Capítulo 5 Matt, Zoe y Sophie #2
Me relajo y saboreo los últimos instantes de la magnífica gala que organicé.
Matt colaboró, por supuesto, pero sé que siempre secunda mis iniciativas, así que se limitó a ceder a cada uno de mis caprichos.
Y yo lo adoro todavía más por esa razón.
Saludamos a Sara y al caballero que parece que será su próximo conde; ¿cuántos lleva ya?
He perdido la cuenta. De igual modo, luce espectacular con ese vestido.
Floto de felicidad al recordar que Calo me dará masajes en los pies.
No le agrada mucho hacérmelos, porque dice que se «enciende» demasiado y ya no tiene edad para esos trotes, pero es mentira, tiene la edad justa, no aparenta más de cuarenta años y a mí me encantan los masajes, porque sé que luego de ellos viene una noche salvaje de absoluta pasión.
Me hace sentir joven la forma en que adora mi cuerpo.
Parece que recién empezamos nuestra relación con toda la fogosidad del primer encuentro.
Él es un hombre tan vigoroso, y siempre me permite alimentarme de su sangre.
Ya casi puedo anticipar el placer que me espera, los orgasmos fantásticos que me dará.
Cuando nos retiramos, Calo me propone pasar por mi salita, mencionando que allí tiene un obsequio para mí.
Avanzamos de la mano, un tanto distraídos; yo, desatenta pensando en mi regalo y en los momentos posteriores.
Cuando entramos cruzando el umbral, nos topamos con Matt justo frente a Zoe.
Están demasiado cerca; estoy convencida de que se disponían a besarse.
Debo idear algo de inmediato para rescatarlos de la situación.
Lo primero que se me ocurre es sacar a colación asuntos laborales y del nuevo conde de Sara para entretenerlos; afortunadamente, consigo que Zoe acepte quedarse a pasar la noche y que Calo se dirija a nuestra habitación a cumplir su promesa de masajes.
∞∞∞
Los masajes resultaron una delicia.
Calo se superó a sí mismo, como de costumbre.
Ahora que ha dejado el cargo de Alfa, cualquiera pensaría que sería menos vigoroso, que perdería parte de su ímpetu, pero ocurrió todo lo contrario; libre de responsabilidades, se siente pleno para amarme.
Perdí la cuenta de los orgasmos que me dio, de las veces que me hizo tocar el cielo.
Me permitió alimentarme de su cuello, su sangre me nutrió y me fortaleció, como siempre sucede.
Su poderío continúa intacto a pesar de su abdicación.
El cambio físico de dejar de ser Alfa no ha afectado para nada esa parte de su anatomía.
Su fuerza sigue volviéndome loca. Me agrada mucho que así sea.
¿Se puede estar más enamorada de un hombre?
Estoy convencida de que no; lo amo con locura.
Y como procuro su felicidad, lo dejo descansando plácidamente en nuestra cama mientras desciendo en busca de los muchachos.
Permanecí todo lo atenta que pude mientras Calo me hacía llegar a la gloria y no los escuché subir a las habitaciones, de modo que deben de estar todavía en la salita.
Necesito hablar con ellos para coordinar nuestra estrategia.
Debo darme prisa; dudo que Calo duerma mucho tiempo, mi lobo está insaciable y reclamará mi presencia muy pronto.
Me deslizo sin emitir el más mínimo ruido por las escaleras.
Tendré que interrumpirlos, pero no puedo postergarlo más.
Mi hombre me llamará y estoy deseosa por volver a sus brazos.
Avanzo con rapidez, esperando no toparme con una escena demasiado comprometedora; asumo que estarán conversando.
Lo deseo, pero tengo que empezar a ser menos ingenua, me reprendo.
Al menos espero no encontrar a Matt sin ropa; su rostro sería un poema, pero no es una imagen que desee conservar grabada en mi memoria.
Sin embargo, los sonidos que emergen de la salita me advierten que no tendré tanta suerte.
