Capítulo 2 Zoe
Algo no está bien.
Me encuentro en la Sala Plata del Alfa de la Manada de Sicilia; estoy vestida de gala.
Llevo un vestido negro, bordado con diamantes que parecen cristales que reflejan las luces de la sala y tacones negros a juego.
No uso joyas; mi vestido tiene suficientes.
Mi piel resplandece. Me siento hermosa. Puse mucho esmero en mi arreglo personal porque hoy es una noche de celebración.
Festejamos el cumpleaños de mi amigo y colega Matt, quien cumple cuarenta años.
Él es un lobo y alcanzar esa edad para un lobo representa su mayoría de edad.
Sin embargo, algo más trascendental ocurrirá esta noche: se llevará a cabo el traspaso de mando de su abuelo, Calo, a él como Alfa.
Su abuelo ha tenido que enfrentar demasiadas dificultades a lo largo de su vida y, aunque es joven para el estándar en que se suele ceder el poder, ha decidido abdicar en su favor.
Principalmente por esa razón estamos todos reunidos en esta fiesta.
Hace apenas unos minutos entré en la Sala.
Vine sola, pero conozco a la mayoría de los asistentes, e incluso varios miembros de mi propia familia estarán presentes.
Empiezo a caminar entre los distintos grupos de conocidos, entablando conversaciones banales.
Todavía no he podido saludar a ninguno de los anfitriones.
Calo y su esposa Sophie —quien es vampiresa como yo—, están siendo acaparados por varios invitados.
Todo el mundo busca ganarse el favor de Calo debido a su gran influencia, aunque seguramente a los hombres les interesa más obtener una sonrisa de Sophie.
Cada vez que ella se digna a regalarle una mirada o una sonrisa a algún caballero, parece que el mundo se detiene para él; los deja un poco tontos, como hipnotizados.
Los conquista con su sola presencia. Así de bella e impactante es.
No veo a Matt por ningún lado. Todavía no ha llegado, pero permanezco atenta a su entrada. Me gustaría ser la primera en felicitarlo. Aunque lo más probable es que no tenga muchas oportunidades de hablar con él a solas; todos querrán hacer lo mismo, ya que, al fin y al cabo, es el homenajeado.
Me encuentro con varios colegas del trabajo.
Algunos intentan hablar de negocios, pero otros están completamente deslumbrados por el evento.
Para muchos es la primera vez que asisten a una gala de esta magnitud y algunos especulan que será el acontecimiento del año.
No he visto a ninguna mujer que no lleve sus mejores prendas.
El brillo resalta en cada rincón, hay joyas por todas partes.
Incluso los hombres llevan elegantes trajes formales acompañados de algún accesorio lujoso.
Creo que varios están compitiendo sutilmente por ver quién lleva el diamante más grande.
Todo el mundo quiere llamar la atención, y me doy cuenta de que yo también.
No sé exactamente por qué, pero esta noche deseaba verme impecable.
Incluso mi maquillaje, algo que no hago habitualmente, fue meticuloso.
Hace un momento, saludando a un nuevo grupo de invitados, comencé a experimentar sensaciones desconocidas en mi cuerpo.
Algo no está bien. Fue justo en el instante en que Matt cruzó la entrada.
Mi cuerpo reacciona de una forma extraña: siento una intensa calidez en mi vientre, una pulsación repentina, un deseo voraz me toma por sorpresa.
Una oleada líquida me invade la entrepierna, dejándome hambrienta de un orgasmo.
Mis pechos se sienten pesados, mis pezones están duros y la sensibilidad me abruma: estoy extremadamente excitada.
El pánico me invade de inmediato, me pongo nerviosa.
Hay demasiados seres sobrenaturales en este lugar y cualquiera de ellos podría oler mi salvaje excitación.
Ruego que nadie se dé cuenta entre tanta gente, especialmente miembros de mi familia.
No entiendo qué ocurre. No soy una persona de impulsos puramente sexuales; últimamente ni siquiera pienso en ello.
Hace bastante tiempo que no estoy con nadie y, cuando necesito liberar un poco de tensión, me ocupo yo misma de ello en la intimidad.
Pero estas sensaciones son distintas, dudo que disminuyan por mi cuenta; brotaron en el instante que mis ojos conectaron con la presencia de Matt entrando a su fiesta.
Si interpreto correctamente a mi cuerpo, me está diciendo que lo que siento es deseo por él.
Me está exigiendo su cercanía. Quisiera que me tome en sus brazos, que me bese y que...
demonios, no puedo poner en palabras todo lo que anhelo que Matt me haga.
Es incomprensible. Él es mi amigo, trabajamos juntos y convivimos socialmente, pero jamás había sentido esta atracción.
