El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 9 Matt
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Capítulo 9 Matt

Terminando el fin de semana.

Demonios… me siento débil, no se lo quiero reconocer a Zoe, porque me resulta imposible negarle nada, pero deberé modificar a la brevedad mi dieta.

Anhelo ser capaz de alimentarla cada vez que lo desee, incluso si pretende consumir hasta la última gota de mi sangre.

No quiero que se percate del nivel de mi agotamiento físico, si no, me negará el placer de nutrirla.

De no haber asumido como Alfa, posiblemente no habría podido alimentarla tantas veces seguidas.

Me excita sobremanera hacerlo; eleva el sexo a una dimensión superior, pero también me genera la contradicción de que me sienta indefenso y poderoso frente a ella. Es contradictorio, pero así me siento.

El hecho de que mi sangre la fortalezca y de que haya empezado a experimentar algunas alteraciones físicas positivas solo magnifica más mi deseo de seguir alimentándola.

Mi sangre de lobo Alfa es muy poderosa; provocará cambios metabólicos en ella que tendrá que asimilar —como su mejorada velocidad—, pero todos ellos serán beneficiosos y ese es un factor importante para considerar el continuar haciéndolo.

Dejo a Zoe un instante en el comedor consumiendo un refresco; la mesa ya está dispuesta para dos.

No se requieren mayores explicaciones; con seguridad mi abuela ya se encargó de notificar a la señora Pompey sobre nosotros.

Se llevan de maravilla y ambas suelen confabularse para salirse con la suya conmigo; yo se los acepto de buen grado porque las estimo demasiado.

Me encamino en busca de Jeffrey para avisarle que Marco está por arribar y se unirá a la cena.

De paso, quiero pedirle una dosis de su té con urgencia; me niego a proyectar debilidad frente a mi amigo.

Estoy convencido de que un rastreador experto como él notará que algo ocurre con Zoe y seguramente ella pensó lo mismo, por eso intento irse.

Marco percibirá la fragancia de ella en mí, y a mí me olerá en ella, pero intentaré desviar la conversación por otro rumbo.

Todavía no le voy a confirmar el lazo; primero corresponde que lo hable con mi abuelo.

Preferiría reservar a Zoe un poco más para mí solo, pero soy el nuevo Alfa; me es imposible desatender obligaciones de la manada y Marco me advirtió —en su comunicación mental— que traía asuntos del Consejo para tratar.

Espero que no sean problemas. En este instante no hay nada más crucial en mi vida que Zoe, pero no por ello voy a dejar de lado las responsabilidades que juré asumir con mi manada y mi familia.

Regreso al comedor consumiendo mi nueva bebida predilecta…

el té de Jeffrey. Es asqueroso…, pero lo beberé con gusto el resto de mis días por el bienestar de mi compañera.

Al aproximarme capto su presencia; ya lo huelo.

Zoe no está sola; Marco ya ha llegado. Están sentados muy cerca, observando la pantalla de un teléfono y conversando de manera animada.

Los vellos de mi nuca se erizan al contemplar su proximidad.

Debo contenerme y controlarme; no puedo estar celoso de mi mejor amigo.

Debo esforzarme por controlar mis celos; porque ahora que soy Alfa y estoy vinculado, todo se siente más visceral.

—Buenas noches, Marco —le digo—. Veo que ya estás aquí, ¿cómo te encuentras?

—Alfa, buenas noches —me responde incorporándose—. Zoe me abrió la puerta en cuanto llamé.

—Marco, por favor, ya lo habíamos aclarado: debes llamarme Matt —le pido—. Somos amigos; el trato de Alfa queda reservado estrictamente para asuntos oficiales.

—Sí, disculpa —asiente sonriendo.

Marco me estrecha en un abrazo, como es su costumbre, pero noto que inhala con fuerza; ha detectado nuestros aromas mezclados.

—¿Cómo va todo por aquí? —pregunta, su mirada ya muestra signos de suspicacia—. ¿Alguna novedad? ¿Tus abuelos?

—No, ninguna novedad de trascendencia —miento—, solo que mis abuelos emprendieron un viaje. Se marcharon a Roma por turismo y posteriormente se encargarán de la auditoría. Tú, ¿cómo estás? ¿Disfrutaste de la velada anoche? Te divisé bailando con Chiara.

—Todo en orden —dice—. Me alegro por tus abuelos; se merecen un receso después del stress de estos días.

Y sí, es verdad, me vi obligado a bailar con Chiara.

Insistió tanto que me fue imposible negarme, de lo contrario, habría permanecido detrás de mí toda la noche.

Fue una gran recepción, y resultó un honor presenciar tu ascenso como Alfa.

—Gracias, valoro mucho tu respaldo —respondo—. Pero toma asiento, por favor; en un momento nos servirán la cena. ¿Deseas algo de beber mientras tanto?

