Capítulo 6 Matt
Me estoy divirtiendo muchísimo.
No sabía si reír a carcajadas por la ocurrencia de mi abuela, correr a abrazarla para agradecerle su apoyo y complicidad o continuar besando a Zoe para borrar la expresión de absoluto pavor que dirigía hacia el techo.
Pero, para cuando termino de enumerar mis opciones, mi abuela ya se ha retirado, dejándonos a solas una vez más.
El rubor en el rostro de Zoe es asombroso; nunca vi a un vampiro ruborizarse con tanta intensidad.
—Cariño, relájate —le pido con suavidad—. No podríamos contar con mejor aliada que mi abuela. Ella nos protegerá y ayudará, tranquila. Antes de su entrada, estabas muy dócil.
—Antes de que ella entrara no estaba precisamente dócil —me dice con timidez—.
Me encontraba en puro éxtasis. Con todo, ese no es el asunto central.
Es una vergüenza que nos haya descubierto en esta situación.
Somos adultos, por Dios; no deberíamos comportarnos de esta manera en la sala de la casa de tus abuelos.
—Oye, recuerda que también es mi residencia —le digo bromeando—. Aunque me interesa mucho más indagar sobre cómo te sentías. ¿De verdad estabas extasiada? —inquiero, mientras acaricio su espalda perezosamente.
—Sabes perfectamente que así me sentía, y así es como me siento ahora. Jamás planifiqué que esto sucediera, Matt, pero no tengo intenciones de luchar contra ello. Me haces bien —confiesa.
Sus palabras me transmiten una inmensa serenidad, una calma que recorre mi cuerpo. No va a luchar, no opondrá resistencia. Lo acepta, acepta lo que nos une.
—Lo sé, nena, lo sé. Tampoco figuraba en mis planes.
Pero, siendo sinceros, debemos admitir que probablemente este lazo siempre ha estado latente.
Siempre hemos buscado la forma de compartir momentos, de realizar proyectos juntos; y es factible que tal vez nosotros mismos, con nuestra amistad y cercanía, hayamos ido forjando el vínculo sin percatarnos.
—Me agrada esa perspectiva, me gusta pensar que ha sido así. Me hace sentir que lo que experimentamos no es una simple imposición del destino, sino una creación nuestra.
—Sí, lo comparto, hermosa. Deberíamos retirarnos; mi abuela probablemente estará vigilando que subamos a descansar. Te acompañaré a tu habitación. Mañana durante el desayuno pondremos en marcha «la conspiración» de mi abuela.
—No seas injusto. Ella no está tramando nada malo; está actuando como nuestra cómplice —me corrige Zoe, dándome un sutil toque en la mejilla con sus dedos mientras se incorpora de mi regazo para vestirnos y dirigirnos a los dormitorios, aunque antes de salir me guardo en el bolsillo de mi chaqueta una prenda especial que colgaba tentadora de la araña de cristal .
Este panorama es interesante. Me complace que simpatice con mi abuela; es un gesto tierno, ella es una mujer dulce.
Me encantaría llevarla en brazos hasta su cuarto, pero me contengo.
Es verdad lo que nos advirtió mi abuela respecto al abuelo: si descubre que la misma noche que me cedió el poder ya estoy incumpliendo la promesa que le hice, la situación se tornará un tanto compleja.
Es preferible permitir que transcurran unos días para que se relaje después de la tensión del traspaso de mando.
Además, Zoe y yo necesitamos terminar de comprender el alcance de lo que sentimos y cómo procederemos de ahora en adelante.
Con mi abuela de nuestro lado, el camino será mucho más sencillo. Ella se encargará de apaciguar al abuelo durante el viaje, y cuando regrese, su mente estará más receptiva, más abierta a aceptar que nos hemos vinculado.
La habitación de invitados a la que guío a Zoe es la que ella ocupa de forma habitual.
De hecho, incluso creo que conserva algo de ropa en el vestidor y, si la memoria no me falla, ella misma diseñó y decoró el espacio a su gusto junto con mi abuela durante una de sus habituales renovaciones.
Emplearon tonalidades lilas y verdes acompañadas, por supuesto, de sutiles detalles en plata.
Ese material jamás se omite en los diseños de mi abuela.
Ciertos vampiros, principalmente las vampiresas, poseen la habilidad de visualizar las auras.
Mi abuela cuenta con ese don, y Zoe también, razón por la cual la elección de colores resulta crucial para ellas.
Los matices de esta estancia le aportan calidez y serenidad.
Debo admitir que luce sumamente elegante; los detalles se acoplan a su personalidad y consiguen que, en la práctica, la habitación sea de ella.
