El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 10 Matt
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Capítulo 10 Matt

Mi voz de Alfa, mi voz de CEO.

Marco me aguarda con un vaso de whisky en la mano y tiene otro preparado para mí. Ya han retirado todo de la mesa; solo están nuestros vasos y la botella. Por sus primeras palabras, me doy cuenta de que se toma muy en serio eso de que somos amigos…

—¿Vas a revelarme lo que está sucediendo, Matt? —me increpa apenas me siento frente a él y tomo mi vaso—. ¿O vamos a seguir fingiendo ignorancia?

Su tono me disgusta. Mi Alfa se rebela ante él. Decido negar todo por el momento; reservo mi confesión para cuando esté en mejor control de mis instintos.

—Marco, la verdad es que no considero que tenga nada que revelarte —le digo.

—Está bien —asiente él—. Como vas a seguir haciéndote el desentendido, pasemos entonces al asunto oficial.

El Consejo me ha encomendado, en mi papel de Vocero, decirte que quieren que asumas tu rol a la brevedad; quieren que acciones, afirman que en este último tiempo han sido pacientes con tu abuelo y contigo, porque se estaban preparando para el traspaso de mando, pero quieren hacer cambios y los exigen ya.

Su tono autoritario me indica que está enojado, y eso no ayuda a que me tranquilice y apacigüe mi temperamento.

—¿Qué clase de modificaciones pretenden exigir?

—inquiero sarcásticamente—. El Consejo no puede hacer, ni exigir ningún cambio.

Su poder se limita a solo sugerir. Yo tengo la última palabra en cada decisión, me pertenece por derecho y no me han manifestado tales inquietudes en las reuniones previas al traspaso —continúo—, ni tengo constancia de que le hayan hecho algún pedido a mi abuelo tampoco.

Tú, como miembro vocero del Consejo, en reemplazo de tu padre, me imagino que tienes idea de los cambios que pretenden que haga.

—Sí, por supuesto. Exigen… —titubea, duda en sus palabras; no está del todo convencido de lo que me va a decir—; queremos que emitas unas nuevas directivas.

Primero, debes designar a un Beta rápidamente.

El Consejo no está dispuesto… no estamos dispuestos a seguir sin uno.

El rol de un Beta, como lo fue mi padre, es fundamental para toda manada.

Un buen Alfa no puede dirigir sin un Beta que lo secunde.

Detecto dolor al hablar de su padre y le permito continuar.

Veo que se han valido de eso para convencerlo de venir a verme; además, estoy deseoso de comprobar hasta dónde van a llegar las «órdenes» del Consejo.

No me agrada la velada crítica a mi abuelo porque no volvió a elegir Beta, pero le doy el beneficio de la duda y lo sigo escuchando solo porque es Marco y noto su vacilación; pero todo tiene un límite, ruego que no lo cruce.

Por cómo se expresa, opera como un emisario, cumpliendo su rol de vocero, carente de convicción real en el dictamen.

—Y segundo, todos… hemos acordado… —continúa dudando, lo noto—, todos hemos acordado que debes poner orden estricto dentro de la comunidad de los lobos. No es conveniente la mezcla de… el cruce de razas.

Me pongo en alerta máxima, pero registro su vacilación al continuar.

—Los lobos no deben cruzarse con otras razas —prosigue—.

Debes… debes emitir un decreto donde los lobos de nuestra manada preserven sus lazos más cercanos entre sí, evitando las relaciones fraternales, amorosas, o como quieras llamarle, con vampiros, brujas, o cualquier otra raza.

Es hora de que se haga una limpieza en la manada.

Esto… esto no significa que nos aislaremos por completo del resto de las razas; no sería útil.

Pero sí creemos que mantenernos los lobos unidos, sin interferencias en cuanto a las relaciones familiares con otras especies, sería lo más idóneo.

Lobos con lobos y el resto aparte. No queremos…

no queremos que se armen nuevos núcleos familiares entre lobos y miembros de otras razas.

Semejante apertura ya nos acarreó tragedias en el pasado, muchas pérdidas que no estamos dispuestos a volver a tener, como la de mis padres o los tuyos.

Tu decreto debe limitar a los lobos a emparejarse con miembros de su propia raza.

El único contacto con otras debe restringirse para el mundo exterior, de los negocios o en el ámbito social, pero nada más; no más relaciones familiares mixtas.

Terminó su discurso atropelladamente. Mi furia ha comenzado a crecer a pasos agigantados a medida que Marco desglosaba su sermón segregacionista.

Semejante exigencia constituye un ataque directo a mi familia, especialmente a la elección de pareja de mi abuelo al ser mi abuela una vampiresa.

Pero ellos son conscientes de que mis abuelos se vincularon, no podían hacer nada en contra de eso, como yo no podría hacer nada en contra de mi relación con Zoe.

