Capítulo 8 Zoe
Al fin solos.
Matt enloqueció, ha perdido los estribos por completo. Me carga en vilo hacia lo que, me imagino, es su habitación.
—¡Matt! ¿Te has vuelto loco? —le reclamo—. ¡Qué van a pensar los empleados! ¡Bájame ahora mismo!
El muy bribón se limita a darme una palmada en el trasero… y deja la mano allí, acariciándolo.
—Nadie nos descubrirá… relájate… estamos solos aquí —me asegura él.
Cuando alcanzamos su dormitorio en un tiempo récord, abre la puerta empujándola y me lanza sobre el colchón. Su mirada parece la de un depredador que ha acorralado a su presa y, en su apuro, ni siquiera se encargó de cerrar la puerta.
—Bueno, nena, ¿tienes algún plan para el resto del domingo? Porque yo tengo una agenda muy clara…
—Humm… ya veo… —le tomo el pelo—. ¿Qué tal si adelantamos trabajo con esos reportes de París?
—¿Trabajar? —responde—. En lo único que voy a concentrar mis esfuerzos durante el resto del día es en tu cuerpo, nena…
Siento cómo mis pezones se endurecen, se ponen erectos de inmediato.
Ya lo necesito tanto; es una urgencia asfixiante.
Quiero tenerlo sobre mí. Él también está en un estado de absoluta excitación; veo cómo se ha puesto duro y su pantalón no hace nada por disimular su tamaño; por el contrario, hace que destaque más, se ve formidable.
Se abalanza sobre mí cubriéndome por completo con su peso.
Su contacto es tan esperado por mi propio cuerpo.
Lo deseo con una avidez desesperada, lo deseo con locura.
Me es imposible apartar mis ojos de los de Matt; siento que me está hechizando.
Su mirada es amorosa, colmada de ternura, pero también posee una tremenda tensión sexual.
Sus ojos dorados me transmiten una infinidad de promesas; necesito que siempre me contemple de esa manera.
No puedo creer que apenas ayer éramos simplemente amigos y hoy estoy convencida de que ninguno de los dos sería capaz de vivir sin el otro.
Nos fundimos en un beso salvaje. Por Dios…
su boca; su boca es un vicio. No interrumpimos el contacto mientras nos despojamos de nuestras prendas.
Finalmente nos contemplaremos totalmente desnudos, y me muero de ansias de recorrer su piel sin ninguna barrera.
Reacios a liberar los labios del otro, comenzamos a comunicarnos a través de nuestra conexión mental.
Me pide que le desabroche su camisa y, mientras me encargo de ello, él hace lo mismo con la mía para retirármela.
Bueno… lo intenta al menos, porque terminamos enredándonos en la tela.
Entonces, realiza un acto que incrementa mi excitación: transforma su mano en garra de lobo por un instante y traza unos cortes limpios a cada lado, reduciendo nuestras camisas a jirones.
Nunca lo he visto convertido en lobo, y me encantaría verlo en algún momento, pero por ahora no me importa en absoluto.
Solo quiero que quede desnudo para que pueda darme lo que mi cuerpo necesita.
Continuamos devorándonos; su sabor es intenso, embriagador.
Nuestras manos están por todos lados explorando cada rincón.
Su piel… su carne es suave, pero sumamente firme, y sus músculos parecen expandirse, como si se encontrara en mitad de una transformación animal.
Todo su ser es imponente y formidable, y anhelo poseerlo por completo dentro de mí.
Es un hombre extremadamente fuerte; menos mal que soy una vampiresa, si no me quebraría bajo su fuerza.
Me gusta que sea así; lo necesito de esa manera.
Aún conservamos los pantalones puestos, y la urgencia de tenerlo en mi interior me abruma.
Le exijo mentalmente que se despoje de ellos a la brevedad para así obtener lo que reclamo: a él dentro de mí.
A regañadientes, debido a que se ve obligado a interrumpir el beso, se incorpora para cumplir mi exigencia.
Retira su pantalón junto con su ropa interior; lo hace, aunque se le dificulta estando tan excitado.
Mientras tanto, yo me quito el resto de mi ropa en apenas un segundo.
Me toma por sorpresa mi velocidad; no la comprendo.
Lo observo para comprobar si él se percató de ella. Sí, lo hizo; me observa sorprendido.
—Guau, nena, eso sí que fue rápido —dice.
—¿Lo notaste? —le pregunto— ¿Te diste cuenta de la velocidad a la que me moví?
—Por supuesto, claro que lo hice —asiente—. Mi abuela posee esa misma rapidez.
—Jamás me he desplazado de ese modo —le digo—. Los vampiros somos veloces, pero nunca a este nivel. Algo ha cambiado, algo se ha transformado en mí.