Eso me induce a reflexionar: ninguna persona ajena al núcleo familiar dispone de un cuarto decorado de manera específica o con pertenencias guardadas.
Solemos albergar visitas temporales, pero solo Zoe cuenta con un espacio exclusivo que nadie más utiliza.
Es evidente que el vínculo ha estado gestándose desde hace tiempo; incluso su habitación es contigua a la mía.
Lástima que no exista una puerta de comunicación directa entre ambas, sería un recurso sumamente provechoso en este instante.
Hemos realizado el trayecto desde la sala tomados de la mano, guardando silencio pero con nuestras mentes enlazadas.
Ella todavía no es consciente de que estamos compartiendo ese espacio mental.
Tendré que explicarle detalladamente cómo funciona.
Me fascina estar en su mente, habitar sus pensamientos, pero me niego a invadir su privacidad.
Le tendré que enseñar a «bloquear» esa conexión cuando quiera, o necesite dejar algún pensamiento para ella.
Su individualidad, su independencia es importante.
Pero esa será una conversación de otro momento, ahora es el momento de despedirnos hasta el amanecer.
Frente a su puerta me confiesa que finalmente se siente plena después de mucho tiempo, que su agotamiento se ha esfumado, que experimenta una gran vitalidad y está feliz.
Yo le aseguro lo mucho que valoro su bienestar, pues esa será mi prioridad absoluta de ahora en adelante: que esté bien y sea feliz.
No quiero dejarla, me resisto a distanciarme, pero me comportaré como el caballero que mi madre y mi abuela educaron; me retiraré a mi propio dormitorio a buscar la forma de aplacar la tremenda rigidez que aprisiona mis pantalones.
Se está volviendo un asunto doloroso y no puedo solucionarlo con ella; le prometimos a la abuela que nos portaríamos bien y seríamos prudentes.
—Buenas noches, nena. Descansa un poco. Mañana en cuanto mis abuelos emprendan el viaje, seguramente después del desayuno, podremos hablar detenidamente sobre nosotros y sobre cómo serán las cosas de ahora en adelante.
La beso delicadamente en sus labios, son tan carnosos y suaves… De verdad no comprendo cómo no la había besado antes; debo de haber estado completamente ciego.
—Hasta mañana, nene —asiente suavemente, devolviéndome el apelativo cariñoso con una sonrisa dulce, antes de ingresar a su cuarto y entornar la puerta con suavidad.
Me dirijo a mi habitación evocando su imagen, pensando en ella, percatándome de sutiles detalles que antes me pasaban inadvertidos.
Sus labios evocan la dulzura de un melocotón maduro, una fruta que me gusta mucho.
Sus ojos se asemejan a un estanque verde cristalino en el que podría sumergirme indefinidamente.
Su cabello oscuro cae con delicadeza sobre su espalda.
Cielos, es sumamente sexy, tan sensual; posee una sutil ondulación que se extiende hasta sus caderas.
Lugar que ansío explorar próximamente. Debo controlarme, me ordeno a mí mismo, mientras mi miembro parece reaccionar con vehemencia ante el solo pensamiento de tenerla cerca.
Agradezco que la nueva fuerza de voluntad del Alfa permanezca conmigo, porque debo recurrir a ella para no dar la vuelta y buscarla.
En su lugar, me encamino al cuarto de baño y, con ropa incluida, me sumerjo bajo una ducha de agua fría.
Mi propósito es aplacar mi virilidad, pero esta se niega a cooperar; no tiene la menor intención de entrar en reposo, por el contrario, se mantiene firme, clamando por Zoe.
Al comprobar que no tendré éxito, opto por desvestirme; despojarme de las prendas mojadas me cuesta un esfuerzo enorme, ya que se han adherido por completo a mi piel.
Me coloco una bata ligera y me tumbo en la cama, consciente de que me aguarda una noche muy larga.
Intento distraer mi mente reflexionando sobre la trascendencia de lo que significa que mi abuelo me haya convertido en el nuevo Alfa.
Tendré que trabajar incansablemente para estar a la altura de su legado; quiero que él se sienta orgulloso de mí.
Pero, mi intento de distracción no fuciona, el esfuerzo es en vano porque la compartimentación del Alfa es un recurso magnífico que me permite evaluar las obligaciones serias de la vida y, en simultáneo, fantasear con la idea de estrechar a Zoe entre mis brazos, desnuda, para poseerla con locura.
Me resultará imposible conciliar el sueño. Mi metabolismo se transformó debido a convertirme en Alfa y, sospecho que también por la activación del vínculo.