Debo calmarme, debo serenarme porque no creo que sea bueno que mi primer acto como Alfa sea descuartizar al que —hasta, al menos, hace un momento— tengo pensado elegir como mi Beta, en mi mesa del comedor y un día después de asumir mi cargo.

—Creo que deberías detenerte ahí, Marco —le corto con frialdad—.

Hay un principio que tanto tú, como el Consejo, deberán entender.

Y ojalá lo hagan a la brevedad; no me gustaría tener que repetirme: el Alfa soy yo, y en este territorio se hará lo que yo diga.

Ese es mi derecho y así se mantendrá. Si albergan sugerencias, y escúchame bien: «sugerencias», las oiré de buen grado.

Pero únicamente eso: las oiré. Porque el que va a tomar las decisiones soy yo, y nadie, ni tú, ni ningún otro miembro del Consejo me dará órdenes.

Ni siquiera mi abuelo podría hacerlo. Únicamente sugerencias, Marco; quedas advertido y confío en que se lo adviertas al resto de los miembros del Consejo.

Ahora, si no tienes otro asunto que tratar, preferiría que te marches.

Organiza una reunión con el Consejo para el próximo miércoles a las 16:00 horas en la Sede de la Manada.

Allí escucharé sus propuestas y sugerencias, y les notificaré como será el nuevo «estilo» de mando que habrá en la Manada de Sicilia y también les informaré como será el proceso de selección de mi Beta.

Puedes retirarte; conoces el camino a la salida.

—No tan rápido, Matt —replica él; al parecer no lo dejará pasar, no está entendiendo que estoy al límite de mi paciencia—. Debemos hablar de lo que está pasando con Zoe. No puedo creer que estés quebrantando la promesa a tu abuelo —me recrimina enfurecido.

Yo no quiero lastimarlo; de verdad que no quiero causarle daño físico a mi amigo.

Pero tiene que entender que no voy a tolerar ningún tipo de interferencia de él, ni de nadie.

Debe comprenderlo a la perfección: yo soy el Alfa, yo soy el líder, yo ejerzo el mando y me debe respetar por eso.

Así que no me queda alternativa más que aplicar mi voz de Alfa en él; es eso o, literalmente, lastimarlo, mis garras están a punto de emerger.

—¡Márchate ahora mismo, lobo Marco! —bramo, liberando una frecuencia tan potente con mi voz de Alfa que hasta a mí me sorprende; pero la furia que tengo me domina y se me hace difícil de controlar—.

¡No regreses a mi casa a menos que seas invitado!

Vete y haz lo que te ordené. Vete ahora, antes de que haga algo de lo que me arrepienta... como arrancarte la cabeza.

Mi voz de Alfa es un imperativo biológico que no puede eludir; posee la fuerza para doblegar a cualquier lobo de mi manada.

Contemplo cómo pareciera que se encoje unos centímetros por el peso de mi voz.

He puesto tanta fuerza en ella que me da lástima verlo así, ver a mi amigo doblegado; pero debe entender que no le permitiré ni a él ni a nadie que me diga qué hacer con la manada y menos con mi Luna, mi Zoe, mi compañera.

Marco hace una sutil inclinación de cabeza en señal de sumisión y cruza el umbral sin decir palabra.

Su mirada es dolida, como estoy seguro de que la mía también.

Me dedico a intentar vaciar todo el contenido de la botella que está en la mesa para procurar apaciguarme.

El esfuerzo es estéril, no está teniendo muchos resultados.

Estuve a punto de hacer algo de lo que me arrepentiría, como ponerme muy violento con él.

Es verdad que lo quiero como mi Beta, pero tiene que entender cómo son las cosas de ahora en adelante.

Si no cambia su actitud, no podré ponerlo en ese cargo.

Quien ocupe ese puesto me debe apoyar incondicionalmente; tiene que estar ahí para respaldarme, no para ponerse en mi contra.

Sé que está dolido por sus padres, y eso es lo que me ha frenado, aunque lo que pide no tiene sentido.

Solo ruego que esto no sea idea suya; tuvo muchas dudas cuando me habló, y eso al menos me da algo de esperanza.

Tendré que pensar, cuando esté más calmado, si le ofreceré el puesto o si tomaré otra decisión.

∞∞∞

Permanecí un largo rato en el comedor, intentado disipar la sensación de vacío porque Zoe se fue y mi amigo —y posible Beta— me está desafiando en mis decisiones.

Hace apenas veinticuatro horas que me convertí en Alfa y ya estoy teniendo que enfrentar problemas.

Se suponía que la manada estaba bien; supuestamente nadie renegaba de la dirección de mi abuelo, pero al parecer no era así.

¿Tendré que enfrentar una rebelión política?

¿Será que simplemente no le mostraban sus inquietudes por respeto a las pérdidas sufridas?

¿Sólo esperaban no preocuparlo en su dolor y decidieron aguardar y pedirme lo que querían a mí cuando asumiera?

Mi abuelo, inmediatamente después de la muerte de mis padres y su Beta, dio indicios de querer dejar el poder; solo se mantuvo para obtener justicia y porque yo no tenía la edad suficiente para sucederlo.

