Capítulo 6 Matt #2
Como desbordo energía, debo hacer algo con este exceso de vitalidad, por eso decidí adelantar trabajo.
Zoe asumió gran parte de mis obligaciones como director ejecutivo de la empresa mientras yo me concentraba en la preparación para ser Alfa, pero ya es momento de que retome mis funciones.
Además, me vendría bien repasar algunos balances financieros y otros informes para intentar descifrar qué clase de reacomodo pretende realizar Zareb; esa advertencia continúa resonando en mi mente y me causa inquietud.
Busco mi computadora portátil y, acomodado en la cama, comienzo a revisar hojas de cálculo y reportes rezagados.
Pero la bata me incomoda debido a que tengo la piel muy sensible; opto por quitármela y quedarme completamente desnudo.
Además, mi miembro continúa rígido y alerta, de modo que es preferible evitar cualquier contacto con la tela si no quiero llegar al límite únicamente con ese roce.
Sigo examinando los documentos. No detecto anomalía alguna que aclare las intenciones de Zareb; de modo que me limito a redactar algunas anotaciones para Zoe referentes a la auditoría de Roma.
He estado analizando ese fraude; confío en que localicemos lo que ha fallado a la brevedad.
Los reportes de ese hotel indican que, al parecer, alguien ha estado efectuando cargos indebidos en tarjetas de crédito de ciertos clientes, bastante tiempo después de que estos hayan abandonado el establecimiento.
Zoe sostiene la teoría de que algún empleado sustrajo los datos de los huéspedes y efectúa cargos por su cuenta.
Lo que nadie logra comprender es la razón por la que los movimientos se registran para que el hotel reciba los fondos de manera directa.
En definitiva, pareciera que la corporación estaría detrás de todo y se beneficia del robo de datos de los clientes, lo cual es rotundamente falso.
Ya se detectaron más de ciento cincuenta transacciones fraudulentas, y el asunto se descubrió gracias a que algunos de esos clientes afectados, iniciaron reclamaciones formales.
Gestionamos todas esas quejas administrativamente desde la sede central aquí en Palermo, sin dar intervención a la gerencia de Roma.
Incluso localizamos varios cobros que nuestros clientes no habían reclamado e igualmente los anulamos por nuestra cuenta.
Efectuamos los reembolsos correspondientes y les compensamos con una estancia de cortesía de tres noches en las mejores suites del hotel de Roma, sin costo alguno.
Incluso estas cortesías quedan sujetas a las fechas que elijan los clientes, respetando la disponibilidad del hotel, y las pueden canjear en cualquier otro establecimiento de la cadena si prefieren cambiar de destino turístico.
Nos tomamos con extrema seriedad la seguridad de quienes nos eligen.
Subsanamos el perjuicio, extendimos nuestras disculpas e incluso sugerimos la sustitución de los plásticos bancarios para mayor tranquilidad.
Zoe encomendó a nuestro departamento de sistemas un análisis informático exhaustivo para localizar y erradicar cualquier tipo de vulnerabilidad en la red y, de forma paralela, la próxima semana se ejecutará la auditoría presencial y sorpresiva en el hotel de Roma para intentar detectar al infractor responsable.
Comprendemos los motivos habituales por los que alguien comete este tipo de fraudes, pero en esta ocasión el delincuente no obtiene ningún beneficio aparente; su único propósito parece ser manchar nuestra reputación empresarial frente al mercado.
Y otro detalle que llama nuestra atención es que la totalidad de los damnificados son huéspedes que pertenecen a la raza de los vampiros.
Ni lobos, ni humanos, ni siquiera alguna de las escasas brujas blancas que frecuentan el hotel.
Ese patrón específico es principalmente lo que me resuena y no deja de darme vueltas en la cabeza.
Continúo trabajando cuando, de pronto, me parece percibir la fragancia de Zoe; capto su agitación física, está excitada.
Mi miembro se tensa aún más alerta, si es que eso es posible.
¿Será que las paredes son tan delgadas como para que su aroma se filtre a través de ellas?
, me cuestiono. Pero descarto rápidamente la absurda idea, las paredes de la mansión las construyeron tan gruesas y resistentes que no hay forma de que eso sea posible.
De lo que me doy cuenta es de que su presencia habita en mi mente; seguimos conectados.
Ahora la escucho gemir con suavidad. Es evidente que no soy el único con dificultades para conciliar el sueño; al parecer, ella experimenta la misma urgencia y ha decidido tomar la iniciativa dándose placer a sí misma.
Se encuentra tan entregada, tan relajada…
percibo su ronroneo en mis pensamientos y decido intervenir.
—Nena… —le susurro directamente en su mente—, ¿necesitas ayuda?
—¿Matt? ¿Estás aquí? —pregunta ella. Noto que habla en voz alta, pero sus palabras igualmente resuenan en mi cabeza.
—Nos estamos comunicando mentalmente, preciosa. Siempre estoy contigo, jamás me aparto de ti; estamos conversando a través de nuestro lazo.
—¿A través de nuestro lazo? ¿Qué debo hacer para comunicarme? —se cuestiona, y de inmediato su pensamiento fluye a través del vínculo.
—Solo relájate y habla conmigo; lo estás haciendo de manera perfecta.
—Me gusta sentirte así, de esta forma.
—A mí me fascina que me sientas, nena. ¿Necesitas que te ayude con lo que haces? Lamento haberte interrumpido.
—¿Estás al tanto de lo que estaba haciendo?
—Oh, sí, nena, por supuesto que lo sé. ¿Me dejas ayudarte? Quiero darte placer; déjame decirte lo que ya sé que tu cuerpo necesita.
—¿Cómo me ayudarías? ¿Qué se supone que debo hacer?
—Primero, cuéntame: ¿dónde tienes tu mano derecha?
—Hum… mi mano derecha está sobre uno de mis pechos… me estoy estimulando el pezón, lo estoy presionando… retorciendo… —me confiesa, y sus palabras aceleran mis pulsaciones.
—¿Lo retuerces muy duro, bebé?
—Ajá, sí, lo hago con intensidad; desearía que fuera tu propia mano la que me lo estuviera haciendo —admite ronroneando.
—A mí también me encantaría que fuera mi mano.
De hecho, gracias a esta conexión, soy capaz de experimentar lo que tú vives, de sentir lo que sientes.
Tu pezón está erecto. Me gustaría devorarlo.
Lo haré muy pronto, pero mientras tanto, sigue estimulándolo para mí, bebé.
Y ahora dime: ¿dónde está tu mano izquierda?
—Mmm… mi mano izquierda está entre mis muslos… estoy acariciando una zona que requería atención urgente.
—¿Una urgencia absoluta?
—Sí, una urgencia total. Necesito correrme, Matt. Mi cuerpo quema como la lava, me siento afiebrada, necesito liberar esa tensión.