Capítulo 3 Matt
Ser Alfa es mejor de lo que imaginé.
Estoy experimentando tantas cosas a la vez, pero mi mente no se encuentra agobiada.
Puedo sentir a todos los lobos hablándome; ahora mi cerebro procesa la información de forma diferente.
Siento que está compartimentada en miles de secciones y soy capaz de prestar atención a todas en simultáneo.
Me siento poderoso, pero al mismo tiempo humilde y profundamente agradecido con mi abuelo.
Él debió haber sentido una pérdida enorme al entregar este legado.
Toco su mente con la mía, transmitiéndole palabras que tal vez me costaría expresar en voz alta, pero aquí es un lugar seguro.
Le agradezco todo su esfuerzo en estos años.
Le aseguro que daré lo mejor de mí para que la manada siga prosperando y que ahora es su tiempo de descansar y disfrutar de la vida con mi abuela.
Se merecen esto después de lo que han pasado.
Él también toca mi mente, y percibo su energía como si me abrazara; es una sensación hermosa que atesoraré por siempre.
Su cariño es inmenso. Estoy muy agradecido de tener tantos años por delante para poder demostrarle que tomó la decisión correcta.
En mi mente también siento a mi abuela, que me está felicitando.
La observo a la distancia mientras conversa tranquilamente con sus amigas, pero siento su mente rozar la mía para decirme que soy su mayor orgullo.
Ella sabe que algo ha ocurrido esta noche, además de mi conversión en Alfa, pero me pide que no me preocupe por eso, que me ayudará a comprenderlo; me aconseja que esté tranquilo y disfrute de este momento, porque ya habrá tiempo para hablar y decidir qué hacer.
Le agradezco sus palabras, aunque me inquieta saber qué pueda ver a través de mí como nadie más lo hace.
Es capaz de descifrar cómo me estoy sintiendo.
Me doy cuenta de que, aunque intento no mirar a Zoe, cada pocos minutos mi mirada escapa y me delata.
La sigo como un halcón por todo el salón; tengo la certeza de que deliberadamente me está evitando.
Aunque, para ser justos, primero fui yo quien intentó alejarse: cuando creía que se aproximaba demasiado, me comunicaba mentalmente con algún lobo y hacía que me guiara hacia un grupo diferente de personas.
Luego, cuando ella finalmente desistió de intentar acercarse, los roles se invirtieron.
Ahora soy yo el que intenta conectarse con ella de alguna manera.
La percibo en uno de los compartimientos de mi mente; es el lugar más luminoso de todos, donde ya existe una conexión especial con ella, aunque creo que aún débil.
El lazo no está completo, ella tiene que aceptarme.
Intenté enviarle algunos mensajes sutiles para provocarle una reacción, pero no estoy seguro de haberlo logrado.
El deseo que siento por ella sigue siendo intenso, pero lo estoy controlando mejor.
Tras convertirme en Alfa, me siento más fuerte, más controlado, dueño de mis impulsos, lo que me ayuda a no abalanzarme sobre ella y me permite concentrarme en terminar la noche lo mejor posible.
En un momento dado, mientras continúo socializando, se acerca un grupo de inversores de nuestra empresa.
Algunos son lobos y otros vampiros. Entre ellos diviso al padre de Zoe, Zareb; evidentemente un vampiro, y uno muy poderoso.
Sé que en ocasiones es capaz de leer la mente de las personas si se lo propone, siempre que su objetivo esté distraído o carezca de la fuerza mental para contrarrestar la invasión.
Por eso debo concentrarme al máximo; confío en que mi nueva fuerza como Alfa me ayude a impedir cualquier intento de lectura por su parte.
No estaría tan sonriente si supiera todas las cosas que espero hacerle a su hija muy pronto.
—Matt, felicitaciones por tu cumpleaños y por tu nombramiento como Alfa —me saluda con voz firme—. Espero que la transición con tu abuelo sea un proceso próspero.
—Gracias, Zareb, muy amable de tu parte —respondo estrechando su mano—.
Estoy muy agradecido por la confianza de mis abuelos; han hecho grandes sacrificios y es hora de que se dediquen a descansar.
Han trabajado incansablemente durante mucho tiempo, tanto por la manada como por la familia; ahora es su momento de disfrutar y cuidar de sí mismos para sentirse bien.
—Es muy considerado de tu parte. Discúlpame de antemano, sé que no es el momento —continúa, bajando el tono—, pero me gustaría que nos reuniéramos lo antes posible. Tengo un asunto urgente que tratar contigo; se trata de Zoe.