—Es a causa de mi sangre, nena —me explica—. Como te alimentaste de ella, mi sangre de lobo te hace más fuerte y rápida, e incluso más porque soy el Alfa.
—Humm… más fuerte y rápida, ¿eh? —sonrío—. A esa ventaja le puedo dar un uso excelente…
Me abalanzo sobre su cuerpo, lo giro con fuerza obligándolo a quedar sobre el colchón y me acomodo a horcajadas sobre él en un parpadeo.
Obtengo por fin el contacto directo con la zona de su anatomía que me faltaba explorar.
Mi mirada también ha sido rápida, pues ya lo examinó todo y lo codicia por completo.
Estoy sumamente lubricada, tan mojada por su causa.
Me contoneo sobre su rigidez; me urge sentirlo dentro, pero él dilata el momento, alberga otras intenciones.
Incorpora su torso y vuelve a besarme. Introduce su lengua hasta el fondo de mi boca, simulando la embestida que ejecutará en mi intimidad.
Una de sus manos se acerca a mi entrepierna; me acaricia.
Estoy empapada, pero él no quiere lastimarme y me lo advierte mentalmente.
Quiere prepararme debido a su gran tamaño.
Introduce un dedo, que como se desliza con facilidad, inmediatamente después mete dos.
Me sigue besando, poseyendo mi boca con su lengua.
Ahora ya metió tres dedos en mí; es delicioso.
Le suplico por el vínculo que me tome ahora mismo; no puedo resistir más la espera.
Él también ya está ansioso, al límite de su resistencia, de modo que nos complace a ambos.
Retira sus dedos y siento el vacío, pero lo que viene será mejor.
Con sus fuertes y poderosas manos me sujeta por las caderas y me guía para introducir su verga.
Jamás dejamos de besarnos. Me hace descender con lentitud, dándome el tiempo necesario para adaptarme a su tamaño; es enorme y desprende un fuego abrazador, presiento que nos vamos a incendiar.
Cuando finalmente se introduce por completo en mi interior, lo siento muy al fondo, alcanzando mi centro; es un placer indescriptible.
Comienza a moverse despacio. Luego, con un movimiento ágil, nos gira sobre el colchón dejándome a mí debajo de él y empieza a empujar con más fuerza.
Nos aproximamos al límite, vamos llegando a donde queremos.
Estoy tan resbaladiza que, a pesar de su gran tamaño, su miembro se desplaza en mi interior sin ninguna dificultad. Estoy a punto de quebrarme.
Matt se detiene en seco. Abandona mis labios para devorar mis pechos, primero uno, luego el otro y reanuda el movimiento de sus caderas con una cadencia más pausada; se niega a permitir que alcancemos el clímax todavía.
La presión de su boca en mis pezones hace que me retuerza.
Quiero llegar, se lo exijo, pero me lo prohíbe a través del lazo: desea prolongar la tortura del placer un poco más.
No me agrada la espera, pero a la vez me enloquece; son demasiadas sensaciones juntas colisionando en mi sistema.
Finalmente decide dejar de castigarnos con la demora y comienza a embestir con una fuerza violenta.
Muerde uno de mis pezones, casi rozando el punto del dolor.
Estoy ahí, estoy llegando, estamos a punto de estallar juntos.
Y lo hacemos, finalmente nos entregamos al clímax en simultáneo.
Suelto un grito de felicidad, de agonía y de puro placer, todo a la vez, mientras él ruge liberándose en mi interior; su semilla me inunda por completo, colmándome.
Es un orgasmo brutal, asombroso; me encantó.
Quedamos agotados, exhaustos después de vivir este momento.
A pesar de ambos ser seres con habilidades muy superiores, nos encontramos tan agotados como si hubiéramos subido un edificio corriendo, siendo humanos sin entrenamiento.
Me resulta imposible moverme, ni siquiera lo deseo.
Matt sigue dentro de mí, aún rígido y alerta, parecería listo para otra batalla.
Codicio más, pero también estoy aletargada de una manera deliciosa que me agrada.
Por ahora solo deseo disfrutar de la relajación de mis músculos; es una sensación divina.
No articulamos palabra, pero percibo la energía de Matt en mi mente, acariciándome; es una experiencia distinta, totalmente nueva sentir caricias mentales, me encanta.
En realidad, a cada segundo que transcurre, me complace más que estemos vinculados, que seamos compañeros y que estemos unidos mentalmente.
Todavía me cuesta asimilar la realidad del vínculo.
Pero Matt tiene razón al decirme que, a pesar de ser una condición propia de los lobos, hay casos poco habituales, como el de Calo y Sophie, donde lobos se enlazan con otras razas.
Estoy agradecida de ser junto a él uno de esos casos excepcionales, aunque si quisiera profundizar sobre el tema.