Con todo, el momento nos dura poco; mi secretaria me notifica por el intercomunicador que Marco ha llegado y me está aguardando, tal como solicité.
—¿En qué momento lo llamaste? —me pregunta Zoe.
—La compartimentación es muy útil —le respondo—. Apenas tu padre lo mencionó, le ordené mentalmente que se presentara de inmediato. Debo ir y resolver esto. Ya anoche se extralimitó; se lo advertí, pero al parecer no le quedó clara mi orden.
—No me dijiste qué pasó anoche.
—Lo sé, después lo hablaremos.
—Está bien, pero no seas duro con él —me pide—. Es tu amigo y posiblemente tu Beta; tienes que entender que sus padres también fallecieron junto con los tuyos y él conserva el mismo resquemor que tu abuelo.
—Eso lo entiendo, pero no por ello puede ir a mis espaldas a hablar con tu padre ni con nadie. Ya le había advertido que no se entrometiera. Tendré que ser aún más claro.
—Es verdad, pero por favor escúchalo —insiste—. No quiero que después te arrepientas porque no le otorgaste una oportunidad.
—Lo haré por ti, cariño. Gracias por serenarme —asiento—. Iré con Marco y luego te buscaré para ir a almorzar, ¿te parece?
—Sí, nene, te espero —responde, lanzándome un beso al aire mientras se retira contoneando sus caderas.
Mi miembro reacciona de inmediato; ya estoy duro. La muy taimada sabe perfectamente cómo distraerme. Sonrío como un tonto.