En ese instante, una descarga de electricidad me recorre la espina dorsal.
Escuchar su nombre, aunque sea en boca de su padre, dirige mi pensamiento hacia ella; evoco el ansia de estar cerca, de acariciar su piel.
No puedo flaquear. Control, control, me repito.
Es en vano; mi mente tiene sus propias intenciones e inmediatamente intenta alcanzarla a la distancia para envolverla y susurrarle suaves palabras.
Debo concentrarme más porque, mientras le respondo a Zareb, su mirada me penetra.
—Por supuesto, Zareb. No es el momento, pero no te preocupes.
Le pediré a mi secretaria que se comunique con la tuya para coordinar una cita.
¿Podrías adelantarme de qué se trata? —Inquieto, empiezo a barajar distintas alternativas sobre cuál será el asunto; estoy seguro de que no se ha dado cuenta de lo que estoy sintiendo por Zoe, pero debo estar atento.
—Nada preocupante, solo algunas reasignaciones en mi empresa que debo comentarte. Quedo a la espera de la confirmación de la cita. Que sigas disfrutando de tu fiesta —concluye mientras se aleja sin esperar respuesta, un gesto muy propio de él; como de costumbre, le gusta tener la última palabra.
De inmediato, otro pequeño grupo de lobos acapara mi atención.
Son los propietarios de la empresa que nos brinda el servicio de mantenimiento en los hoteles.
Hablo con ellos y recibo sus felicitaciones, pero el comentario de Zareb se ha quedado haciendo eco en mi cabeza: eso de una reasignación no suena nada bien si involucra a Zoe.
Ella no puede ser trasladada a ningún lado que no sea a mi lado; no lo voy a permitir.
El solo hecho de pensarla me impulsa a buscarla en el salón.
Recorro el espacio con la mirada y la localizo hablando con un joven que trabaja en las oficinas de la empresa; es el encargado de suministros, se llama Greyson y no me agrada en absoluto ver que tiene su mano en el codo de Zoe mientras la guía hacia la barra. ¡No debería tocarla!
Inmediatamente, la sección de mi mente que está conectada con ella emite una orden tajante: «¡Aléjate, no dejes que él te toque!».
Zoe parece sobresaltada; mira a su alrededor, como buscando el origen de la voz que le dio esa instrucción.
Fue mi voz de Alfa. !Por Dios, no puedo usarla con ella, ni siquiera es loba!
Es la primera vez que la empleo y aún no la sé controlar del todo.
La fuerza de mi propia autoridad me tomó por sorpresa incluso a mí mismo, y notar que hizo una pequeña mueca de incomodidad me hace dudar: ¿le habrá dolido?
Al ser una vampiresa no debería afectarle, pero intuyo que sí lo hizo, fue probablemente por el vínculo que se está gestando entre nosotros.
Al parecer, hay otra emoción que debo aprender a dominar: los celos.
La territorialidad por mi compañera me hizo actuar sin pensar.
Respiro hondo para recuperar la calma, y me tranquilizo aún más cuando la veo disculparse con Greyson para dirigirse a saludar a un grupo de vampiresas.
Mi lobo se apacigua; casi podría decir que ronronea de satisfacción al ver que ella se aleja de él.
La sigo con la mirada cada pocos minutos mientras las distintas charlas se suceden y la velada se desarrolla.
Todo el mundo se muestra alegre y entretenido; suena música moderna pero suave para no interrumpir las conversaciones.
En el salón contiguo, los más animados bailan y disfrutan mucho del evento.
Hay varias parejas abrazadas, incluso algunas besándose.
Me encantaría bailar con Zoe, tenerla en mis brazos y besarla.
Sé que lo haré pronto, aunque tal vez no esta noche; al menos no durante la fiesta. Después… después veremos.
Ahora es momento de disfrutar y concentrarme en el presente.
Distintos lazos se van afianzando; escucho a mis lobos felices, bailando, charlando, relacionándose, e incluso varios de ellos me comentan que han concretado reuniones de negocios importantes y solicitan mi opinión.
Me enorgullece y reconforta que, a escasas horas de asumir como Alfa, confíen en mi juicio.
Me calma, me serena; quiero que todos mis lobos alcancen sus metas.
Concentrarme en ellos, enfocarme en sus necesidades, apacigua el ardor que me provoca mi urgencia, mi necesidad carnal de estar con Zoe.
Es fundamental que mantenga la cabeza fría, no puedo ir ahora hacia ella y el bienestar de mi manada debe ser una de mis prioridades.
Ya tendremos tiempo para nosotros. En cuanto sea posible debo estar a solas con ella, necesito verla y explicarle lo que nos está sucediendo.