Lo que siento no es normal; estoy empezando a sospechar que alguna bruja me lanzó un hechizo para manipular y divertirse con mi mente.
Sin embargo, solo he visto a unas pocas brujas esta noche y sé que todas son blancas; ellas son lo más amable que existe.
No hay posibilidad de que me estén haciendo esto, y me niego a creer que alguna bruja negra se haya infiltrado aquí y esté jugándome una mala pasada.
A medida que los minutos avanzan, los sentimientos y las sensaciones se van intensificando.
Busco una explicación lógica a lo que me pasa, pero no la encuentro.
Por un momento considero la idea de marcharme a algún lugar lejos de aquí, pero cuando doy el primer paso hacia la salida, las sensaciones físicas se agudizan y siento dolor.
Cambio de opinión de inmediato y, con eso, logro mantener un poco el control.
Mi cuerpo se resiste a abandonar la sala; se niega a alejarse de lo que está deseando con todas sus fuerzas.
Sigo meditando. Ya he descartado la teoría de brujas que me hechizan.
Creo… por Dios, ¿será posible?... creo que ha sido Matt el que me hechizó.
He intentado no mirarlo, o al menos observarlo con discreción, disimuladamente, porque no quiero delatar el hambre que siento por él.
Ahora que se encuentra en el palco tomando el mando de su manada, no tengo más remedio que verlo.
El colgante que su abuelo coloca en su cuello solo hace que se vea más poderoso de lo que ya es.
Está espectacular: tan elegante, tan sexy.
No logro describir lo atractivo que me resulta ni la imperiosa necesidad que tengo de él.
Su aura desprende destellos de tantos colores, con tonalidades que nunca le había visto a nadie a quien le haya mirado el aura.
Te necesito, Matt. No lo entiendo, pero te necesito…
¿Qué me está pasando? Mi mente vampírica está procesando todo rápidamente, buscando un motivo para lo que me pasa.
¿Será esa la explicación? Sé que no es muy común, pero ¿será que me he vinculado a Matt?
¡Por Dios! Soy una vampiresa y me estoy vinculando con Matt: mi amigo, un lobo, ahora Alfa de la Manada de Sicilia.
No encuentro otra explicación. No puede ser posible; debo estar perdiendo el juicio.
Hemos compartido incontables horas; en el trabajo, en eventos, incluso en reuniones familiares.
Me he quedado a dormir aquí; si hasta debo de tener buena parte de mi guardarropa en la habitación que suelo usar, la que Sophie acondicionó especialmente para mí hace años.
Matt siempre me ha parecido guapo y debo reconocer que lo admiro profundamente, me resulta fascinante su forma de desenvolverse, es tan seguro de sí mismo, posee tantas cualidades.
Pero jamás he experimentado lo que estoy sintiendo.
¿O acaso lo estuve ignorando? Tal vez lo estoy imaginando todo.
¿Podría alegar locura temporal por agotamiento?
Las últimas semanas me he sentido exhausta, agotada física y mentalmente.
He lidiado con muchos días intensos en la oficina: cumpliendo mis funciones y absorbiendo las responsabilidades de Matt mientras él se concentraba en prepararse para hoy.
Además, surgieron algunos problemas en el trabajo que han requerido mi total atención y he intentado resolverlos sin molestarlo.
Pero debo reconocer que el cansancio me está pasando factura.
Con el par de horas que suelo dormir cada tanto debería bastar para recomponerme, ya que los vampiros no necesitamos mucho más.
También he procurado mantener mi dieta regular, aunque últimamente he estado algo inapetente.
Cualquiera pensaría que perteneciendo a la raza de vampiros no me cansaría, pero no es así, porque en verdad estoy fatigada.
Los vampiros nos agotamos; necesitamos descansar cada tanto y alimentarnos adecuadamente con comidas «humanas» como, por supuesto, con sangre.
Y aunque lo he intentado hacer lo mejor posible, el cansancio persiste.
En los últimos días, mi alimentación ha sido esporádica, al menos en cuanto a la sangre.
Las botellas que compramos para alimentarnos me resultan insípidas; incluso las opciones con sabor a chocolate, que me encantaban desde niña, ahora no me atraen.
Aun así, me obligo a beber; de lo contrario, mis funciones vitales podrían deteriorarse, entrando en hibernación, y no es lo que quiero.
Se me ocurrió que debería intentar tomar sangre de algún donante dispuesto; algo que nunca hice y confieso que siento la atracción por hacerlo, pero cuando acudí al banco de sangre, no encontré ninguno que fuera de mi agrado. No comprendo por qué fue así.
La familia de Matt es dueña de una corporación hotelera muy exitosa a nivel mundial y, por nuestra parte, mi familia —pertenezco a la Familia Vampírica Real Lucentezza—, tiene un conglomerado financiero que se encarga de invertir en todo negocio que consideremos lucrativo.