Pero algo no me termina de cerrar… percibí muy claramente que no era un pedido, sino una orden, tal como se lo hice saber a Marco.

Con todo, sentí que mi amigo, a su vez, solo cumplía una exigencia del Consejo; que no estaba del todo convencido, aunque también hablada desde su dolor.

Lamento haber tenido que usar mi voz de Alfa en él, pero debe quedar claro desde un primer momento cuál es el lugar de cada uno; si no, esa falta de delimitación traerá problemas.

Continúo analizando el escenario. No me animo a contactar con Zoe; no quiero que se dé cuenta de mi preocupación.

Espero a calmarme para hacerlo y darle las buenas noches.

Ojala no se hubiera tenido que ir, pero por otro lado lo agradezco: fue un enfrentamiento desagradable el que tuve con mi amigo y, si ella hubiera estado aquí, mi instinto protector hubiera hecho las cosas más difíciles; seguramente habría saltado sobre Marco sin piedad para defenderla.

Voy desplazándome de una conjetura a otra, profundizando en mi análisis de lo que podría pasar, aprovechando la compartimentación y agilidad mental del Alfa, cuando el teléfono interrumpe mis pensamientos.

Observo la pantalla y detecto qué quien me llama es el padre de Zoe, Zareb.

Atiendo la llamada de mi «suegro», aunque no tenga muchas ganas de hablar; quién sabe y tal vez resuelva mi inquietud sobre ese reacomodo que me había mencionado.

—Zareb, buenas noches, ¿en qué puedo ayudarte? —le digo.

—Matt, tu secretaria no se ha puesto en contacto con la mía para concertar la reunión —suelta él sin rodeos—.

Mañana estaré en la empresa a las 10:00 horas para que resolvamos lo que necesito.

No puedo perder más tiempo; considero que debería tener toda tu prioridad, ya que soy tu principal socio comercial.

Me dice todo de un solo tirón, sin saludar, imponiéndome su voluntad para organizar mi agenda y amonestándome en el proceso. Vuelvo a experimentar cómo mi temperamento de Alfa es vuelto a poner a prueba en una misma noche y exploto, perdiendo los estribos por completo.

—Escúchame bien, Zareb —le respondo, despojándome de cualquier barniz de cortesía; no tengo nada de ganas de ser educado, me tiene sin cuidado que sea el padre de Zoe—.

Por si no te has dado cuenta, hoy es domingo y los domingos no molesto a mi secretaria para que acuerde ninguna cita —mi voz suena sarcástica—.

Por otro lado, no sé si sabes con quién estás tratando —y comienzo a explicarle y recalcarle quien soy, incluso creo que utilizando un poco de mi voz de Alfa—.

Soy el CEO de mi empresa, y recuerda que tú eres nuestro socio principal pero no eres socio mayoritario.

En mi empresa mando yo. Y presiento que estás olvidando un detalle crucial y es que hablas con el Alfa de la Manada de Sicilia.

Careces de la facultad; no puedes, y te lo repito: no puedes imponerme órdenes ni ajustar mi agenda a tu conveniencia.

Escúchame bien: no deseo ser irrespetuoso ni descortés —y solo lo intento por Zoe—, pero no deberías olvidar esas cosas.

Mañana mi secretaria contactará con la tuya y, si es posible, te asignaré un espacio; si no, te atenderé cuando tenga un tiempo disponible. ¡Buenas noches!

Interrumpo la comunicación sin escuchar su respuesta.

Esto terminó con mi autocontrol. Alterado al máximo, consumo el resto del whiky de un solo trago.

No sirvió de nada: los lobos no podemos emborracharnos, solo nos ponemos algo más «alegres», y como Alfa, el efecto al parecer es menor aún.

Decido acostarme e intentar relajarme; tal vez deba buscar otra forma de liberar la tensión antes de darle las buenas noches a Zoe.

Al entrar noto que la estancia luce impecable y que todo está ordenado; seguramente la señora Pompey se encargó de acomodar el espacio y hasta retiró los restos de mi computadora —la que llene de fluidos y destruí cuando lo hacíamos en el escritorio—.

Mañana le ofreceré mis disculpas por cómo halló la habitación, pero en este instante, al evocar el escritorio y la figura de Zoe sobre él, una idea se apodera de mis sentidos, así que decido buscarla por nuestra conexión mental…

—¿Ya te encuentras en tu hogar, nena? —le susurro mentalmente.

—Hola, Matt —me responde ella de inmediato—. Sí, ya estoy acostada, pensando en ti; aguardando a que me contactaras Te noto alterado… ¿qué ocurrió con Marco?

—No resultó como esperaba, pero eso lo hablaremos mañana —le digo—. Ahora solo anhelo ayudarte a que te relajes y, de ese modo, poder relajarme yo. Dime, nena, ¿Dónde tienes tu mano derecha?...