No debe entender lo que experimenta, estoy seguro.
Porque aunque tenga alguna noción, sentir la fuerza de un vínculo por primera vez debe de ser incomprensible para ella.
A mí me sorprendió y, como lobo, toda mi vida he sabido que podría pasarme.
Ella, como vampiresa, suele ser muy metódica y ordenada; todo en su vida tiene una lógica y dudo que encuentre lógica en estos sentimientos.
Me descubro divagando mientras continúo con la conversación banal, agradeciendo inmensamente por la compartimentación del Alfa. Mi abuelo se aproxima con una sonrisa sincera. Me gusta verlo así. Feliz.
—Hijo, estoy muy orgulloso de ti, todo está saliendo de maravilla —me dice—. Tu abuela y tú han organizado el evento de forma impecable, como no podía ser de otra manera. Los «arancini» de calamar fueron mis preferidos.
—Gracias, abuelo. Me alegro de que todo sea de tu agrado —respondo—. Yo también estoy orgulloso de ti, de que hayas tomado esta decisión y de que finalmente vayas a disfrutar de tus logros junto a la abuela. Y te cuento un secreto: ese platillo fue un pedido especial de ella para ti.
—¡Lo sabía, Matt! —me comenta mi abuelo sonriendo con picardía—. Nuestra satisfacción es verte a ti convertido en el gran Alfa que sabemos que serás, pero también acompañándote en todo; principalmente en la tarea de encontrar a la loba que sea tu Luna y nos dé bisnietos.
Ante sus palabras, casi me atraganto con el trago de champaña que acabo de dar.
Si supiera lo que pasa por mi mente ahora mismo, estoy seguro de que me daría un golpe.
Se tomó muy en serio su petición de que buscara una pareja entre las lobas, pero frente al destino no tengo poder de decisión.
La vinculación no me lo permitirá; tendré que hablar con él pronto y explicarle que me será imposible cumplir mi promesa.
Trato de desviar el tema, ya que esta conversación debe de ser privada.
—No nos adelantemos, abuelo. Por el momento, asumir el liderazgo de la manada es más que suficiente. Después veremos cómo se desarrolla mi vida personal.
—Ahí te equivocas, querido Alfa. Tu vida privada ya no es tan privada; ahora está bajo el escrutinio de todo el mundo, y debes cumplir con las expectativas puestas en ti —insiste él con firmeza.
—Claro que sí, abuelo, solo creo que, al menos por hoy, puedo postergar esa parte de mis responsabilidades, ¿no lo crees?
Mi abuela nos interrumpe. Como siempre, ella encuentra el momento exacto cuando intervenir.
—Queridos —nos dice—, creo que deberíamos hacer un brindis por el cumpleañero. Recuerden que este festejo también es por tu cumpleaños, Matt. Ven, querido, haz los honores y brinda por tu nieto. ¿Ya probaste los arancini?
Con esa frase, mi abuela se lo lleva hacia el palco, guiñándome un ojo y dedicándome una mirada cómplice. Luego, él alza su copa por mí, su nieto, el cumpleañero y nuevo líder de la manada siciliana. Yo respiro aliviado mientras continúo recibiendo felicitaciones.
Aun así, el tiempo transcurre con lentitud.
La noche me parece cada vez más interminable.
He saludado a tantos. Incluso me cruzo con los Alfas de Calabria y Cerdeña, quienes me felicitan y me proponen reunirnos en privado próximamente para tratar temas de manadas.
Sugieren que deberíamos tener esa reunión antes de fin de año, previo al Congreso de Alfas de Manadas Italianas que se celebra en diciembre.
No es que no me interese; conozco la importancia de la diplomacia, pero necesito resolver lo que me ocurre con Zoe.
Mi necesidad por ella se está descontrolando y volviendo inmanejable. Necesito actuar.
Por lo que, cuando noto que la fiesta comienza su apogeo, me decido a hacer una jugada arriesgada pero necesaria.
Le pido a un camarero que le indique a Zoe que necesito verla en privado por un asunto de suma importancia, y que, por favor, me espere en la pequeña sala de visitas de mi abuela antes de marcharse.
Observo al empleado acercarse mientras ella se despide de varias amistades; le entrega mi recado y, finalmente, ella busca mi mirada en la distancia y asiente con la cabeza.
Lo he conseguido. Tendré mi momento a solas con ella.
Logro respirar con más tranquilidad; en un rato estaré frente a mi compañera y no puedo pensar en nada más que en salir vencedor de esa cita. Solo espero que me acepte.