A veces pienso que aquel individuo que recibe el interés de la empresa de mi familia debe sentirse halagado, porque nunca, hasta el momento, una inversión nuestra ha fallado.
Un desembolso de los Lucentezza es sinónimo de éxito rotundo.
Lo que pocos saben es que la efectividad que tenemos se debe a que todos los miembros de mi familia trabajamos de manera incansable para que así sea; nos involucramos personalmente en cada uno de los proyectos.
Hace muchos años, el CEO de nuestra empresa, mi padre, Zareb Lucentezza, decidió invertir en la corporación de la familia de Matt.
Lo hizo tras comprobar que la unión entre Calo y Sophie era sólida y realmente estaban enamorados; debido a eso, predijo que el matrimonio sería un éxito y decidió hacer una fuerte inversión.
Aquella decisión ha traído enormes beneficios para ambas familias.
Hace aproximadamente una década, Matt se involucró de lleno en el negocio y yo hice lo mismo por mi parte.
Nos hicimos cargo de los asuntos que gestionaban el padre de Matt y mi tío Zane y, desde ese entonces, es que además de amigos, ya que nos conocemos desde niños y nuestras familias llevan vinculadas muchísimos años, nos convertimos en colegas.
Como en estos últimos meses Matt ha necesitado estar un poco más pendiente de otras responsabilidades para poder convertirse en Alfa, me pidió que me hiciera cargo de sus tareas de la empresa.
A todo esto es que le atribuyo mi cansancio y el hecho de que mi mente y mi cuerpo me estén jugando una mala pasada.
La fiesta sigue transcurriendo, y mi necesidad aumentando.
Todos aguardan su turno para saludar a Matt tanto por su cumpleaños, como por ser el nuevo Alfa.
Sus abuelos lo siguen con la mirada amorosamente, felices de ver como los presentes lo felicitan por recibir el poder.
Observo a varios humanos que intentan acaparar su atención; demonios, yo también quiero acapararlo.
Cada vez que está cerca y lo intento saludar, algún invitado se interpone y lo arrastra hacia otro grupo de personas.
Me empiezo a sentir nerviosa, el deseo de hablar con él se vuelve asfixiante.
Experimento sensaciones cada vez más raras; probablemente esté alucinando porque por momentos me parece escuchar la voz de Matt resonando directamente en mi cabeza, susurrando palabras que apenas comprendo, pero que se alinean perfectamente con mis impulsos carnales: «Te deseo», «Voy a devorar tu piel», «Necesito rozar tu cuerpo», «Quiero entrar en ti», «Por favor, mírame».
Todo se vuelve más intenso. Me siento acalorada; tengo que recurrir hasta la última gota de mi fuerza de voluntad para controlarme.
Respirar hondo no me sirve de nada; al contrario, a pesar de la multitud que llena la sala, solo puedo olerlo a él.
Su aroma es tan atrayente… magnético. Siempre lo he olido, pero ahora es distinto: es más intenso y me gusta mucho.
Huele a plantaciones de limones y naranjas; su aroma es cítrico, pero combinado con notas de hierbas aromáticas silvestres.
Incluso puedo sentir la sal del mar Tirreno brotando de sus poros.
Evoca el aroma de un platillo exquisitamente condimentado.
Se me hace agua la boca, y me invade el impulso primitivo de saborearlo.
Es delicioso. Podría devorarlo en este instante… ¡pero qué estoy pensando!
Agradezco ser vampiresa y no tener necesidad física de respirar, porque literalmente dejo de hacerlo.
No puedo seguir sintiendo su aroma inundando mis sentidos o haré algo indecoroso, como abalanzarme sobre él para recorrer su piel con mi lengua…
toda su piel. Dejar de respirar mitiga el impulso, pero solo un poco, y para no resultar descortés, tengo que mantener algún tipo de conversación con los invitados, por lo que para modular palabras necesito aire; de lo contrario no me saldría la voz.
Esto me obliga a inhalar su esencia de manera intermitente.
Mi autocontrol se pone a prueba muchas veces; quiere flaquear, está al límite.
Intento esquivar deliberadamente a los invitados sobrenaturales; estoy tan excitada, que yo misma huelo la agitación en mí.
Incluso cuando veo a Marco Fidanza acercarse, lo esquivo deliberadamente dirigiéndome hacia un grupo de humanos para no quedar en evidencia.
Marco es el mejor amigo de Matt, es un lobo como él y también trabaja con nosotros, pero principalmente sé que es un rastreador y, apenas se me acerque, olerá lo encendida que estoy.
Si el resto de la noche será así… será una noche muy larga.