Entro y descubro a Matt sin camisa con Zoe sentada en su regazo, a horcajadas.
Ella tiene su mirada perdida, con la cabeza inclinada hacia atrás de puro deleite, y el vestido deslizado hasta su cintura, dejando sus pechos al descubierto; bueno solo uno, el otro está alojado en la boca de Matt.
Demonios… esto supera lo que pretendía presenciar.
Están tan absortos en su burbuja de placer que ni siquiera han notado mi entrada.
No me queda más remedio que interrumpir la escena.
—¡Ejem! Muchachos… ¡Matt!, ¡Zoe!
—¡Abuela! ¿Qué haces aquí? —exclama Matt, sobresaltado.
De inmediato toma su camisa del sofá y cubre un poco a Zoe, pero mi retina ya ha registrado las imágenes. Cielos, será difícil borrarlas de mi mente.
—Voy a ser clara y lo más concisa posible, queridos; no dispongo de mucho tiempo —anuncio con firmeza—. Matt, tu abuelo no va a aceptar esto con facilidad...
—Lo siento, abuela. Sé que estoy quebrantando mi promesa, pero debes comprender que…
—Sí, ya sé que se han vinculado; me he percatado de ello, pero tu abuelo se va a enfurecer igualmente. No podrás cumplir con tu palabra y eso…
—Sophie, por favor discúlpanos —interviene Zoe, avergonzada—. Tienes toda la razón. No deseo causar problemas; dame un momento y me marcharé a mi casa. No quiero ser el origen de un conflicto familiar.
—Querida, no estás entendiendo. Lo que intento decirles, y no me están dejando completar una frase con tanta interrupción, es que a Calo le costará asimilarlo, pero terminará haciéndolo.
Sabe perfectamente que es imposible escapar de un vínculo.
Solo requiere un poco de tiempo, nada más.
Y la que no tiene mucho tiempo ahora soy yo.
Permítanme transmitirles lo que vine a proponerles, por favor.
—Por supuesto, abuela, te escuchamos —asiente Matt.
—Tal vez, en lo que resta de la noche, deberían ser más discretos, y retirarse a dormir cada uno a su respectiva habitación, por favor; no queremos que Calo comience a gritar desde temprano.
Mañana, durante el desayuno, le pedirán amablemente a Calo si puede encargarse en persona de la auditoría del hotel en Roma.
Asumo que es verdad que todo está listo, ¿correcto, querida?
—Sí, Sophie, todo está preparado, o al menos la gran mayoría —responde Zoe.
—Perfecto. De ese modo, yo me encargaré de sugerirle a Calo que nos marchemos mañana mismo para hacer algo de turismo por Roma hasta la próxima semana, cuando inicie la auditoría.
Ustedes, mientras tanto, dispondrán de unos días a solas para asimilar la situación y decidir cómo afrontarla. ¿Es un trato?
Matt busca la mirada de Zoe y ella asiente con la cabeza.
—Sí, abuela, así lo haremos.
—Excelente, entonces.
Quedamos en que durante el desayuno formalizarían la petición a Calo para que yo pueda introducir la idea del viaje de placer. Les di las buenas noches, pero antes de marcharme, no pude resistir la tentación de avergonzarlos un poquito más…
—Matt, hijo, ¿podrías retirar el sostén de Zoe que quedó enganchado en la araña de cristal del techo?
Si Calo lo descubre mañana cuando busque un obsequio que tiene guardado aquí para mí, nuestros maravillosos planes conspiratorios se vendrán abajo como un castillo de naipes…
—comento soltando una carcajada y guiñándoles un ojo; adoro ponerlos nerviosos.
La expresión de ambos al levantar la vista y contemplar la prenda de seda negra colgando de la araña de cristal del techo fue sencillamente espectacular. Con esa imagen grabada en la retina, sí puedo regresar al encuentro de mi amado Calo.