Capítulo 4 Zoe
Estoy nerviosa.
Me encuentro en la pequeña sala de visitas de Sophie.
Es uno de los ambientes más bonitos de la casa.
Siempre me he sentido a gusto aquí, en completa calma; los colores que seleccionó para la decoración son hermosos.
Posee tonos vibrantes que reflejan su personalidad, pero sin ser invasivos a la mirada.
Destacan los rosas y celestes suaves, equilibrados por matices marrones y terrosos que consiguen que, cuando ella está presente, resalte con su luz.
Combinan perfectamente con su esencia. Me enorgullece recordar que, cuando diseñó y decoró el espacio, pidió mi opinión y tomó en cuenta varias de mis sugerencias.
Sophie siempre me ha hecho sentir valorada y querida.
Sin embargo, en este instante la ansiedad me domina: estoy muy nerviosa.
Ni siquiera este lugar puede serenarme. No sé qué esperar de este encuentro con Matt.
Lo único que tengo claro es que lo deseo con toda el alma, tanto a él como a esta cita, y sigo sin comprender del todo la razón.
Cielos, estoy exhausta. Cada vez me siento más débil; necesito sangre, tengo sed, pero al mismo tiempo no me apetece pedir una botella del tan necesario líquido.
La noche ha sido agotadora. Me he percatado de que hemos estado jugando al gato y el ratón durante toda la velada con Matt.
La espera se me hace eterna; apenas han transcurrido unos minutos desde que el camarero me entregó el recado, pero parece que las manecillas del reloj se han detenido.
Soy consciente de que Matt debe de estar despidiendo a sus últimos invitados.
Él siempre es correcto y educado, pero me urge que esté aquí ya.
Necesito distraer mi mente con algo. Me siento en el sillón preferido de Sophie y comienzo a observar sus fotografías familiares.
Hay una en particular que me gusta mucho: en ella aparecen los abuelos de Matt junto a sus padres, todos felices por la llegada de un nuevo miembro a la familia.
Matt se ve pequeño en los brazos de su madre, quien tiene el rostro bañado por una luz angelical.
Se ve tan feliz; finalmente logró su sueño de ser mamá.
Una vez él me confió que a ella le costó bastante tiempo quedar embarazada.
Llegaron a sospechar que podría tener algo que ver el hecho de que su padre fuera híbrido, pero las pruebas médicas no mostraban ningún problema.
Simplemente, Matt llegó al mundo cuando estuvo listo.
También me mencionó que su nacimiento coincidió con una época de mucha prosperidad para la manada.
Su madre aseguraba que él trajo consigo bendiciones para todos y que por eso demoró su llegada, porque estaba preparando un futuro brillante.
En eso estoy de acuerdo con ella: tengo la certeza de que, bajo su mando como Alfa, la manada será todavía más fuerte y próspera.
Otra imagen capta mi atención. Se ve a Matt en su primer día de colegio; debía de tener unos cinco o seis años, pero ya se vislumbraba el hombre en el que se convertiría: mostraba un aire innato de autoridad a pesar de su corta edad.
Su destino siempre fue ser un Alfa joven.
En otra fotografía, está recibiendo su diploma en la universidad; está sonriente y muy feliz.
En esta no está solo, toda su familia está con él e, incluso, su amigo Marco lo acompaña.
Presiento que seguramente Marco será su Beta; han sido muy unidos desde pequeños y durante su etapa universitaria se dedicaron a conquistar corazones juntos.
Ese pensamiento me genera un ligero malestar, no me agrada.
No quiero pensar en las conquistas de Matt.
Lamento haber huido de Marco en la fiesta; es muy agradable conversar con él, pero fue necesario.
Trabajamos juntos pero no coincidimos con frecuencia; él es un alto directivo que por su cargo viaja de manera constante y no pasa tanto tiempo en la sede de la empresa.
Su aporte es invaluable: supervisa cada hotel in situ.
Realiza visitas sorpresa y controla que todo funcione de manera correcta.
Él también perdió a sus padres el mismo día que atacaron a los padres de Matt; fueron daño colateral.
El ataque no iba dirigido a ellos, pero al encontrarse en el mismo lugar, sufrieron el mismo destino.
La última fotografía que llama mi atención no recuerdo haberla visto antes.
Muestra a Matt asumiendo su cargo como CEO de Hoteles Capolupi.
En ella yo también aparezco en un costado de la imagen; estoy algo borrosa.
El fotógrafo claramente no está enfocándome.
Me observo detenidamente y noto que estoy mirando a Matt con una sonrisa radiante…
¿Acaso parecía embelesada? Realmente me sentía muy feliz por él pues conozco de primera mano todo lo que trabajó para ganarse ese puesto con esfuerzo.
Creo recordar que era un viernes a última hora; se había elegido ese horario para poder hacer un pequeño brindis con los empleados.
Luego, los más allegados fuimos a un bar para una celebración más íntima.
