El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 11 Zoe #2
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Capítulo 11 Zoe #2

Cuando llego a la oficina son apenas cinco minutos pasados de las diez.

Me recibe mi secretaria y me advierte de que los ánimos están caldeados.

Por lo que ha podido averiguar, mi padre se presentó hace unos minutos para la cita con Matt.

La secretaria lo guio a la sala de juntas y fue a buscar a Matt, pero este se negó a recibirlo alegando que no estaría disponible hasta las once.

Ahora mi padre está vociferando que retirará la inversión de la corporación, mientras Matt permanece encerrado en su despacho, negándose a salir.

No comprendo nada de lo que está ocurriendo.

No sé con cuál de los dos ir primero. Intento hablarle a Matt mentalmente: lo he percibido toda la mañana, ha estado ahí dándome suaves caricias mentales a través del lazo, pero no me ha hablado de verdad.

¿Se habrá dado cuenta de que mi mente estaba meditando?

¿O sentirá vergüenza después de haberme confesado que me amaba?

Esto último es imposible; él es un hombre valiente.

Si no hubiera cortado la comunicación anoche, ¿me habría animado a responderle?

Tengo más dudas que certezas sobre cómo será nuestro futuro; ojalá pudiera centrarme en eso y no en el berrinche de mi padre.

Mi intento de contacto con Matt no da frutos; literalmente percibo que me bloquea.

Es extraño: está ahí, pero no me permite entrar.

Me preocupa; desde que usamos la comunicación mental nunca me ha cerrado el paso.

Los nervios me consumen, así que, a falta de respuesta, me dirijo a la sala de juntas.

Encuentro a mi padre gritándole a la asistente de Matt.

La pobre, una loba de no más de veinticinco años, hace frente a la furia verbal del Rey de los Vampiros lo mejor que puede, pero no tiene oportunidad.

Decido rescatarla. Le pido amablemente que se retire y ella, con una mirada colmada de agradecimiento, sale apresuradamente.

Mi padre me observa furioso; le acabo de quitar su saco de boxeo verbal.

Así que se sienta en la cabecera de la mesa, en el lugar que le corresponde a Matt como CEO y dirige su furia hacia mí.

—¿Dónde diablos estabas, Zoe? —me cuestiona sin saludar—. Fui a tu oficina y no te encontré allí. Es importante cumplir el horario laboral, jovencita, y más cuando se requiere de tu presencia —emplea ese apelativo que sabe perfectamente que aborrezco y con un tono de superioridad insoportable.

Intento mantener la calma. No voy a darle el gusto de que me use para descargar su enojo.

—Papá, buenos días en primer lugar —le respondo.

Si mamá supiera el tono que está utilizando, seguramente no lo acompañaría más a ninguna cita de negocios como a él tanto le gusta.

—En segundo —continúo—, me demoré porque estaba en casa con mamá.

La sola mención de mi madre hace que sus pupilas se enciendan en rojo. Nunca han podido ocultar el deseo que se tienen; es vergonzoso en muchas ocasiones, y más ahora que entiendo lo que significa ese tono en los ojos.

—En tercero —continúo con mi enumeración, sin dejarlo meter palabra—, no sabía que tenía una cita contigo en mi oficina; de lo contrario habría intentado llegar antes.

Es mi padre y mi jefe, y suelo dejar que se salga con la suya, pero ahora también soy la compañera de un Alfa y experimento el deseo de hacerme valer y ponerlo a él en su lugar.

Mi madre siempre dice que es bueno tener un choque de realidad de vez en cuando para no ser tan pretencioso. Este es el momento ideal.

—Y cuarto… —por su rostro, ya no quiere dejarme concluir.

—¡No seas maleducada, jovencita! —me interrumpe—. Recuerda con quién estás hablando. ¡Soy tu padre!

Pero yo sí voy a terminar.

—Exactamente —y termino mi enumeración—.

Y cuarto: soy tu hija, no tu esclava, y soy una mujer adulta.

No puedes venir a mi lugar de trabajo y vociferar lo que te plazca a los cuatro vientos.

Ahora, aclarados estos puntos, ¿podrías explicarme, serenamente, qué está pasando?

¿Por qué quieres iniciar una guerra con Matt? ¿Acaso olvidas que esta es su empresa?

—¡No lo defiendas! ¡Ya lo sé todo! —lejos de calmarse, continúa gritando.

—No sé qué crees que sabes, pero deja de gritar. Habla conmigo, papá.

—Marco me lo contó todo; te estás revolcando con… con… ese lobo. No quiero saber nada más con él; no es un hombre confiable. Le prometió a su abuelo que no pasaría algo así y, apenas toma el poder, ya se está acostando contigo.

Me quedo impactada, no me esperaba esto, ¿Qué demonios ha hecho Marco?

—No es alguien de palabra —continúa—. Retiraré mi inversión y...

—Papá, no sé qué decirte… Yo, nosotros…

—No tienes que decir nada, Zoe —interrumpe una voz que necesitaba escuchar.

Matt ingresa cerrando la puerta tras de sí e insonorizando la sala, algo que yo olvidé hacer.

—Ven, amor mío, siéntate aquí —me pide, tomándome del codo y guiándome a la silla más cercana.

Es entonces cuando noto que las lágrimas caen por mis mejillas, humedeciendo mi blusa.

—¡No llames así a mi hija! —ruge mi padre—. ¡No tienes derecho! ¡Ella no te pertenece!

Matt me da un suave apretón en el hombre y se gira. El hombre que enfrenta a mi padre no es el director ejecutivo de la empresa; es el Alfa de la Manada de Sicilia en todo su esplendor.

—Ahora, Zareb,… ¡te callarás y escucharás!