—Lo que estás tomando está bien, gracias.

—Humm… no estoy seguro de qué es —le respondo con rapidez—; únicamente lo tomé al pasar por la cocina. Mejor te sirvo una bebida de las que ya están aquí, como la que toma Zoe.

Ni siquiera consideré la posibilidad de me pidiera de mi té; afortunadamente casi lo había terminado por completo.

—Gracias —dice Marco—. ¿Han estado adelantando trabajo? —nos interroga a ambos.

—Así es, Marco —responde Zoe—; hemos estado revisando reportes sobre la auditoría de Roma con Matt, estructurando la documentación para Calo y Sophie.

—¿Requieren asistencia con algún detalle? —pregunta él—. Sí lo desean los puedo ayudar. Hace casi un año que no visito personalmente el hotel de Roma, pero sigo al tanto de todos los nombres del personal. Debe de haber un informe con los datos de la última supervisión. ¿Lo tienen?

—Estamos cubiertos, cualquier inconveniente te notificaremos, por supuesto; no te preocupes —responde Zoe—.

Tus notas de la última supervisión resultaron de gran utilidad para determinar puntos clave a revisar.

Igualmente, los problemas empezaron mucho después de tu visita.

Por esa razón hemos diseñado distintas estrategias para abordar la auditoría.

Hay un patrón sumamente raro ocurriendo en Roma.

Carece de lógica que alguien esté robando y no se esté beneficiando.

Debe existir algo detrás de esa situación que todavía no descubrimos.

Por eso es crucial la inspección personal que harán Calo y Sophie allí.

Debemos hallar qué es lo que está mal y, por supuesto, garantizar que no se repita.

Continuamos conversando los tres con tranquilidad sobre Roma y otros pormenores de la empresa; algunos proyectos que estamos gestando y también comentado detalles de la fiesta, mientras degustamos la fabulosa cena que Jeffrey nos preparó y que la señora Pompey insistió en servirnos.

Es una velada amena entre tres amigos que la pasan bien, al menos hasta que estamos degustando de un rico café acompañado de algunos postres.

Fue ahí donde Marco introdujo el tema por el cual había venido de visita y todo cambió.

—Matt, necesito tratar contigo algunos temas referentes a la manada —anuncia—. El Consejo me ha encomendado darte un mensaje. Lo lamento, Zoe, pero debemos hablar a solas con Matt —se disculpa.

Me disgusta profundamente que la margine de esa manera.

Ella, lejos de alterarse, manifestó que era momento de irse a su hogar; argumentando que debía madrugar mañana para pasar por la residencia de su padre a recoger unas pertenencias antes de dirigirse a la oficina.

Mentalmente le exigí que se quedara, necesito que se quede, pero ella me pidió calma, me dijo que todo marchaba bien y que verdaderamente tenía que recoger un paquete que su tío Zane le había enviado a la casa de sus padres. A regañadientes lo acepté.

Se incorporó para despedirse, pero no podía dejarla ir sin al menos un beso de su parte.

Si lo entendió en mi mirada o cedió a su propia necesidad, no lo sé, pero me pidió que la escoltara hasta su vehículo, porque me iba a entregar una documentación que había dejado en la guantera por si la quería repasar más tarde.

Se despidió de Marco con un beso de cortesía y mi cuerpo volvió a reaccionar erizándome los vellos de la nuca.

Por pura fuerza de voluntad logré dominar el impulso de querer matar a mi amigo y salí con ella hacia el exterior mientras Marco me aguardaba para entregarme el mensaje del Consejo.

Avanzamos en absoluto silencio, verbal y mental.

No sabía cómo afrontar el hecho de que no pasaríamos la noche juntos; tenía muchos planes para hacer con ella en las próximas horas.

Y en cada uno de ellos mi miembro estaba toda la noche enterrado profundamente en Zoe.

Control, control, me exigí de nuevo. En ninguna de mis fantasías figuraba despedirla para que se marchara a su casa.

Mi naturaleza animal se muestra inquieta, ansía expulsar a Marco a patadas de la propiedad y exigirle que el mensaje me lo entregue en otra oportunidad.

Sin embargo, debo comportarme como un buen Alfa, como un líder íntegro.

Si mi manada reclama mi atención, debo responder, aunque sea algo contrario a mis planes personales.

Además también debo reconocer que me intriga descifrar lo que querrá el Consejo de Lobos de la Manada de Sicilia.

Ellos son un grupo de lobos, representantes de las distintas provincias o territorios de Sicilia.

Su función primordial es canalizar las necesidades e inquietudes de la comunidad de lobos, para que el Alfa, —o sea, ahora yo— las resuelva.

Pero carecen de una autoridad real; operan simplemente como un nexo y brindan asistencia cuando el Alfa lo solicita.