La pasamos de maravilla, fue una linda noche; aunque ahora me viene a la memoria que Lara, la encargada de las redes sociales, estuvo tomándole fotos a Matt constantemente, y muchas fueron selfies de los dos.
Aquello no me agradó tanto. Me pareció que quería acapararlo… ¿Me habré sentido celosa?
Sigo divagando por mis recuerdos cuando percibo que alguien entra en la sala.
Su aroma hace que mis fosas nasales se expandan e intenten capturar la mayor cantidad posible.
Delicioso. Miro hacia el umbral y ahí está Matt, contemplándome.
El tiempo se detiene. Mantenemos la vista fija en el otro.
Ninguno habla. Me levanto pausadamente del sillón y me voy aproximando.
Él también avanza con lentitud hacia mí.
Nos encontramos a medio camino, separados por escasos centímetros.
Son demasiados. Él levanta su mano, dirigiéndola hacia mi rostro, pero se detiene cuando escuchamos voces…
Sus abuelos ingresan a la estancia conversando alegremente sobre la fiesta.
Los cuatro nos sorprendemos. Nos miramos por un segundo incómodo donde nadie articula palabra, hasta que Sophie sale al rescate de la situación.
—Queridos, disculpen la interrupción —nos dice—.
Me había olvidado de que se reunirían después de la fiesta para definir los pasos a seguir con el hotel de Roma.
Es muy tarde, ¿no sería mejor posponerlo para mañana?
—sugiere con amabilidad—. O si Zoe lo prefiere, podría quedarse a dormir.
Su habitación de invitados siempre está lista para ella.
No me agrada que conduzcas de regreso a casa tan tarde, querida.
Matt permanece en silencio, solo mira a su abuelo, quien nos observa a ambos con atención. Parece como si nos estuviera analizando. Como Matt no responde, lo hago yo.
—Sophie, de verdad agradezco la invitación, pero no es necesaria.
Puedo conducir perfectamente —respondo, y de repente me siento cohibida al estar frente a Calo—.
No tardaremos mucho en coordinar algunos pendientes con Matt, solo serán unos minutos.
Todo está preparado para la auditoría de Roma de la próxima semana.
Solo debo consultarle unos pequeños detalles.
Es más, si lo prefieren, podríamos hablarlo mañana y retirarme en este momento para dejarlos descansar —concluyo con rapidez, hablando atropelladamente, intentando inhalar lo menos posible; con Matt tan cerca, su olor es embriagador.
—Pero Zoe, yo estaría más tranquila si te quedaras, y mañana en el desayuno podríamos intercambiar notas sobre Sara —insiste Sophie con entusiasmo—.
¿Viste el vestido que traía? ¡Qué escote!
Y ni hablar de la abertura de su espalda.
¿Te fijaste con quién se marchó? Yo creo que tenía la firme intención de salir de aquí del brazo del próximo conde, ¿no lo crees?
—Sí, Zoe, quédate —interviene Calo con una sonrisa—. Habla con Matt de sus asuntos y tranquiliza a mi esposa respecto a tu seguridad; además, veo que la conversación de mañana va a estar interesante. Yo también quiero enterarme de las novedades durante el desayuno.
—A mí también me gustaría saber sobre el nuevo conde de Sara —añade finalmente Matt, sonriendo—. Mañana todos podremos debatirlo en el desayuno. Quédate, Zoe —me pide, clavando sus ojos intensamente en los míos.
—Está bien, acepto. Me quedaré, gracias.
—Excelente, los dejamos con sus asuntos entonces. Buenas noches, que descansen —nos despide el abuelo antes de agregar—: No te vi saludar a Matt en el salón, querida. ¿Todo bien entre ustedes?
—Sí, abuelo, todo perfectamente —interviene Matt con naturalidad—.
Me saludó por mi cumpleaños antes de que iniciara la ceremonia y, luego, con tanta gente, Zoe prefirió no acercarse para ceder el lugar al resto de los invitados.
Justamente de eso hablábamos cuando entraron; ella me felicitaba por mi nuevo cargo como Alfa —miente con fluidez, protegiendo nuestra intimidad para no dejar en evidencia que algo extraño sí está ocurriendo.
—Claro, claro. Que descansen —asiente él.
—Buenas noches, mis pequeños —añade Sophie guiñándonos un ojo antes de salir del brazo de su esposo—. Calo dijo que si bailaba con él luego me daría un masaje de pies, y pienso cobrárselo.
Volvemos a quedarnos a solas. Matt extiende nuevamente su mano hacia mi rostro y esta vez sí acaricia mi piel, tal como intuí que lo habría hecho antes de la interrupción.
Su toque es suave, delicado. Inclino la cabeza buscando el calor de su palma.
Disfruto profundamente su contacto. Su otra mano toma la mía y la acaricia, recorriéndola con suavidad.
Su aroma me envuelve; es como si me estrechara en un abrazo.
Nos miramos fijamente. Sus ojos son tan tiernos.
—¿Qué está pasando, Matt? —le pregunto.