—Relájate, Matt, estás a punto de perder los estribos por completo —me advierte Zoe en cuanto alcanzamos su automóvil.

—No deseaba concluir el fin de semana de esta manera, cariño —le confieso—. No quería que te marches.

—Y yo tampoco quería retirarme, pero es mejor así —responde con sensatez—.

Habla con Marco y ocúpate de tu manada. Incluso considero que deberías revelarle lo nuestro.

Me dio la impresión de que se percató de algo, su mirada se mostraba inquisitiva por momentos.

Es tu mejor amigo; no te enfurezcas con él por pedirme que me fuera.

Además, es verdad lo del encargo de mi tío.

Si me quedara aquí, la logística de mañana sería más compleja.

Es mejor así y presiento que Marco te necesita; cuando anunció que traía un mensaje, lo noté preocupado.

Atiéndelo, no debes dejar de lado tus responsabilidades, no por mí, ni por nosotros.

Debemos aprender a dominarnos, y equilibrar nuestro tiempo juntos con el resto de las obligaciones.

Disponemos de toda la vida por delante para nosotros.

—Es verdad, tal vez le confíe a Marco lo nuestro —asiento—. Evaluaré cómo se va dando la conversación y es factible que se lo diga.

—Claro, hazlo; pero ahora bésame para despedirme —me pide Zoe, acercándome por las solapas de mi chaqueta para aproximar su cuerpo y besarme.

Me pierdo en su boca, olvido todo, solo me concentro en su sabor, en recorrer esa cavidad que me enloquece. Todavía sabe a mi sangre, aún después de cenar. Eso provoca que me ponga duro de inmediato. Quiero poseerla en este mismo instante. La deseo tanto; ella también lo hace.

Su olor la delata. Su excitación me envuelve con una urgencia carnal.

La aprieto contra su vehículo, la froto con mi miembro en su entrepierna.

La cantidad de tela que hay entre nosotros nos estorba.

La debería desnudar y tomarla acá mismo; quiero hacerlo.

Ella quiere que lo haga. Nos olvidamos de todo.

Estoy estimulando sus pechos, frotando sus pezones; están duros bajo la ropa.

Desciendo a besar su cuello; ella inclina su cabeza hacia atrás otorgándome acceso total.

Continúo el descenso y tomo un pezón cubierto por la tela de su ropa entre mis labios.

Lo humedezco, lo muerdo dándole pequeños tirones y comienza a jadear; está al borde de quebrarse con ese único estímulo, mientras yo me arriesgo a liberarme en mis pantalones.

Estamos en el límite del placer y a punto…

—¿Vienes, Matt? —interrumpe Marco directamente en mi mente.

Demonios… me olvidé por completo de Marco…

me olvidé de todo. Pero no puedo dejar a Zoe en ese estado de frustración, así que deslizo rápidamente la mano dentro de sus pantalones, buscando la fricción directa con su zona más sensible.

Encuentro su clítoris y le doy un pequeño tirón; Zoe se entrega al clímax con un espasmo potentísimo de forma instantánea.

Sello su boca con la mía para absorber su gemido; es mío, no quiero que nadie lo escuche.

Ella mantiene la mirada perdida, colmada de satisfacción con solo rozarnos y poco más. Pero debo volver con Marco. Ya le dije que estaba yendo hacia allá; me niego a que salga a buscarme y nos encuentre así.

—Debo ingresar, nena, Marco me aguarda —le digo.

—Humm, sí, sí claro… él te espera —murmura, no parece que pueda coordinar muchas ideas juntas; sigue sintiendo los efectos del clímax.

—Sí, hermosa; ya reclama mi presencia. Debo entrar —insisto—. ¿Te encuentras en condiciones de conducir?

—Sí, estoy bien… solo un poco laxa tras lo que acaba de pasar —responde esbozando una sonrisa—. Eres un hombre malvado: yo solo pretendía entregarte un beso de buenas noches y tú me condujiste a un orgasmo brutal.

—¿Deseas intentar de nuevo con el beso?

—No, márchate ya, buenas noches, nene —sonríe.

—Buenas noches, nena.

Le doy un delicado beso en la frente; no puedo contenerme. La suelto liberándola de mis brazos y doy un paso atrás. La observo subir a su vehículo y acomodarse, encender el motor y ejecutar las maniobras para salir de donde lo tiene aparcado. Inicia la marcha y frena de golpe.

Me llama y me acerco en un segundo. Alarmado, quiero saber qué le pasó, por qué se detuvo de forma tan abrupta.

Ella baja su ventanilla, abre la guantera y me pasa unos papeles.

Me advierte que son los documentos que me «tenía que dar para revisar» y sale disparada a toda velocidad.

Observo lo que me acaba de entregar: la lista de compras y facturas de lavandería…

Río a carcajadas mientras la veo alejarse y regreso a la mansión en busca de Marco.